Las técnicas de medicina nuclear, especialmente la tomografía por emisión de positrones (PET), están adquiriendo un papel cada vez más relevante en el diagnóstico y selección de pacientes que podrían beneficiarse de los nuevos tratamientos dirigidos contra la enfermedad de Alzheimer.
Según expertos de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM), la PET de amiloide permite detectar la acumulación de esta proteína en el cerebro y determinar si existe la diana biológica sobre la que actúan algunos de los nuevos fármacos modificadores de la enfermedad.
Sin embargo, la presencia de amiloide no es suficiente para indicar un tratamiento. La selección requiere valorar también la fase clínica de la enfermedad, el estado cognitivo del paciente y otros criterios médicos que permitan determinar si existe un balance adecuado entre beneficios y riesgos.
Otras técnicas, como la PET con fluorodesoxiglucosa (FDG), aportan información sobre el metabolismo cerebral y pueden ayudar a diferenciar el Alzheimer de otras enfermedades neurodegenerativas. Por su parte, la PET de tau tiene especial importancia en investigación y en la caracterización de la evolución de la enfermedad.
El desarrollo de biomarcadores sanguíneos de amiloide y tau también abre la puerta a estrategias diagnósticas menos invasivas. Estos análisis podrían facilitar la identificación inicial de pacientes y ayudar a determinar quiénes necesitan posteriormente pruebas de imagen más específicas.
El avance de tratamientos dirigidos contra el amiloide, como lecanemab y donanemab, ha incrementado la necesidad de disponer de herramientas diagnósticas precisas. En este contexto, la medicina nuclear se posiciona como un elemento importante para confirmar la presencia de la enfermedad y contribuir a una selección adecuada de los pacientes candidatos a estas terapias.



