Por: Felipe González Rodríguez.
Considero que la muerte de un ser querido es uno de los duelos más difíciles de afrontar, sin embargo, en lo personal creo firmemente que la muerte de una figura materna conlleva muchas más situaciones que un duelo, gracias a Dios aún cuento con la presencia de mi madre en mi diario vivir, de igual manera la muerte de mi abuela materna, Trinidad Cerón de Rodríguez, me marcó profundamente y espero poder verla en mis sueños, situación de la cual han transcurrido pasado 16 años y continua calando en los integrantes de la Familia Rodríguez, por lo que he podido hablar con familiares ha sido la situación más difícil que se ha tenido que afrontar en la historia reciente de la familia Rodríguez.
Mi abuela, una mujer luchadora, trabajadora, tenaz, noble, muy amorosa y miles de virtudes y valores más, los cuales han sido inculcados a todos los miembros de la familia, aún habiendo fallecido hace 16 años continúa siendo el baluarte familiar, si bien las cosas no son tan bonitas como antes, todavía se conservan vestigios de las hermosas épocas que vivimos en el marco del amor fraternal que derrochaba “La Abuela”.
Este es un espacio de desahogo personal, nunca me ha gustado expresar mis sentimientos y mucho menos mis tristezas, por lo cual siento que muchas veces represo cosas que debería externar, pero creo que es un espacio en el cual se debe resaltar el amor por los seres queridos, principalmente por los que han estado desde el inicio y además a pesar de las diferentes situaciones no nos han dejado desfallecer en mi caso mis padres y mi abuela a quienes a pesar de mis dificultades para expresarme les quiero expresar mi eterno agradecimiento.
Entiendo que muchas veces es complicado realizar los actos de amor en vida, situación que, en caso de no realizarse, posterior al fallecimiento puede causar muchos conflictos internos, no soy quien para decirle a absolutamente a nadie como vivir y tampoco es lo que busco, pero desde mi experiencia y situaciones de personas cercanas considero que expresar el amor fraternal, es el signo más noble de agradecimiento y respeto con las personas queridas.
Por esta misma razón con este escrito quiero realizar un homenaje todas las madres de familia que han dejado un hueco profundo en la existencia de las personas que las amamos y aún extrañamos, pero en especial a la abuela de la Familia Ordoñez, Doña Chelita y de igual manera oró para que Dios y la Virgencita les den la fortaleza y entereza para saber sobre llevar esta difícil situación que enfrentan actualmente.

