Contexto: una visita cargada de simbolismo religioso y político
El presidente electo de Colombia, Abelardo De La Espriella, visitó el 9 de julio de 2026 el Santuario de la Virgen de Chiquinquirá, en Boyacá, como parte de una promesa religiosa que había realizado durante su campaña presidencial. La jornada incluyó una misa campal en la Plaza de La Libertad, presidida por el obispo de la diócesis local, monseñor Ramón Alberto Rolón.
La visita no fue un hecho aislado. Se enmarca dentro de una serie de recorridos espirituales que el mandatario ha realizado por distintos santuarios del país, en lo que él mismo ha denominado una especie de peregrinación de agradecimiento por su triunfo electoral y por el futuro de Colombia.
Durante el evento, De La Espriella aseguró haber puesto “en manos de la Virgen a la patria, a las familias y a las instituciones”, reafirmando el componente religioso que ha caracterizado parte de su discurso público.
La promesa de campaña que motivó la visita
La presencia del presidente electo en Chiquinquirá responde directamente a un compromiso adquirido durante la contienda electoral. Según explicó previamente, había prometido acudir al santuario para agradecer por lo que consideró un respaldo divino en su camino a la presidencia.
Inicialmente, la visita estaba prevista para finales de junio, pero fue aplazada por ajustes en su agenda política y territorial, incluyendo compromisos en otras regiones del país.
Finalmente, el evento se llevó a cabo con una alta asistencia de fieles y simpatizantes, en medio de un fuerte dispositivo de seguridad y un ambiente de fervor religioso.
Una “peregrinación” que marca el tono de su transición
La visita a la Virgen de Chiquinquirá forma parte de una estrategia simbólica más amplia del presidente electo, quien ha recurrido a escenarios religiosos como eje de su narrativa política en la transición hacia el poder.
En semanas previas, De La Espriella había visitado otros lugares emblemáticos del catolicismo en Colombia, como el Santuario del Señor de los Milagros en Antioquia y el Santuario de Las Lajas en Nariño, donde también elevó oraciones por la paz y la unidad nacional.
Este recorrido ha sido interpretado como una forma de conectar con una base social mayoritariamente creyente, reforzando valores tradicionales y apelando a la identidad religiosa del país.
Reacciones y significado político
La visita generó una importante movilización ciudadana en Chiquinquirá, donde cientos de personas asistieron a la misa y acompañaron al mandatario electo en su aparición pública.
Para sus seguidores, el acto simboliza humildad, fe y compromiso con el país. Para sus críticos, en cambio, evidencia una estrategia de legitimación política basada en elementos religiosos en un Estado laico.
Este tipo de gestos se produce en un contexto político complejo, marcado por tensiones con el gobierno saliente, debates sobre seguridad y una fuerte polarización nacional en torno a su figura y propuestas.
Religión y poder: una relación histórica en Colombia
El uso de símbolos religiosos en la política no es nuevo en Colombia. La Virgen de Chiquinquirá, considerada patrona del país, ha sido históricamente un referente espiritual y cultural para millones de colombianos.
En ese sentido, la visita de De La Espriella no solo tiene un componente personal, sino también institucional y simbólico, al vincular su proyecto político con tradiciones profundamente arraigadas en la sociedad.




