Por: Carlos Álvarez.
“El derecho a la protesta es un derecho democrático. El derecho a expresarse, a movilizarse, es un derecho democrático. Los gobiernos que ordenan a su policía a matar, encarcelar, torturar y detener jóvenes no son gobiernos democráticos”, dijo el presidente en Pasto, en el encuentro con lideres de las Juntas de Acción Comunal, esto fue parte de las palabras que pronunció al defender la excarcelación de los jóvenes presos en las protestas de la llamada primera línea, pero el presidente fue mucho más allá al anunciar que estos jóvenes serán declarados gestores de paz antes de noche buena.
Realmente, esto es un gran desafío para la historia de este país. Por supuesto la oposición se vino lanza en ristre, y claro, cómo hemos comentado en otras oportunidades son actos visibles del cambio. Igualmente representa el cumplimiento de las promesas que el presidente hizo en campaña, pero ante todo es una actitud osada que no recuerda el país en ninguna época de la era republicana. Estamos seguros que el mundo mira el gobierno de Colombia con perplejidad, pero sobre todo en la nueva era que transcurre en América Latina, también significa un contraste con la elasticidad y prudencia que ha guardado el presiente Petro frente a lo que maliciosamente se dijo cuando resulto electo.
No va a ser fácil para muchos estamentos asimilar los hechos que denotan el comienzo de un cambio profundo en la vida política del país. Pero por otro lado amplios sectores populares, ven con ojos de esperanza lo que por muchas generaciones había constituido el anhelo popular. Nadie se llame a engaño que este nuevo horizonte vaya a ser fácil y expedito, por el contrario, será un camino tortuoso y de una lucha tena. En la próxima entrega comentaremos las repercusiones internacionales que ha tenido el discurso del presidente gustavo Petro en Pasto.

