Abuelo fue asesinado de 121 puñaladas a manos de su nieto

La mañana del pasado sábado quedará grabada en la memoria de los habitantes de Ipiales como una de las más oscuras de los últimos tiempos. En una vivienda del barrio Champagnat, el silencio habitual de la rutina familiar fue quebrado por un acto de barbarie. Bolívar Oviedo Chacón, un anciano de 93 años, fue asesinado con una crueldad indescriptible dentro de su habitación, el mismo lugar donde solía descansar tras las visitas de sus hijas y nietos.

El presunto autor del crimen, identificado como Bayron Bastidas, de 28 años y conocido en el sector como ‘El Enano’, habría ingresado a la vivienda sin ser visto. Según testigos, lo hizo por una ventana y se dirigió directamente hacia el dormitorio del anciano. Lo que ocurrió después es difícil de narrar sin estremecerse: un ataque con cuchillo que dejó al menos 121 heridas. Noventa y cuatro en el torso, veinticuatro en el cuello y tres en el brazo. No hubo gritos, no hubo tiempo para pedir ayuda. La violencia fue tan rápida y despiadada que el anciano murió en el acto.

Tragedia

El crimen, además de brutal, resulta desconcertante. Según sus familiares, Bayron no tenía antecedentes de consumo de drogas ni trastornos mentales conocidos. Ninguna señal, dicen, anticipaba una tragedia de tal magnitud. “Era un muchacho tranquilo, solitario, pero nunca agresivo”, relató entre lágrimas una de sus tías a DIARIO DEL SUR. Hoy, la familia se pregunta qué pudo haber detonado una furia tan irracional.

Mientras tanto, el presunto homicida huyó. Las autoridades mantienen un cerco de búsqueda, pero hasta el momento no ha sido capturado. Su paradero es un misterio que profundiza el dolor de una familia que exige justicia y teme que el caso quede impune.

loading...
Urgencia

Más allá del espanto, este crimen ha abierto un debate en la ciudad sobre la fragilidad del entorno familiar y la urgencia de atender la salud mental y emocional dentro de los hogares. En un municipio donde se promueve la convivencia pacífica, la muerte de don Bolívar se percibe como una traición a los valores más esenciales de la comunidad.

Vecinos del barrio Champagnat, todavía conmocionados, recuerdan al anciano como un hombre amable, devoto y trabajador, símbolo de la tradición y la calma. “Era una persona que saludaba a todos, siempre sonriente. Nadie entiende por qué su nieto hizo algo así”, comenta una vecina. La escena del crimen, sellada por la Fiscalía, se ha convertido en un punto de peregrinación silenciosa. Flores, velas y mensajes de despedida cubren el andén donde don Bolívar solía sentarse cada mañana a tomar el sol. “Aquí no hubo solo una muerte, hubo una fractura en la confianza de toda una ciudad”, reflexionó un psicólogo local.