La protección de la Amazonía brasileña está incorporando cada vez más herramientas que van más allá de la vigilancia ambiental tradicional. En ese contexto, Treesistance desarrolla una estrategia junto a comunidades indígenas de distintos territorios de Brasil que combina defensa de los bosques, conocimiento ancestral, arte, preservación cultural, acceso a la justicia y alternativas de desarrollo económico sostenible.
La iniciativa volvió a cobrar relevancia en septiembre de 2026 después de que CIVICUS, a través de Inter Press Service, publicara una entrevista con Tom Wheeler, director ejecutivo y cofundador de Treesistance, sobre el papel que están adquiriendo el arte y la cultura dentro de las estrategias de defensa de la Amazonía. El proyecto trabaja actualmente con comunidades indígenas en cuatro estados brasileños.
La propia organización señala que su programa de Guardianes del Bosque opera en 14 territorios indígenas y que su planificación para 2026 contempla alcanzar alrededor de 2 millones de hectáreas de selva primaria bajo mecanismos de protección.
Una estrategia que combina cultura y protección ambiental
El planteamiento de Treesistance parte de una idea central: la protección de un bosque no depende únicamente de establecer áreas de conservación o instalar sistemas tecnológicos de vigilancia. También requiere fortalecer a las comunidades que viven en esos territorios y que poseen conocimientos acumulados durante generaciones sobre los ecosistemas.
La organización trabaja en la intersección entre el conocimiento indígena y herramientas desarrolladas desde la ciencia, la prevención de delitos y las estrategias jurídicas. Su modelo contempla cuatro grandes áreas: defensa territorial y acceso a la justicia, comunicaciones, energía renovable y desarrollo económico sostenible.
En este esquema, la cultura tiene una función que va más allá de preservar tradiciones. El arte, la producción artesanal, los relatos, el conocimiento territorial y la participación de jóvenes pueden contribuir a fortalecer la identidad comunitaria y, al mismo tiempo, generar alternativas económicas vinculadas al territorio.
Treesistance ha planteado para 2026 la expansión de proyectos relacionados con agricultura regenerativa, productos artesanales y promoción del arte y el diseño indígena.
El origen de Treesistance y su vínculo con los pueblos indígenas
La plataforma actual nació en 2023 a partir de la integración de iniciativas anteriores relacionadas con la Fundación Sinchi y Forest Forces. Sinchi había comenzado su trabajo en 2016 y, durante sus primeros años, desarrolló proyectos culturales y de apoyo a comunidades indígenas en diferentes lugares.
Posteriormente, la organización concentró sus esfuerzos en la Amazonía brasileña. Uno de los vínculos fundamentales fue el establecido con el Consejo Indígena del Tapajós y Arapiuns (CITA), organización que representa a pueblos indígenas del Bajo Tapajós, en el estado de Pará.
De acuerdo con la historia publicada por Treesistance, la colaboración con comunidades indígenas permitió desarrollar programas de defensa territorial, apoyo jurídico y formación de Guardianes del Bosque. La organización también señala que su plataforma fue creada en 2023 junto con el líder indígena Dadá Borarí.
La iniciativa no surgió, por tanto, como un programa exclusivamente ambiental. La dimensión cultural estuvo presente desde sus antecedentes y posteriormente se integró con mecanismos de protección territorial.
Guardianes del Bosque: indígenas en la primera línea de protección
Uno de los principales componentes del programa son los llamados Guardianes del Bosque, grupos conformados por miembros de las propias comunidades indígenas.
Su función consiste en realizar labores de vigilancia y monitoreo de sus territorios, documentar posibles actividades ilegales y fortalecer la capacidad de respuesta ante amenazas como la tala ilegal y la invasión territorial.
Treesistance explica que estos grupos utilizan herramientas como sistemas de posicionamiento, cámaras y comunicaciones para registrar situaciones que puedan ser posteriormente comunicadas a las autoridades correspondientes. El modelo también busca establecer relaciones entre las comunidades y el sistema de justicia brasileño.
