Las campañas que buscan conquistar escaños en la Cámara de Representantes de Estados Unidos están intensificando su comunicación con los votantes latinos de cara a las elecciones de medio término del 3 de noviembre de 2026. El costo de vida, los precios de los alimentos y la gasolina, el empleo, los salarios, la vivienda, la inmigración y la seguridad aparecen entre los asuntos utilizados por candidatos y organizaciones políticas para acercarse a una comunidad electoral cada vez más numerosa y políticamente diversa.
La atención sobre este grupo no responde únicamente a su crecimiento demográfico. También está relacionada con la presencia de población hispana en numerosos distritos competitivos de la Cámara y con los cambios registrados en las preferencias políticas de los latinos durante los últimos ciclos electorales.
De acuerdo con el Censo de Estados Unidos, la población hispana alcanzó aproximadamente el 21 % de la población estadounidense en 2025, convirtiéndose en la mayor población racial o étnica minoritaria del país. Además, 16 estados ya contaban con al menos un millón de residentes hispanos.
Las elecciones de medio término definirán los 435 escaños de la Cámara
Las elecciones de medio término se celebrarán el 3 de noviembre de 2026. En ellas estarán en juego los 435 escaños con derecho a voto de la Cámara de Representantes, además de un tercio del Senado. Los representantes cumplen períodos de dos años, por lo que toda la Cámara se renueva durante los ciclos electorales correspondientes.
El resultado determinará qué partido tendrá la mayoría en cada cámara del Congreso durante los dos últimos años del actual mandato presidencial.
En este escenario, los distritos donde existe una importante población latina han adquirido especial atención para las campañas. Un análisis del Cook Political Report publicado en septiembre identificó que 12 de los 37 distritos competitivos de la Cámara tenían una población hispana de al menos 20 %, mientras que seis eran de mayoría hispana.
Esto explica por qué los equipos de campaña están utilizando mensajes específicos para comunidades hispanas, incluyendo publicidad en español, medios de comunicación dirigidos a audiencias latinas y actividades presenciales en zonas con elevada población hispana.
El costo de vida aparece como una de las principales preocupaciones
La economía ocupa un lugar especialmente importante en la conversación electoral de 2026.
Una encuesta de Pew Research Center realizada entre el 6 y el 12 de julio encontró que el 29 % de los votantes registrados identificaba algún asunto relacionado con la economía como el tema sobre el que más quería escuchar a los candidatos al Congreso. Dentro de ese conjunto, el costo de vida y la asequibilidad representaban por sí solos el 15 %.
Entre los votantes hispanos, la preocupación económica también aparece con fuerza.
Una encuesta de UnidosUS citada por CBS News encontró que 53 % de los votantes latinos señalaba el costo de vida y la inflación como su principal preocupación, seguido por empleos y economía, con 36 %, y vivienda, con 32 %. La atención sanitaria alcanzó 30 %, mientras que la reforma migratoria obtuvo 20 %.
Los resultados muestran que la agenda económica no puede reducirse únicamente a la inflación. Para muchos hogares, el debate incluye cuánto cuesta llenar el tanque del automóvil, comprar alimentos, pagar el alquiler, conseguir vivienda, cubrir servicios básicos y mantener el poder adquisitivo de los salarios.
Las campañas utilizan mensajes sobre precios, empleo y salarios
La estrategia de los partidos ha reflejado esas preocupaciones.
El Comité de Campaña del Congreso Demócrata (DCCC), por ejemplo, lanzó durante 2026 anuncios digitales en inglés y español dirigidos a votantes latinos en distritos competitivos. Una de sus campañas se concentró específicamente en los precios de la gasolina y en el costo de vida.
El DCCC también ha desarrollado el programa “Nuestro Poder, Nuestro País”, destinado a establecer comunicación con votantes latinos e hispanos en diferentes distritos del país.
Estos mensajes forman parte de una estrategia electoral partidista y, por tanto, las afirmaciones de los anuncios deben entenderse como argumentos de campaña, no como conclusiones independientes sobre las políticas económicas.
Del lado republicano, el Comité Nacional Republicano del Congreso también realizó investigaciones específicas entre votantes hispanos. Según Punchbowl News, el NRCC llevó a cabo encuestas regionales y grupos de discusión en 15 distritos considerados competitivos y estudió qué mensajes económicos y de seguridad tenían mayor resonancia entre los votantes latinos.
Entre los temas identificados por los republicanos aparecen la oportunidad económica, la seguridad pública y el apoyo a las familias trabajadoras.
Seguridad e inmigración también forman parte del mensaje
Aunque la economía ocupa un lugar destacado, la seguridad y la inmigración continúan formando parte importante de la estrategia electoral.
