Ricardo Sarasty

La violencia en Colombia

Es el título del libro escrito por Armando Montenegro Trujillo y Carlos Estaban Posada, para la revista Cambio y publicado en mayo del 2001. En el se trata de explicar la violencia que el país ha sufrido desde la conquista hasta ahora por fuera de los estudios antropológicos, sociológicos y psicológicos, descartando principalmente el aspecto económico como motivo importante en la generación de la violencia aquí y en cualquier parte del mundo. Porque de acuerdo a sus análisis la pobreza no es un factor de la violencia, se presenta solamente como tangencial. De la misma manera se le quita validez a la explicación que sobre el carácter violento de los colombianos se da con base a la herencia genética o atávica, según la cual los colombianos son como lo escribiría Gabriel García Márquez: “…capaces de los actos más nobles y de los más abyectos, de poemas sublimes y asesinatos de mentes, de funerales gloriosos y parrandas mortales”.

En el citado libro se acude a lo planteado por Malcon Deas y Fernando Gaitán, en sendos estudios, según los cuales la herencia y la pobreza deben ser tomados como factores incidentales de la violencia en cualquier parte. Que no corresponde a la realidad afirmar que Colombia es un país históricamente violento, pues con base a la tasa de homicidios sucedidos en el país desde la colonia hasta cuando se escribe el libro, que bien puede extenderse a este momento, Colombia, así como ha sufrido azotes violentos también ha disfrutado de largos periodos de relativa paz, por lo que no se puede asegurar que es uno de los países más violentos, ni de la región y menos del mundo. Para llegar a dicha conclusión se atienen al conteo del número de homicidios registrados oficialmente en cada uno de los periodos históricos.

Llama la atención que el dato numérico se equipara con la densidad poblacional del momento, por ejemplo: durante el siglo XIX el promedio de homicidios fue cercano a 20 muertos por cada cien mil habitantes. Por lo que, en el caso de Pasto, cuya población se contabilizó entonces cercana a los 9.688 habitantes, no alcanza a registrase uno, pues el guarismo es tan pequeño que solo es visible en la Carroza de Bolívar, pese a que la Navidad negra se tenga como una de las más violentas de la campaña libertadora en Pasto. No en tanto que los muertos per cápita, comparado con el de otros sucesos acaecidos en Colombia le quita ese calificativo, como debería eliminarse de r cualquier otro suceso si el número de muertos es insignificante con atención al estimativo poblacional del momento en el que aconteció.

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Este modo de ver y valorar la violencia obliga a repasar su definición, porque la existencia o no existencia de ella y su grado de gravedad va a depender solo de las acciones que terminan en homicidios, pues como violentos se entienden solo los actos que conllevan la muerte, más aún únicamente solo si son homicidios. Puesto que las muertes consecuencia de las catástrofes naturales prevenibles, como los derrumbes de las montañas, no se deben considerar violentas, ni siquiera aquellas ligadas al descuido del Estado y la corrupción presente en él como el hambre y las enfermedades endémicas.

“Todo Estado está fundado en la violencia” lo dijo Trotsky y lo vuelve a ratificarlo Weber, explicando que, sin ser una condición obligada para su existencia, se da como medio especifico que garantiza su razón de ser. Por esta razón los gobiernos defienden su monopolio y la legitiman, para poder recurrir a ella. La misma razón que lleva a sus intelectuales a definirla atendiendo a la única causa, el homicidio sucedido en peleas de compadres. El despojo y el avasallamiento se explican con acciones connaturales.  

POR: RICARDO SARASTY