Por: Pablo Emilio Obando.
Teódulo Yaqueno Erazo, Arquímedes Chapal Rojas, Victoriano Chapal Rojas, Felipe Yaqueno y José María Vallejos integran una de las agrupaciones más auténticas y queridas del Sur Occidente Colombiano: Los Alegres de Genoy. Su solo nombre evoca a una de las poblaciones rurales más visitadas y frecuentadas por turistas nacionales y extranjeros que ofrece generosa el delicioso cuy asado, la papa con el ají de maní y su señor el guarapo. Estos simpáticos personajes, todos ellos de extracción campesina, raizales como el que más y alegres y divertidos, son, además, unos prodigiosos folcloristas que con guitarra, raspa y maracas imponen el son en todas y cada una de las fiestas donde hacen gala de presencia.
Son 35 años dedicados a difundir, mediante la música, el folclor, la tradición y las tristezas y alegrías de su pueblo. Ganadores en varias oportunidades del Festival de Música campesina organizado por la Secretaria de Cultura del Municipio de Pasto. Reconocidos y admirados por propios y extraños, bailados hasta el cansancio y participes de las fiestas, carnavales y festivales de Nariño entero.
Su sencillo atavío con ruana, alpargatas, sombrero, pantalón voltiao y la presencia infaltable del guarapo en su envase natural, el puro, los caracteriza a lo largo de la geografía nacional. Le cantan a la tierra, a la mujer, a las fiestas, a la traición y al engaño, a su pueblo, a su gente, a sus mitos y leyendas que se escurren entre rasgado y rasgado de su guitarra y entre trino y trino de sus voces únicas y peculiares.
Los Alegres de Genoy se han constituido en sus 35 años de carrera artística y musical en todo un patrimonio de los nariñenses. No existe personaje, de alcurnia o de simple y llano pueblo, que no haya hecho mover sus piernas al son de sus voces y guitarras. Su música espontánea, buena y fácil de tararear se pega al instante en quien tiene el privilegio de escucharla; no en vano se dice de ellos que alegran hasta un funeral. Pero, quizá, lo que más se admira en ellos, es su simple presencia que envuelve al visitante de estas y de otras latitudes en una sonora carcajada que se escapa de sus gargantas para hacerlo participe de esa música que se queda enredada en la mente hasta volverse familiar y casi que hasta amiga. Son la Tierra misma emanando dulce y tierna de las entrañas del globo terráqueo, el mismo paisaje sembrado en el pecho de los campesinos, la candidez de unas notas que se desprenden alegres y taciturnas de una guitarra, la piel ajada de unas manos que después de cosechar y sembrar sueños y esperanzas en el surco conservan el valor para rasgar tiernamente la extensión de una guitarra.
Las costumbres de mi pueblo, Marielita, Del Rosario Virgencita, Cita campesina, El mete y saca y sueño campesino, son entre otros, los temas que usted puede escuchar en brillante producción de Los Alegres de Genoy.

