A propósito de Dani Alves

Por David Fajardo

PARTE 1: En una audiencia en Barcelona el futbolista brasileño Dani Alves fue condenado a cuatro años y medio de cárcel, cinco de libertad vigilada y nueve de alejamiento e incomunicación de la víctima por agredir sexualmente a una joven en el baño de la discoteca Sutton en la ciudad catalana la pasada noche del 30 de diciembre de 2022, según lo dictado en la última audiencia del 22 de febrero de 2024.

Alves ya llevaba desde el 20 de enero de 2023 poco más de un año en prisión a la espera de esta audiencia, en la que además deberá pagar 150.000 euros a la víctima (poco más de 630 millones de pesos colombianos). En dicha audiencia, la sala llegó a la conclusión en la que el futbolista «cogió bruscamente» a la joven, la tiró al suelo, impidió que se pudiera mover y la violó, «pese a que la denunciante decía que no, que se quería ir».

La versión inicial por parte del señalado agresor (Dani Alves) fue negar total conocimiento y acercamiento con la víctima, luego reconoció haber tenido un encuentro en el baño de Sutton aunque afirmaba que no había sucedido nada, más adelante confirmó ante el tribunal que se había mantenido un acto de sexo oral consensuado, luego y ante el hallazgo de semen en un análisis de ADN, Alves reconocería en una quinta versión que si había sucedido penetración insistiendo hasta el momento en la existencia de consentimiento, finalmente en un sexto cambio dijo que el alcohol había actuado como “perjudicador de sus capacidades” y que en principio había negado todo por temor a reconocer la infidelidad.

Hasta el momento es sorprendente ver como en redes muchos ‘fan boy’ del brasileño se han dedicado a defender con acérrimo convencimiento y llegando a un extremo fanatismo a Alves, pues a pesar de haber cambiado seis veces su versión, la víctima fue revictimizada como suele ocurrir en la mayoría de estos casos, muchos comentarios ligeros de sentido común, señalando a la mujer como una caza fortunas aún a pesar de mantener una versión consistente de los hechos.

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Muchos aquí en una región machista y sexista no estamos lejos de cometer actos violentos contra las mujeres, desde el reprochable y asqueroso acoso callejero (caballo nadie te ha pedido tus abusivos comentarios) hasta hechos de represión y violencia intrafamiliar. ¡Basta ya de la violencia basada en género! El pasado fin de semana se convirtió en el más violento de este año para Nariño tras dos presuntos feminicidios y es sorprendente ver como las rutas para atender estas VBG (violencia basada en género) en las instituciones educativas, en los puestos de trabajo y en otros escenarios se quedan cortas o son inexistentes.

Esta es la parte uno de una serie de columnas que enfocaré justamente en seguir las reacciones a este caso, pero también en enfatizar en cada comportamiento y acto que atente contra la dignidad y vida de cualquier mujer. No vayan de hipócritas nada más rezando por su mamá cuando no son capaces de rechazar la violencia contra la mujer.