Por: Manuel Eraso Cabrera.
Ismael Botina popular maestro Buchón, no lo podía creer, ayer, después de seis meses apareció en el plato de sopa de su casa, una tilinguita de carne, así de chiquitica, pero, al fin y al cabo, carnita.
En el inquilinato donde viven 50 familias de la “alpargato-cracia”, comenzó a recircular el hueso sazonador, que consiste en comprar entre todos un hueso en la tercena cercana y ese sirve para darle sabor y sazón a todas las ollas de comida, se hace hervir durante dos meses. Con este truco se engaña al estomago para hacerle creer que está comiendo carnita.
Los precios de la carne suben y suben, sin ningún control. Hace medio año una libra costaba diez mil, hoy la misma vale 18, los salarios y los jornales nada que se mueven.
El Jefe presidente Gustavo Petro, anunció que tiene la fórmula para rebajar el ´precio de la carne en Colombia, y sería mediante la apertura de los mataderos municipales que antes existían a la mayoría de pueblos, pero, que debieron cerrarse por anti higiénicos. Entonces sale una primera conclusión; ayer maestro Buchón no pudo comer carne revolcada por peligro a morirse; hoy tampoco puede hacerlo por lo costoso que está el producto.
Recordemos como era antes en esos mataderos de mala muerte. Las reses llegaban al despostadero sin ningún control de calidad sanitaria. Allí estaban los matarifes con afilados cuchillos, sin elementos de protección y sobre el suelo mataban al animal, sin ninguna técnica se desposaba vaca, sus presas se repartían entre valdes, aguamaniles y bateas. Los perros husmeando y peleando a dentadas las tripas. Así terminaba la faena y salía a los expendios de carne, las famosas tercenas lucían un trapo rojo en las puertas. Se pesaba al ojo. Se empacaba en papel periódico.
Lo que no mata engorda. Generaciones enteras crecimos con esta carne revolcada , Dios es grande, nunca se presentaron intoxicaciones masivas. Fue el tiempo cuando el pueblo probó carnita de vez en cuando.
Los viejos mataderos hoy son edificaciones fantasmas, lúgubres, que recuerdan el suplicio de la muerte de animales. Fue el tiempo cuando se pagó el polémico impuesto del degüello.
Los mataderos se cerraron por orden del gobierno y vinieron los frigoríficos con todas las normas de seguridad e higiene. Operarios con lujosos y sofisticados elementos de trabajo en un ambiente impecable. La carne sale en coloridos camiones hasta modernos expendios. Los precios se han disparado tanto, que según las estadísticas de Pasto, el consumo ha bajado de tal manera que muchos empresarios están a punta de cerrar establecimientos.
Paradojas de la vida. Comer carnita para el pueblo soberano, casi que imposible.
Me cuentan que en muchos pueblos, donde no hay control, se continua con la costumbre de matar la vaca o el cerdo en el patio de la casa, el día de mercado llega la clientela se lleva su pedazo. Lo único que hace falta es plata.

