Países Bajos está explorando y aplicando soluciones que combinan ingeniería hidráulica y procesos naturales para proteger las riberas de sus ríos. Entre ellas se encuentran estructuras de madera, haces de ramas de sauce, vegetación ribereña y otras formas de defensas naturales capaces de reducir la energía de las olas, favorecer la acumulación de sedimentos y disminuir determinados procesos de erosión.
En un país donde una parte importante del territorio se encuentra estrechamente relacionada con ríos, canales, lagos y zonas situadas bajo el nivel del mar, controlar el comportamiento del agua no es una cuestión secundaria. Durante siglos, Países Bajos ha desarrollado diques, presas, esclusas y otras grandes infraestructuras para proteger a la población de las inundaciones. Sin embargo, en las últimas décadas ha adquirido cada vez más importancia una idea complementaria: no siempre es necesario luchar contra el agua únicamente mediante estructuras rígidas; en determinados lugares también puede ser conveniente trabajar con los procesos naturales.
Es dentro de esta tendencia donde aparecen las denominadas biobarreras fluviales, un término que puede utilizarse de manera general para describir soluciones de bioingeniería y de infraestructura basada en la naturaleza que emplean vegetación, madera, ramas u otros materiales naturales para modificar el comportamiento del agua y estabilizar las orillas.
No se trata, por tanto, de una única tecnología ni de una construcción idéntica instalada a lo largo de todos los ríos neerlandeses. Existen diferentes diseños y objetivos dependiendo de las características de cada zona.
¿Qué son exactamente las biobarreras fluviales?
Una biobarrera fluvial puede entenderse como una estructura que utiliza elementos naturales o basados en procesos ecológicos para proteger una ribera.
En algunos casos se emplean ramas de sauce entrelazadas, conocidas en la ingeniería neerlandesa como fascines. También pueden utilizarse postes y entramados de madera, plantas de ribera, juncos o combinaciones de estos elementos con estructuras tradicionales.
El principio es relativamente sencillo: en lugar de construir una superficie completamente rígida de hormigón o piedra, se crea una zona capaz de interactuar con el agua y, al mismo tiempo, ofrecer cierta resistencia a su acción.
Deltares, uno de los principales institutos neerlandeses de investigación aplicada en agua y subsuelo, señala que las pantallas de madera, los diques de ramas y las filas de postes con haces de ramas de sauce pueden crear zonas protegidas y reducir la energía de las olas. Estas soluciones se consideran parte de las llamadas Nature-based Solutions o soluciones basadas en la naturaleza.
La vegetación también cumple una función importante. Sus tallos y raíces pueden contribuir a estabilizar el suelo, mientras que la estructura vegetal disminuye localmente la velocidad del agua y puede favorecer la retención o acumulación de partículas.
El problema que existe detrás: erosión y movimiento de sedimentos
Para comprender por qué estas técnicas son importantes, primero hay que entender cómo funciona una ribera.
Los ríos transportan constantemente agua y sedimentos. Arena, limo, arcilla y otros materiales pueden desplazarse aguas abajo y depositarse en determinados puntos. Al mismo tiempo, las corrientes, las olas generadas por embarcaciones y los episodios de caudal elevado pueden erosionar las orillas.
La erosión no es necesariamente algo negativo. De hecho, forma parte del funcionamiento natural de un río. El problema aparece cuando la pérdida de material ocurre en lugares donde existen infraestructuras, carreteras, diques, zonas urbanas, terrenos agrícolas o instalaciones que necesitan estabilidad.
Rijkswaterstaat, la agencia neerlandesa responsable de buena parte de la gestión de las principales vías de agua del país, reconoce que las riberas naturales pueden experimentar procesos de erosión y que estos deben ser considerados cuando se diseñan proyectos de recuperación ambiental. En algunos lugares se permite que el río modele naturalmente la ribera, mientras que en otros es necesario mantener cierto nivel de protección.
Además, el problema de los sedimentos en los grandes ríos neerlandeses es más amplio. Deltares ha señalado que la dinámica de sedimentos de los ríos del país se encuentra alterada por siglos de intervenciones humanas, como el enderezamiento y estrechamiento de cauces, la construcción de diques y las obras destinadas a favorecer la navegación y proteger el territorio.