La lógica es que la tecnología complemente, y no sustituya, el conocimiento que las comunidades poseen sobre sus propios territorios.
En el caso del territorio indígena Maró, por ejemplo, Treesistance informó en 2026 sobre la entrega de motocicletas y otros vehículos para facilitar los desplazamientos de los Guardianes del Bosque durante sus patrullajes. La organización sostiene que estos recursos permiten cubrir áreas extensas y mejorar la capacidad de respuesta frente a posibles amenazas.
¿En qué estados brasileños trabaja Treesistance?
La organización afirma que su programa opera en cuatro estados brasileños, aunque su página general no enumera los cuatro de manera conjunta. Sus antecedentes y proyectos identifican actividades en Pará, Amazonas, Acre y Mato Grosso.
Pará ha sido uno de los principales centros de operaciones debido al trabajo desarrollado en el Bajo Tapajós. Posteriormente, Treesistance informó sobre la formación de grupos de Guardianes del Bosque en Mato Grosso, Acre y Amazonas.
Además, una iniciativa apoyada por Jacobs Futura Foundation entre 2025 y 2026 contempló trabajos de Treesistance con territorios indígenas de Pará, Amazonas y Mato Grosso, con el objetivo de fortalecer la defensa de más de un millón de hectáreas de bosque primario y Cerrado.
Esto muestra que el proyecto ha ido ampliándose desde su núcleo inicial en la región del Tapajós hacia otros territorios de la Amazonía y áreas de transición con el Cerrado.
El arte como una herramienta de resistencia cultural
Uno de los elementos más llamativos del proyecto es la importancia que ha adquirido el arte.
En una entrevista publicada por CIVICUS e Inter Press Service en septiembre de 2026, Tom Wheeler explicó que los antecedentes de la organización estaban relacionados con actividades culturales como festivales, exposiciones, música, documentales y debates.
Con el tiempo, la experiencia con las comunidades amazónicas llevó a Treesistance a combinar esas actividades con la defensa territorial y ambiental.
La lógica detrás de este enfoque es que las expresiones culturales pueden ayudar a mantener la transmisión de conocimientos entre generaciones.
Esto es especialmente relevante en comunidades donde los cambios territoriales, la presión sobre los bosques y la pérdida de tierras pueden dificultar la continuidad de prácticas tradicionales.
Por ello, la producción artística no se plantea simplemente como una actividad cultural aislada, sino como una forma de reforzar la identidad y la capacidad de las comunidades para contar su propia historia.
Productos indígenas y nuevas alternativas económicas
La protección de los bosques también está relacionada con la necesidad de generar ingresos para las comunidades.
Una de las dificultades que enfrentan numerosos territorios amazónicos es que las actividades económicas ilegales pueden representar una fuente de ingresos frente a la falta de alternativas sostenibles.
Treesistance sostiene que una parte de su estrategia consiste precisamente en crear condiciones para que las comunidades puedan desarrollar actividades económicas propias sin depender de la explotación destructiva del territorio. Entre las áreas contempladas aparecen la agricultura regenerativa, el turismo, los productos artesanales, el arte indígena y otras iniciativas productivas.
En este sentido, la conservación no se plantea únicamente como una restricción a determinadas actividades económicas. También busca crear fuentes alternativas de ingresos.
Energía renovable para reducir costos y dependencia de combustibles
Otro componente del proyecto es el desarrollo de soluciones energéticas.
Treesistance creó el denominado TreeGreen, un fondo destinado a impulsar sistemas de energía renovable en comunidades indígenas. La organización explica que muchas comunidades remotas dependen de generadores que funcionan con gasolina o diésel, cuyos costos pueden aumentar considerablemente debido a las grandes distancias y dificultades logísticas de la Amazonía.
El fondo busca sustituir progresivamente parte de esa dependencia mediante sistemas de energía renovable y capacitación técnica.
