La actividad física no significa únicamente practicar un deporte o acudir a un gimnasio. Caminar, correr, montar bicicleta, jugar, nadar o realizar actividades recreativas también cuentan. La Organización Mundial de la Salud advierte que la inactividad física está relacionada con un mayor riesgo de enfermedades no transmisibles y estima que las personas que realizan poca actividad física tienen entre 20% y 30% más riesgo de mortalidad que quienes son suficientemente activas. Además, la OMS destaca beneficios sobre la salud cardiovascular, metabólica, cerebral y mental.
En niños y adolescentes, el ejercicio cumple una función especialmente importante durante el crecimiento. Las recomendaciones internacionales indican que entre los 6 y 17 años deberían acumular al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa, incluyendo actividades que fortalezcan músculos y huesos al menos tres días por semana. Correr, jugar fútbol, montar bicicleta, nadar, saltar o realizar juegos activos pueden contribuir a mejorar la condición física, la memoria y la atención, fortalecer músculos y huesos y reducir factores relacionados con obesidad y otras enfermedades.
Durante la adultez, entre los 18 y 64 años, la actividad física adquiere un papel importante en la prevención y control de enfermedades. Las recomendaciones señalan como referencia un mínimo de 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. Caminar a paso rápido, correr, montar bicicleta, practicar natación, hacer senderismo o realizar deportes al aire libre pueden ayudar a mantener una composición corporal saludable, mejorar la salud cardiovascular y disminuir riesgos asociados con hipertensión, diabetes tipo 2 y algunas enfermedades cardiovasculares.
A partir de los 65 años, el objetivo no debe ser simplemente hacer más ejercicio, sino conservar la movilidad, la fuerza, el equilibrio y la independencia. Las recomendaciones mantienen como referencia 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, dos o más días de fortalecimiento muscular y ejercicios para mejorar el equilibrio. Caminar, hacer ejercicios de fuerza adaptados, practicar actividades acuáticas, bailar, realizar yoga o ejercicios de equilibrio pueden ser alternativas. El CDC señala que mantenerse físicamente activo puede ayudar a conservar la independencia, fortalecer los huesos, mejorar el equilibrio y reducir el riesgo de caídas.
El componente “al aire libre” también merece atención. La evidencia disponible sugiere que realizar actividad física en espacios verdes puede aportar beneficios adicionales relacionados con el bienestar psicológico. Una revisión sistemática publicada en 2026, que analizó 26 estudios con 1.468 adultos mayores, encontró mejoras de salud mental asociadas al ejercicio en espacios verdes frente a diferentes condiciones de comparación; sin embargo, los investigadores señalan que todavía existen diferencias entre los estudios y que se necesitan investigaciones de mayor calidad. Por eso, caminar por un parque, practicar senderismo, montar bicicleta o realizar ejercicio en espacios abiertos puede ser una estrategia sencilla para combinar movimiento, exposición a entornos naturales y bienestar, siempre teniendo en cuenta el clima, la seguridad del lugar y las condiciones individuales.