¿Cómo funcionan estas estructuras?
El funcionamiento depende del diseño, pero existen varios mecanismos principales.
1. Reducen la energía del agua
Una barrera formada por madera, ramas o vegetación puede actuar como una zona de amortiguación.
Cuando el agua se encuentra con una estructura natural, parte de su energía se disipa. Esto puede reducir la fuerza con la que las olas o corrientes golpean directamente contra la ribera.
Este aspecto es especialmente importante en zonas donde circulan embarcaciones. Las ondas producidas por los barcos pueden generar una presión constante sobre las orillas y aumentar la erosión.
Precisamente por este motivo, Deltares está investigando actualmente diferentes diseños de defensas naturales. En 2025 realizó ensayos en su gran canal de pruebas hidráulicas para estudiar cuánto pueden reducir las ondas estructuras de madera y elementos vegetales.
2. Favorecen la acumulación de sedimentos
Cuando la velocidad del agua disminuye, las partículas que transporta pueden tener más posibilidades de depositarse.
Este principio se ha utilizado en diferentes experiencias neerlandesas. Un proyecto desarrollado por Deltares y Rijkswaterstaat utilizó estructuras de ramas de sauce para crear zonas protegidas donde pudiera acumularse sedimento.
En otro experimento, realizado con esteras de ramas de sauce, se observó sedimentación debajo de las estructuras y crecimiento de vegetación como el carrizo. Las plantas contribuyeron posteriormente a crear una zona vegetal capaz de disipar parte de la energía de las olas.
3. Las raíces ayudan a estabilizar el suelo
La vegetación no solamente funciona como una barrera física.
A medida que las plantas crecen, sus raíces pueden ayudar a mantener unido el suelo de la ribera. Esto puede ser particularmente útil en zonas donde se pretende desarrollar una transición gradual entre el agua y la tierra.
El objetivo no siempre consiste en impedir cualquier movimiento de la ribera. En muchos proyectos neerlandeses se busca conseguir un equilibrio dinámico, permitiendo determinados procesos naturales mientras se evita que la erosión alcance niveles problemáticos.
Un ejemplo concreto en el río IJssel
Uno de los casos más interesantes se encuentra en el río IJssel, uno de los principales brazos del sistema del Rin en Países Bajos.
En Zalk se construyeron en noviembre de 2019 tres pantallas de madera dentro de un proyecto piloto desarrollado por Rijkswaterstaat, BAM/Van den Herik y Deltares.
El objetivo era muy concreto: dirigir sedimentos hacia la ribera y reducir la energía de las olas para favorecer la sedimentación en la zona próxima a la orilla.
Las estructuras estaban formadas por postes de madera introducidos en el suelo y elementos de madera colocados entre ellos. Posteriormente se realizaron mediciones para observar cómo cambiaba el fondo del río y qué efectos tenía la intervención sobre la distribución de los sedimentos.
Este proyecto resulta especialmente importante porque demuestra que la idea no se limita a plantar árboles junto al río. Se trata de diseñar deliberadamente estructuras que modifiquen la dinámica del agua y los sedimentos.
El sauce, una planta especialmente útil
Entre los materiales vegetales utilizados en este tipo de soluciones destaca el sauce.
El sauce es una especie particularmente asociada a los ambientes húmedos y a las riberas de los ríos neerlandeses. Sus ramas pueden utilizarse para construir entramados, mientras que las plantas vivas pueden desarrollar raíces y convertirse progresivamente en parte de la propia estructura.
La utilización de ramas de sauce en ingeniería hidráulica tampoco es una innovación reciente. Rijkswaterstaat lleva décadas investigando el uso de materiales renovables, incluyendo fibras vegetales y madera, para construir defensas de ribera más compatibles con los procesos ecológicos.
En la actualidad, estas técnicas se están revisando desde una perspectiva más moderna: combinar la experiencia tradicional con mediciones científicas, modelización hidráulica y nuevos diseños.
También se utilizan juncos y otras plantas
La vegetación puede terminar desempeñando una función estructural después de que la intervención inicial haya sido realizada.
Un ejemplo se encuentra en proyectos desarrollados por Waternet, donde se han utilizado ramas de sauce, materiales vegetales y carrizo para recuperar estructuras de tierra y crear orillas más naturales.