El debate ha adquirido una dimensión particular debido a las políticas de control migratorio implementadas durante el segundo mandato de Donald Trump. Las campañas y los grupos políticos han utilizado posiciones diferentes sobre deportaciones, aplicación de las leyes migratorias, seguridad fronteriza y posibles vías legales para permanecer en Estados Unidos.
Una encuesta de Hart Research para TelevisaUnivision realizada entre el 6 y el 17 de agosto a 1.500 votantes latinos registrados en 17 distritos competitivos encontró que la economía continuaba por encima de la inmigración entre sus principales preocupaciones. El estudio también registró un alto nivel de desaprobación de las políticas de inmigración y deportación de la administración entre los encuestados.
La situación demuestra que el voto latino no puede describirse como un bloque político homogéneo.
Hay votantes que consideran prioritario el control fronterizo, mientras que otros ponen el énfasis en las consecuencias económicas de las deportaciones, el acceso a vías legales de permanencia o la protección de familias con diferentes situaciones migratorias.
El voto latino tampoco está definido por un solo partido
Uno de los elementos más importantes del escenario de 2026 es que las preferencias políticas de los votantes latinos han mostrado cambios considerables.
En 2024, Donald Trump consiguió incrementar significativamente su respaldo entre los votantes hispanos respecto de elecciones presidenciales anteriores. Sin embargo, diferentes encuestas realizadas durante 2026 han encontrado señales de cambios en las preferencias y un alto nivel de indecisión o disposición a modificar el voto.
Una encuesta de TelevisaUnivision y The Harris Poll realizada en mayo entre 700 votantes hispanos registrados en 17 distritos competitivos encontró que 52 % todavía estaba indeciso o podía cambiar de opinión. Además, 90 % identificó el costo de vida como su principal asunto.
Esto no significa que todos esos votantes se hayan trasladado hacia un partido determinado. Más bien, refleja que existe un grupo importante que está evaluando las propuestas y el desempeño de los candidatos en función de diferentes asuntos.
Una encuesta posterior de Hart Research y TelevisaUnivision, realizada en agosto, también encontró cambios en el comportamiento político de los latinos en distritos competitivos. El estudio señaló que la economía seguía teniendo mayor peso que la inmigración y que el español era un canal importante para la comunicación política con determinados sectores.
La comunicación en español se convierte en una herramienta electoral
Las campañas también están adaptando sus métodos de comunicación.
El uso de medios en español, anuncios digitales, redes sociales y eventos comunitarios permite a los candidatos llegar a personas que pueden consumir información política principalmente en español o que tienen vínculos culturales y familiares con América Latina.
La encuesta de TelevisaUnivision encontró que 70 % de los votantes hispanos consultados consideraba que la aparición de candidatos en medios en español demostraba que estos prestaban atención a la comunidad latina.
Por ello, la estrategia ya no consiste simplemente en traducir anuncios elaborados originalmente para el electorado general. Las campañas están intentando adaptar sus mensajes a preocupaciones específicas de distintas comunidades.
Esto es particularmente relevante porque la población latina estadounidense es heterogénea. Incluye ciudadanos nacidos en Estados Unidos, inmigrantes naturalizados y personas de diferentes generaciones, países de origen, edades, niveles de ingreso y posiciones políticas.
La economía es un tema transversal
La importancia del costo de vida también está relacionada con la situación económica general del país.
Una encuesta Reuters/Ipsos publicada el 21 de septiembre de 2026 encontró una elevada preocupación entre los estadounidenses por los precios y el manejo de la economía. En el sondeo, solamente 17 % aprobaba la gestión de la administración Trump sobre el costo de vida, mientras que 35 % aprobaba su manejo del crimen.
El contexto económico también ha estado marcado por los precios de los combustibles, la inflación y las consecuencias de las tensiones internacionales.
Para las campañas, esto convierte a la economía cotidiana en un argumento político especialmente visible: los ciudadanos pueden evaluar directamente los cambios en los precios de alimentos, vivienda, gasolina y otros productos.
¿Por qué los votantes latinos reciben tanta atención?
La importancia electoral de los votantes latinos está relacionada con tres factores principales.
Primero, su tamaño demográfico. El Censo calcula que los hispanos representan aproximadamente el 21 % de la población estadounidense.
Segundo, su concentración geográfica. Estados como California, Texas, Florida, Arizona, Nevada, Nuevo México y otros cuentan con grandes poblaciones hispanas, mientras que el crecimiento de estas comunidades también se ha producido en estados donde históricamente tenían menor presencia.
