A estas alturas del encuentro ya todo está definido. Es casi que una final de infarto donde la copa se la puede llevar Nariño. Es de esos encontronazos raros en los cuales un solo partido define el primer lugar o un descenso de categoría. Jugadores, director técnico, suplentes, naranjeros y afición se encuentran en suspenso. A escasos ocho días del gran encuentro el balón rueda sobre el escenario.
Es la Copa Nariño y aquí decidimos nuestra suerte. Lo menos que podemos pedir a nuestros jugadores es que suden la camiseta por nuestra región, que los goles sean en el arco contrario y no en el propio. Recordemos que durante los últimos años hemos sido víctimas de muchas tarjetas rojas que nos han dejado casi que en situación agónica. No aguantamos una más, ya es hora de pensar en Nariño.
Hemos sufrido goleadas olímpicas, derrotas escandalosas y pérdidas por W. Las barras de un sector se encuentran realmente bravas, del otro sector observamos una pasividad que nos acongoja y nos sume en la desesperanza. El amarillo y el verde ondea en el campo de juego, casi que se da el pitazo inicial.
«El director técnico da las últimas instrucciones, el Galeras ruge y en los corazones de cada nariñense se anida el deseo de un gran partido que nos aleje de un peligroso descenso”.
Se escucha un solo coro entre las tribunas: ¡qué gane Nariño! Principales y suplentes se unen al grito estremecedor y desafiante. La verdad es que hoy todos debemos ser Nariño, jugar por lo nuestro, sudar por nuestra gente, dar lo mejor en espera de un resultado favorable y así derrotar de una vez esa desesperanza que se cuela continuamente entre los nuestros.
Pita el árbitro, inicia el partido, se toca el balón, las barras se ponen de pie, en las gargantas se desliza un solo grito: ¡Nariño, Nariño, Nariño…! Una pérdida más y descendemos definitivamente. Los jugadores se miran expectantes, se confunden entre abrazos y buenos deseos. Todos estamos con Nariño, gritamos Nariño, nos sentimos Nariño.
El director técnico da las últimas instrucciones, el Galeras ruge y en los corazones de cada nariñense se anida el deseo de un gran partido que nos aleje de un peligroso descenso. Es el momento de Nariño de continuar pensando en las grandes ligas. Se escuchan gritos, vivas y coreos; nos la jugamos por Nariño. El amarillo y el verde se pintan en cada uno de nuestros corazones.
Por: Pablo Emilio Obando A.