En uno de sus proyectos, Waternet explica que las raíces del carrizo ayudan a retener el lodo y contribuyen a estabilizar el terreno frente a la erosión. El proyecto utilizó más de 400 metros de recuperación de estructuras mediante una combinación de sedimentos dragados, ramas de sauce, cuerda de sisal y otros materiales.
Esto demuestra una característica fundamental de estas soluciones: la estructura puede cambiar con el tiempo.
Al principio, la madera o las ramas pueden proporcionar la protección principal. Posteriormente, la vegetación crece, sus raíces se desarrollan y el sistema comienza a depender cada vez más de la interacción entre plantas, suelo y agua.
¿Qué ocurre durante una crecida?
Las crecidas son uno de los escenarios más exigentes para cualquier sistema de protección fluvial.
Cuando aumenta el caudal, también pueden incrementarse las velocidades del agua y las fuerzas ejercidas sobre las orillas. Sin embargo, sería incorrecto afirmar que una biobarrera por sí sola puede detener una inundación.
Ese no es su objetivo principal.
Las grandes obras de protección de Países Bajos continúan dependiendo de diques, barreras contra tormentas, sistemas de control hidráulico y otras infraestructuras diseñadas específicamente para reducir el riesgo de inundación.
Las soluciones naturales cumplen una función complementaria.
Pueden contribuir a controlar la erosión local, crear zonas de amortiguación, favorecer la sedimentación o mejorar las condiciones ecológicas. Por eso, su diseño debe realizarse teniendo en cuenta el comportamiento del río durante diferentes niveles de agua.
Rijkswaterstaat destaca precisamente que una vegetación excesivamente densa en determinadas zonas puede incluso dificultar el paso del agua durante grandes crecidas. Por esta razón, la vegetación también debe gestionarse y mantenerse bajo control cuando pueda afectar la capacidad hidráulica del río.
No se trata simplemente de reemplazar el hormigón por plantas
Una de las ideas más importantes detrás de estos proyectos es que la ingeniería basada en la naturaleza no significa abandonar la ingeniería tradicional.
En realidad, ocurre lo contrario: se necesita bastante conocimiento técnico para saber dónde una solución natural puede funcionar y dónde no.
Una ribera situada junto a una zona urbana, una carretera o una infraestructura crítica puede necesitar un nivel de protección diferente al de una zona natural.
También deben analizarse factores como:
- Velocidad de la corriente.
- Altura y frecuencia de las crecidas.
- Oleaje producido por embarcaciones.
- Tipo de sedimento.
- Profundidad del agua.
- Pendiente de la ribera.
- Tipo de vegetación.
- Navegación.
- Necesidades ecológicas.
- Capacidad de evacuación del río durante una crecida.
Deltares advierte precisamente que todavía existen interrogantes sobre el grado exacto en que determinadas defensas naturales pueden reducir las ondas producidas por embarcaciones en grandes ríos comerciales. Por eso continúa realizando pruebas antes de generalizar algunas de estas soluciones.
Una nueva forma de entender la protección de los ríos
Durante buena parte de la historia moderna de la gestión hidráulica, proteger una ribera significaba hacerla más rígida: colocar piedras, hormigón, muros o estructuras capaces de resistir directamente la fuerza del agua.
Este enfoque consiguió importantes resultados en materia de seguridad, pero también tuvo consecuencias ambientales.
Rijkswaterstaat reconoce que las orillas duras y rectas han provocado la pérdida de determinados hábitats de aguas poco profundas y zonas de transición entre tierra y agua. Por eso, en distintos proyectos se están retirando algunas defensas rígidas para permitir que vuelvan a desarrollarse orillas más naturales.
En algunos sectores del río, incluso se permite que la corriente modele progresivamente la ribera.
La idea es pasar de una lógica de “controlar completamente el río” a una estrategia de “dar espacio al río cuando sea posible y proteger únicamente donde sea necesario”.
La naturaleza también se convierte en una herramienta de ingeniería
La experiencia neerlandesa muestra que la vegetación puede ser mucho más que un elemento decorativo dentro de un proyecto ambiental.