Tercero, la competencia de numerosos distritos de la Cámara. El análisis de Cook Political Report encontró una presencia considerable de población hispana en una parte importante de los distritos considerados competitivos.
Por estas razones, republicanos y demócratas están destinando recursos a comprender las prioridades de estos electores y a desarrollar mensajes específicos.
El escenario sigue siendo políticamente cambiante
Los datos disponibles hasta septiembre de 2026 muestran que los votantes latinos no constituyen un grupo uniforme.
Pew Research Center encontró en julio que los demócratas tenían una ventaja entre los votantes hispanos registrados en la pregunta genérica sobre la elección para el Congreso. Sin embargo, el propio centro de investigación advierte que se trata de una fotografía previa a la elección y que las preferencias pueden cambiar, además de que la participación en las elecciones de medio término suele ser menor que en las elecciones presidenciales.
Una encuesta diferente, enfocada exclusivamente en distritos competitivos, encontró también diferencias entre regiones y grupos de votantes.
Por eso, los resultados de las encuestas no deben interpretarse como una garantía sobre el comportamiento electoral final. Sirven para mostrar cuáles son las preocupaciones existentes en el momento en que se realizaron.
Contexto económico para Colombia: qué ocurre cuando aumentan las importaciones
Aunque la noticia está centrada en Estados Unidos y en las campañas dirigidas a los votantes latinos, existe un punto económico diferente que conviene analizar en el caso colombiano: la relación entre las importaciones y el consumo de productos nacionales.
Aquí es importante hacer una precisión: importar no es necesariamente negativo para una economía. Las empresas y los consumidores necesitan productos extranjeros que Colombia no fabrica, materias primas, maquinaria, tecnología, equipos médicos y otros bienes que pueden contribuir a la producción nacional.
El problema aparece cuando determinados bienes que podrían producirse competitivamente en Colombia son sustituidos de manera significativa por productos extranjeros y esto reduce las oportunidades de las empresas nacionales.
Colombia registró un fuerte aumento de las importaciones
Los datos más recientes del DANE muestran que en julio de 2026 las importaciones colombianas alcanzaron US$7.968,1 millones, un aumento de 22,9 % frente a julio de 2025.
Las manufacturas representaron el 72,5 % del valor total de las importaciones; los productos agropecuarios, alimentos y bebidas representaron 13,9 %, mientras que los combustibles y productos de industrias extractivas participaron con 13,5 %.
Durante el mismo mes, las exportaciones colombianas alcanzaron US$4.690,7 millones, con un crecimiento de 5,9 % anual.
Como resultado, Colombia registró en julio un déficit comercial de US$2.797,8 millones, frente a US$1.694,2 millones en julio de 2025.
Estas cifras no significan por sí solas que las importaciones sean perjudiciales. Para determinar el efecto económico habría que conocer qué productos se importaron, para qué se utilizaron y qué empresas o sectores nacionales compitieron con ellos.
¿Qué efectos negativos puede tener sustituir productos colombianos por importados?
Cuando un consumidor compra un producto importado en lugar de uno producido en Colombia, una mayor parte del valor de esa compra termina remunerando una cadena productiva localizada en el exterior.
Si esta sustitución ocurre de manera amplia en sectores donde existe capacidad productiva nacional, pueden presentarse varios efectos.
Menor demanda para productores nacionales
Si los consumidores reducen sus compras de productos colombianos, las empresas nacionales pueden vender menos.
Una caída sostenida de las ventas puede reducir la producción, la inversión y, dependiendo del sector y de la magnitud del fenómeno, el empleo.
Esto resulta especialmente relevante para pequeñas y medianas empresas que tienen menos capacidad para competir con grandes productores internacionales.
Presión sobre el empleo nacional
Una empresa colombiana que pierde participación en el mercado puede tener menos incentivos para ampliar sus instalaciones, contratar trabajadores o realizar nuevas inversiones.
En cambio, comprar un producto producido en Colombia mantiene una mayor parte de la cadena económica dentro del país: productores de materias primas, transportadores, trabajadores, distribuidores, comerciantes y otros proveedores.
No significa que todo el dinero de una compra nacional permanezca en Colombia, porque las empresas también pueden importar insumos o maquinaria, pero una proporción de la actividad económica se mantiene vinculada al aparato productivo nacional.
Mayor déficit comercial cuando las importaciones superan ampliamente a las exportaciones
La balanza comercial compara el valor de los bienes exportados con el de los bienes importados.
Cuando las importaciones superan las exportaciones, se genera un déficit comercial. En julio de 2026, como se mencionó, el déficit colombiano fue de US$2.797,8 millones.
Sin embargo, tampoco debe interpretarse automáticamente que un déficit comercial sea equivalente a una pérdida económica. La composición de las importaciones es fundamental.
