Un contundente operativo militar adelantado por las Fuerzas Militares de Colombia en zona rural del municipio de Ituango, en el norte de Antioquia, terminó con la muerte de alias “Ramiro”, señalado como uno de los principales cabecillas de las disidencias de las FARC en esa región del país. El ataque se produjo tras un bombardeo contra un campamento guerrillero perteneciente a la estructura 18 del Estado Mayor Central, organización alineada con el jefe disidente conocido como “Iván Mordisco”.
La operación es considerada uno de los golpes más significativos contra esa estructura armada en lo corrido de 2026, debido al papel que desempeñaba el jefe insurgente en el control territorial y en la coordinación de actividades ilegales en Antioquia.
El bombardeo en Ituango que terminó con su muerte
De acuerdo con información oficial del Ministerio de Defensa y las Fuerzas Militares, la ofensiva se desarrolló en una zona montañosa de la vereda El Torrente, en jurisdicción de Ituango. El operativo incluyó bombardeos aéreos, inteligencia militar y un posterior asalto de tropas en tierra, en una acción que se prolongó durante varias horas.
El balance preliminar dejó al menos siete integrantes de la estructura armada muertos, entre ellos alias Ramiro, además de una mujer herida que fue trasladada a un centro médico.
Las autoridades señalaron que el campamento atacado servía como base logística para operaciones armadas en el norte del departamento, donde esa facción de las disidencias mantiene disputas por rutas del narcotráfico y control territorial.
¿Quién era alias Ramiro?
Alias Ramiro, identificado por inteligencia como Erlinson Echavarría, era considerado el máximo cabecilla del frente 18 de las disidencias de las FARC en Antioquia y uno de los hombres de confianza de la estructura liderada por alias “Iván Mordisco”.
Su historial dentro del conflicto armado se remonta a varias décadas. Según informes de seguridad, llevaba más de 20 años vinculado a organizaciones guerrilleras, primero como integrante de las antiguas FARC y posteriormente como miembro de grupos disidentes tras el acuerdo de paz de 2016.
Aunque inicialmente se acogió al proceso de paz firmado entre el Gobierno colombiano y la guerrilla, abandonó la desmovilización alrededor de 2017 y regresó a las armas, integrándose a estructuras ilegales que continuaron operando en varias regiones del país.
Dentro de las disidencias, su rol consistía en coordinar operaciones armadas, consolidar presencia territorial y mantener el control de economías ilícitas en municipios estratégicos como Ituango y Valdivia.
Antecedentes y polémicas
El nombre de alias Ramiro también había generado controversia en años recientes. En julio de 2024 fue capturado cuando se movilizaba en una caravana de camionetas de la Unidad Nacional de Protección (UNP) que transportaba a integrantes de disidencias que participaban en acercamientos con el Gobierno.
En aquel momento se le imputaron cargos relacionados con porte ilegal de armas, aunque posteriormente recuperó la libertad en medio de debates políticos y judiciales sobre los procesos de negociación con algunos grupos armados.
Tras ese episodio, inteligencia militar señaló que el jefe guerrillero cambió de alianzas dentro de las disidencias y terminó alineándose con la estructura comandada por alias “Iván Mordisco”, considerada una de las más fuertes del país.
Los delitos que se le atribuían
Las autoridades vinculaban a alias Ramiro con múltiples acciones violentas en el norte de Antioquia, entre ellas:
- Ataques contra la Fuerza Pública.
- Reclutamiento de menores de edad.
- Extorsiones a comerciantes y transportadores.
- Control de rutas de narcotráfico.
- Desplazamientos forzados y homicidios selectivos.
También se le señalaba de participar en atentados con explosivos y ataques con drones contra infraestructura y puestos de la fuerza pública en la región.
Un golpe estratégico para las disidencias
El Gobierno colombiano aseguró que la muerte de alias Ramiro representa un golpe estratégico contra la estructura 18, que venía consolidando presencia en zonas rurales de Antioquia tras disputas internas entre facciones disidentes.
El presidente Gustavo Petro se refirió al operativo y reiteró que la violencia persistirá mientras continúen las economías ilegales que financian a los grupos armados.
Aunque las autoridades consideran que la caída del cabecilla debilita significativamente a esa organización, analistas advierten que las disidencias suelen reorganizar rápidamente sus mandos, por lo que el control territorial en el norte de Antioquia seguirá siendo un punto crítico del conflicto armado.