La propuesta tiene una dimensión ambiental, pero también económica: reducir el gasto recurrente en combustibles puede liberar recursos para otras necesidades comunitarias.
La defensa contra la tala ilegal
Uno de los principales problemas que enfrenta la Amazonía brasileña es la deforestación ilegal.
La protección de los territorios indígenas tiene importancia particular porque estas áreas constituyen grandes extensiones de bosques y, en numerosos casos, se encuentran bajo presión de actividades económicas externas.
Jacobs Futura Foundation señala que su proyecto con Treesistance parte de la consideración de que una parte muy importante de la deforestación en la Amazonía brasileña es ilegal y que los territorios indígenas pueden encontrarse entre las zonas expuestas a estas amenazas.
Por ello, la organización plantea abordar la deforestación también como un problema relacionado con delitos, acceso a la justicia y capacidad institucional, además de considerarlo un problema ambiental.
¿Por qué es importante proteger la selva primaria?
La selva amazónica no es solamente una superficie cubierta de árboles. Es un ecosistema que concentra una enorme diversidad de especies y participa en ciclos fundamentales de agua y carbono.
Treesistance diferencia entre la selva primaria y los bosques secundarios o áreas reforestadas. En su planificación explica que los bosques primarios poseen una importancia particular por su biodiversidad y por su capacidad de almacenar carbono.
La pérdida de un bosque maduro no puede compensarse necesariamente de forma inmediata plantando nuevos árboles, porque un ecosistema recién restaurado necesita décadas para desarrollar la estructura, diversidad biológica y funciones ecológicas de un bosque antiguo.
Por eso, la estrategia de Treesistance se concentra especialmente en evitar la destrucción de bosques primarios.
Un modelo que pretende que las comunidades tengan mayor control
Otro aspecto importante del proyecto es el principio de liderazgo indígena.
Treesistance afirma que sus programas se desarrollan bajo dirección y participación de las comunidades y que estas mantienen la propiedad sobre sus propios datos e historias. La organización también declara que sus acuerdos se construyen mediante procesos de planificación participativa y que las comunidades intervienen en la definición de prioridades.
Esto busca evitar que los proyectos de conservación sean diseñados exclusivamente desde organizaciones externas sin tener en cuenta las necesidades de quienes habitan los territorios.
La defensa de los bosques, bajo este modelo, se vincula directamente con la autonomía y los derechos territoriales de los pueblos indígenas.
¿Cuánto territorio se pretende proteger?
Las cifras publicadas por Treesistance muestran una expansión considerable de su programa.
La organización registra tres territorios y 60.000 hectáreas en 2023, nueve territorios y 150.000 hectáreas en 2024, y 12 territorios y un millón de hectáreas en 2025.
Para 2026 establece como meta llegar a 14 territorios y alrededor de 2 millones de hectáreas.
Estas cifras corresponden a las metas y registros comunicados por la propia organización y, por tanto, deben diferenciarse de una medición independiente del área total efectivamente conservada.
El impacto económico: proteger bosques también tiene costos y beneficios
La conservación de la Amazonía tiene una dimensión económica que puede resultar más compleja de lo que aparenta.
Por un lado, establecer restricciones a actividades como la tala, la expansión agrícola ilegal o determinadas formas de explotación de recursos puede reducir oportunidades de ingreso para algunos actores económicos que dependen de esas actividades.
En determinadas regiones, además, proteger grandes extensiones de bosque puede significar que algunas actividades productivas no puedan desarrollarse en determinadas áreas.
Sin embargo, esto no significa automáticamente que la protección de los bosques sea negativa para la economía brasileña.
Los bosques también generan servicios ambientales, sostienen actividades productivas legales, contribuyen a la disponibilidad de agua y pueden respaldar sectores como el turismo, la agricultura sostenible, la investigación científica y la producción de bienes forestales no maderables.
En el caso de Treesistance, precisamente uno de los objetivos declarados es desarrollar alternativas económicas para que las comunidades puedan obtener ingresos sin recurrir a actividades que destruyan el territorio.