Por ejemplo, importar maquinaria para ampliar una fábrica colombiana puede aumentar las importaciones en el corto plazo, pero posteriormente contribuir a elevar la producción, productividad o capacidad exportadora del país.
Menor desarrollo de determinadas industrias nacionales
Cuando una economía depende excesivamente del exterior para productos que podría fabricar internamente, puede perder capacidades industriales y tecnológicas.
Esto puede dificultar la creación de proveedores nacionales, investigación, innovación y especialización productiva.
El Banco de la República ha señalado que los flujos externos y el comercio internacional pueden contribuir a la expansión de la producción, la inversión, la incorporación de tecnología y el aumento de la productividad.
Por eso, el objetivo económico no debería ser simplemente “importar menos”, sino desarrollar una estructura productiva capaz de competir y utilizar las importaciones estratégicamente.
Comprar colombiano puede fortalecer el mercado interno
Cuando un consumidor elige un producto nacional competitivo, contribuye a mantener la demanda de empresas colombianas.
Ese gasto puede circular posteriormente entre trabajadores, proveedores, agricultores, transportadores, comerciantes y otros actores económicos.
Por ejemplo, la compra de alimentos producidos en Colombia puede beneficiar a productores agrícolas, plantas de procesamiento, empresas de transporte, centrales de distribución, supermercados y pequeños comercios.
Esto genera un efecto multiplicador sobre la economía interna, aunque la magnitud exacta depende del producto y de cuánto de sus insumos sean nacionales.
Pero proteger la producción nacional no significa cerrar la economía
Es importante evitar una conclusión simplista.
No todos los productos extranjeros deberían ser reemplazados por productos colombianos independientemente de su precio o calidad.
Las importaciones pueden ofrecer:
- Maquinaria que no se fabrica en Colombia.
- Tecnología especializada.
- Materias primas.
- Medicamentos y equipos médicos.
- Componentes utilizados por empresas nacionales.
- Productos que no pueden producirse eficientemente en el país.
- Mayor variedad y, en algunos casos, precios más bajos para los consumidores.
El Banco de la República señala que las importaciones colombianas incluyen bienes de consumo, bienes intermedios y bienes de capital, categorías que cumplen funciones diferentes dentro de la economía.
Por eso, una política económica orientada a fortalecer la producción nacional debería combinar consumo de productos colombianos, inversión, productividad, innovación, infraestructura y capacidad exportadora, en lugar de asumir que toda importación es perjudicial.
El desafío para Colombia
Los datos de julio muestran simultáneamente un crecimiento de las importaciones y de las exportaciones, aunque el crecimiento de las compras externas fue considerablemente mayor durante ese mes.
El desafío consiste en conseguir que las empresas colombianas tengan la capacidad de competir tanto en el mercado nacional como en el internacional.
Comprar productos colombianos puede contribuir a sostener esa demanda, pero también es necesario que los productores nacionales puedan ofrecer calidad, precios competitivos, innovación, productividad y distribución eficiente.
En ese sentido, el debate sobre importaciones no debería plantearse simplemente como una elección entre productos nacionales y extranjeros. La cuestión económica de fondo es cómo conseguir que Colombia produzca más bienes y servicios con mayor valor agregado, genere empleo formal y aumente sus exportaciones sin perder los beneficios que también puede aportar el comercio internacional.
En síntesis
La campaña electoral estadounidense de 2026 está poniendo especial atención en los votantes latinos, particularmente en distritos competitivos de la Cámara de Representantes. El costo de vida, la inflación, los empleos, los salarios, la vivienda, la seguridad y la inmigración están entre los temas utilizados para conectar con este electorado. Las encuestas muestran una comunidad políticamente diversa y con preferencias que han cambiado respecto de 2024, por lo que los partidos están aumentando sus esfuerzos de comunicación en español y en medios dirigidos a audiencias hispanas.
En Colombia, el debate económico sobre las importaciones debe analizarse por separado. El aumento de las compras externas puede generar presión sobre determinados productores nacionales y contribuir a un déficit comercial cuando las importaciones superan las exportaciones, pero también puede proporcionar maquinaria, tecnología e insumos necesarios para la producción. Los datos del DANE muestran que las importaciones colombianas crecieron 22,9 % en julio de 2026, mientras el déficit comercial alcanzó US$2.797,8 millones.
Por ello, fomentar el consumo de productos colombianos tiene sentido como parte de una estrategia para fortalecer la producción y el empleo nacionales, pero debe acompañarse de mayor competitividad y productividad, no simplemente de una reducción indiscriminada de las importaciones.