Las plantas pueden modificar la velocidad del agua, retener partículas, proporcionar refugio a peces y otros organismos, estabilizar determinados terrenos y contribuir a crear nuevos hábitats.
Investigaciones de Wageningen University & Research sobre el antiguo estuario del Rin han mostrado precisamente que la vegetación puede actuar como un elemento de ecoingeniería, reduciendo la dinámica del agua y favoreciendo la acumulación de sedimentos.
Esto convierte a las plantas en una especie de infraestructura viva.
A diferencia de una pared de hormigón, una estructura vegetal puede crecer, reproducirse y modificar progresivamente el entorno en el que se encuentra.
Beneficios que van más allá de la protección contra la erosión
Uno de los principales atractivos de estas soluciones es que pueden cumplir varios objetivos simultáneamente.
Mayor biodiversidad
Las riberas naturales pueden proporcionar refugio y alimento para peces, aves, insectos y diferentes especies de plantas.
Rijkswaterstaat utiliza actualmente la construcción de orillas naturales como una de sus estrategias para mejorar los hábitats de los ríos.
Recuperación del paisaje
Una ribera cubierta de vegetación puede integrarse mejor con el paisaje que una estructura completamente artificial.
Retención de sedimentos
Las zonas con menor velocidad del agua pueden favorecer la deposición de arena, limo y otros materiales.
Reducción de la energía de las olas
Las estructuras de madera y vegetación pueden actuar como amortiguadores frente al oleaje, especialmente el generado por embarcaciones.
Mayor conectividad ecológica
Las riberas funcionan también como corredores para numerosas especies y permiten conectar diferentes hábitats.
Un modelo que todavía está siendo estudiado
A pesar de sus ventajas, las biobarreras fluviales no deben presentarse como una solución universal.
La propia investigación neerlandesa muestra que existen incertidumbres. La vegetación puede crecer de manera diferente a la prevista, las crecidas pueden dañar las estructuras y los efectos sobre la erosión y la sedimentación dependen de las características específicas de cada tramo.
Un informe de Rijkswaterstaat sobre proyectos de recuperación de riberas advierte que los procesos de erosión no siempre son fáciles de predecir y que el desarrollo de la vegetación tampoco puede controlarse completamente.
Por ello, la tendencia actual es combinar pruebas de campo, modelos hidráulicos, monitoreo y conocimiento ecológico antes de aplicar estas soluciones a mayor escala.
Países Bajos mira hacia una gestión más natural del agua
El desarrollo de estas técnicas forma parte de un cambio más amplio en la gestión del agua en Países Bajos.
Programas como Room for the River han impulsado durante años una estrategia basada en proporcionar más espacio a los ríos, en lugar de limitarse a elevar continuamente los diques.
Actualmente, esta filosofía continúa evolucionando. Deltares señala que proyectos relacionados con Room for the River 2.0, la Directiva Marco del Agua y otros programas buscan combinar la gestión del riesgo de inundación con la recuperación ecológica de los ríos.
El desafío consiste en encontrar un punto de equilibrio: permitir que los ríos funcionen de una manera más natural sin poner en riesgo a las poblaciones, las infraestructuras o la navegación.
Una infraestructura que mezcla ingeniería y naturaleza
Las llamadas biobarreras fluviales representan, en ese sentido, una evolución interesante de la ingeniería hidráulica.
No pretenden sustituir todos los diques, muros y defensas tradicionales. Su importancia está en demostrar que la madera, las ramas, los sedimentos y la vegetación también pueden formar parte de una estrategia de protección y recuperación de los ríos.
Los experimentos realizados en el IJssel, las investigaciones de Deltares sobre pantallas de madera y fascines, y los proyectos de Rijkswaterstaat para recuperar orillas naturales muestran que Países Bajos está desarrollando un enfoque cada vez más híbrido.
La idea central es sencilla, pero representa un cambio importante: en determinados lugares, proteger un río no significa impedir que la naturaleza actúe, sino diseñar las condiciones para que sus propios procesos ayuden a mantenerlo estable.
Y en un país que durante siglos ha tenido que aprender a convivir con el agua, esta combinación entre tecnología y naturaleza puede convertirse en una de las herramientas más interesantes para afrontar los retos de la erosión, la pérdida de hábitats y los cambios en el comportamiento de los ríos.