Un punto importante: la nota no demuestra que el acuerdo sea negativo para la economía brasileña
Es importante hacer una precisión para mantener la información rigurosa.
No existe evidencia en las fuentes consultadas que permita afirmar que la iniciativa de Treesistance esté provocando un perjuicio económico general a Brasil. Tampoco sería correcto presentar la protección de los bosques como una política que, por definición, reduce la economía nacional.
El efecto económico depende de qué actividad se sustituya, qué recursos se protejan, qué alternativas productivas se desarrollen y cuál sea el horizonte de tiempo utilizado para medir los resultados.
Por ejemplo, si una zona deja de utilizarse para tala ilegal, puede disminuir una actividad económica específica, pero eso no significa necesariamente que disminuya el bienestar económico total. Parte de los recursos pueden dirigirse hacia otras actividades legales y sostenibles.
¿Y qué tiene que ver esto con las importaciones y la compra de productos colombianos?
Este punto requiere una separación importante porque la noticia sobre Treesistance ocurre en Brasil y no está relacionada directamente con las importaciones colombianas.
Si se quiere utilizar esta noticia para hablar de economía y de la importancia de fortalecer la producción nacional en Colombia, el argumento debe plantearse como un contexto aparte.
Importar productos no es necesariamente malo para una economía. Colombia necesita importar, entre otras cosas, maquinaria, equipos, determinadas materias primas, tecnología y bienes que no produce de manera competitiva o suficiente. Las importaciones también pueden aportar insumos utilizados posteriormente por empresas colombianas.
El problema aparece cuando las importaciones sustituyen productos nacionales que pueden producirse competitivamente en Colombia, especialmente cuando eso reduce las ventas de empresas locales y limita oportunidades para productores nacionales.
¿Qué puede ocurrir cuando se reemplaza producción colombiana por productos importados?
Cuando un consumidor compra un producto fabricado en Colombia, una parte importante del gasto puede permanecer dentro de la economía nacional a través de la empresa productora, los trabajadores, proveedores, transportadores, comerciantes y otros participantes de la cadena.
Cuando ese mismo producto se reemplaza por uno completamente importado, una parte mayor del valor de la compra se dirige al exterior.
Esto puede tener varios efectos dependiendo del sector:
- Menores ventas para productores nacionales, si el producto importado desplaza directamente al colombiano.
- Presión sobre empresas pequeñas y medianas, especialmente cuando tienen dificultades para competir en precio.
- Menor demanda de ciertos empleos nacionales, si las empresas reducen producción como consecuencia de una menor demanda.
- Menor actividad para proveedores locales, desde agricultores hasta fabricantes de empaques, transportadores y distribuidores.
- Mayor salida de divisas, porque las compras internacionales requieren pagos al exterior.
- Presión sobre la balanza comercial, cuando el crecimiento de las importaciones supera el crecimiento de las exportaciones.
El Banco de la República define la balanza comercial como la diferencia entre el valor de las exportaciones y el de las importaciones.
Sin embargo, nuevamente, no todas las importaciones tienen el mismo efecto. Una máquina importada que permite a una empresa colombiana producir más, contratar trabajadores y exportar puede tener un efecto económico muy diferente al de importar un producto terminado que sustituye directamente a uno fabricado localmente.
Colombia registra un aumento de sus importaciones
Los datos más recientes disponibles del DANE muestran que las importaciones colombianas alcanzaron US$7.968,1 millones CIF en julio de 2026, un aumento del 22,9 % frente a julio de 2025.
El crecimiento estuvo impulsado principalmente por las manufacturas, grupo que representó el 72,5 % del valor total de las importaciones durante ese mes.
Este aumento, por sí solo, no demuestra que la economía colombiana esté siendo perjudicada, porque es necesario conocer qué bienes se están importando y para qué se utilizan.
Por ejemplo, importar maquinaria o insumos que posteriormente utiliza la industria colombiana puede aumentar las importaciones y, al mismo tiempo, contribuir a la producción nacional.
La discusión económica relevante es, por tanto, qué se está importando y qué producción nacional está siendo desplazada, no simplemente cuánto aumenta el valor total de las importaciones.
Fomentar la compra de productos colombianos sin cerrar la economía
Promover el consumo de productos nacionales puede contribuir a fortalecer las cadenas productivas colombianas, pero eso no significa que Colombia deba dejar de importar.
Una estrategia equilibrada consiste en aumentar la capacidad de las empresas colombianas para competir mediante productividad, tecnología, infraestructura, calidad, financiación y acceso a mercados.
En otras palabras, el objetivo no debería ser simplemente sustituir cualquier producto extranjero por uno nacional, sino fortalecer la producción colombiana allí donde existe capacidad para producir bienes competitivos y generar mayor valor agregado.
La información oficial del DANE permite observar las importaciones por grupos de productos, países de origen, sectores y diferentes clasificaciones, lo que resulta necesario para determinar qué áreas podrían estar compitiendo directamente con productores nacionales.
Amazonía, cultura y economía: un mismo debate sobre desarrollo
El caso de Treesistance plantea un debate más amplio sobre cómo se mide el desarrollo económico.
Una región puede generar ingresos mediante actividades extractivas que deterioren sus recursos naturales, pero también puede intentar construir un modelo basado en la conservación, el conocimiento local, la producción sostenible y el aprovechamiento responsable de sus recursos.
En la Amazonía brasileña, Treesistance busca precisamente combinar la protección territorial con proyectos económicos y culturales. Su planificación incluye agricultura regenerativa, productos artesanales, arte indígena, energía renovable y otros mecanismos destinados a mejorar la autonomía económica de las comunidades.
Esto significa que el proyecto no plantea simplemente conservar la selva sin actividad económica, sino buscar qué actividades pueden generar ingresos sin destruir el ecosistema del que dependen las comunidades.
Un modelo que todavía enfrenta desafíos
La expansión de este tipo de programas también plantea desafíos.
El primero es conseguir financiación suficiente y estable. Los territorios amazónicos son enormes y las comunidades pueden encontrarse a grandes distancias de los centros urbanos, lo que eleva los costos de transporte, comunicaciones, energía y vigilancia.
El segundo consiste en garantizar que los proyectos económicos realmente sean sostenibles y que los ingresos lleguen a las comunidades.
También existe el desafío de medir los resultados. Proteger millones de hectáreas no depende únicamente de contar el territorio cubierto por un programa, sino de determinar si disminuyeron efectivamente las amenazas, si las comunidades fortalecieron su autonomía y si las actividades económicas desarrolladas son sostenibles a largo plazo.
Una apuesta por unir conservación y autonomía indígena
El avance de Treesistance en Brasil refleja una tendencia cada vez más visible en las políticas de conservación: reconocer a los pueblos indígenas no únicamente como beneficiarios de programas ambientales, sino como actores centrales en la protección de los territorios.
La plataforma afirma que su modelo busca combinar conocimiento indígena, herramientas tecnológicas, estrategias jurídicas, energías renovables y alternativas económicas. Al mismo tiempo, su trabajo cultural pretende mantener vivas las expresiones y conocimientos que forman parte de la identidad de las comunidades amazónicas.
La iniciativa, por tanto, se encuentra en la intersección entre medio ambiente, derechos indígenas, cultura y economía.
Su evolución durante los próximos años permitirá determinar hasta qué punto este modelo puede ampliarse a más territorios y si las alternativas económicas asociadas a la conservación consiguen competir con las actividades que ejercen presión sobre los bosques.
Por ahora, los datos publicados muestran una organización que ha ampliado progresivamente su presencia desde el Bajo Tapajós hacia otros territorios brasileños y que para 2026 plantea alcanzar 14 territorios y aproximadamente dos millones de hectáreas dentro de su estrategia de protección.




