Francia lleva varios años intentando transformar la manera en que los consumidores se deshacen de la ropa que ya no utilizan. Una de las estrategias que ha ganado espacio es la recogida de prendas usadas en tiendas de ropa a cambio de incentivos, como descuentos o bonos de compra. El objetivo es sencillo: conseguir que una mayor cantidad de textiles deje de terminar en la basura y pueda ser reutilizada, revendida o reciclada.
Aunque a primera vista puede parecer que se trata de una única iniciativa nacional mediante la cual todas las tiendas pagan a los consumidores por entregar su ropa, la realidad es más amplia. Existen diferentes programas impulsados por marcas y establecimientos, dentro de un sistema francés de responsabilidad ampliada del productor que también involucra a organizaciones especializadas en la recogida, clasificación y valorización de textiles.
El modelo ha cobrado todavía más importancia debido al crecimiento de la moda rápida y ultrarrápida, que ha aumentado considerablemente la cantidad de prendas que llegan al final de su vida útil. En 2025, el propio Ministerio de Transición Ecológica francés advertía que solo alrededor de un tercio de los artículos textiles se recogían por separado, mientras que el resto terminaba en los residuos domésticos.
Una recompensa para cambiar el comportamiento del consumidor
Uno de los ejemplos más conocidos de este tipo de estrategia fue desarrollado por Bonobo, junto con otras marcas del grupo Beaumanoir, entre ellas Cache Cache, Bréal y Vib’s.
En una campaña documentada en 2022, los clientes podían llevar prendas usadas a determinados establecimientos y recibir un euro por cada pieza entregada, con un límite de 15 euros por visita. La iniciativa buscaba hacer más atractivo para el consumidor un comportamiento que normalmente no genera ningún beneficio económico: desprenderse correctamente de una prenda que ya no utiliza.
La campaña no se limitaba necesariamente a prendas compradas en la propia tienda. Según la información publicada en aquel momento, Bonobo aceptaba prendas de distintas marcas, siempre que cumplieran determinadas condiciones, como no estar excesivamente sucias o deterioradas. La empresa llegó a señalar que recogía aproximadamente 150.000 prendas al mes, lo que muestra la capacidad que puede alcanzar este tipo de programa cuando se combina la facilidad de entrega con un incentivo económico.
Otros comercios franceses también han utilizado mecanismos similares. Algunas campañas han ofrecido descuentos, bonos de compra o cantidades determinadas por bolsas o kilos de ropa entregados, aunque las condiciones varían según la marca, la campaña y el establecimiento.
¿Qué ocurre con la ropa después de entregarla?
Uno de los puntos más importantes para comprender este modelo es que llevar una prenda a una tienda no significa necesariamente que vaya directamente a una máquina trituradora.
Después de la recogida, los textiles deben pasar por diferentes etapas. En primer lugar se clasifican según su estado, composición y posibilidades de aprovechamiento. Las prendas que todavía pueden utilizarse pueden tener una segunda vida mediante la reventa, la donación o los mercados de segunda mano.
En cambio, aquellas que están demasiado deterioradas para ser reutilizadas pueden dirigirse hacia procesos de reciclaje y valorización material.
La organización francesa Refashion, encargada de coordinar buena parte del sistema de responsabilidad ampliada del productor para textiles, ropa de hogar y calzado, explica que los artículos recogidos pueden seguir diferentes caminos: reutilización, reventa, exportación para segunda mano o reciclaje después de pasar por los procesos de clasificación correspondientes.
Por esta razón, es más correcto hablar de recogida y valorización de textiles que afirmar que todas las prendas son trituradas inmediatamente después de ser devueltas.
La trituración: una etapa del reciclaje de algunas prendas
Cuando una prenda ya no puede ser reutilizada, una de las alternativas es convertirla nuevamente en materia prima. En el reciclaje mecánico, por ejemplo, los textiles pueden ser desfibrados o deshilachados, un proceso que rompe la estructura del tejido para recuperar fibras.
Estas fibras pueden utilizarse posteriormente para fabricar otros materiales. Dependiendo de su composición y calidad, pueden terminar en productos como materiales aislantes, rellenos, paños industriales o determinados productos textiles.
El problema es que no todos los tejidos pueden reciclarse de la misma manera. Una camiseta fabricada con una sola fibra puede resultar más sencilla de procesar que una prenda compuesta por múltiples materiales, recubrimientos, botones, cremalleras o mezclas difíciles de separar.
Por eso, la clasificación previa es fundamental. El objetivo no es simplemente destruir una prenda, sino determinar cuál es la alternativa que permite conservar el mayor valor posible del material.
Francia ya cuenta con una extensa red de recogida
El sistema francés no depende exclusivamente de las tiendas de ropa. Los consumidores también pueden entregar sus prendas en contenedores, asociaciones, centros de reciclaje, establecimientos comerciales y otros puntos habilitados.
Refashion señala actualmente que existen más de 47.000 puntos de recogida en Francia, donde pueden depositarse prendas de vestir, ropa de hogar y zapatos. Además, acepta textiles deteriorados siempre que estén limpios y secos.
En su balance de actividad de 2025, Refashion registró alrededor de 272.000 toneladas de textiles, ropa de hogar y calzado recogidos, aunque el volumen representó una disminución respecto a 2024. La organización también señaló que la crisis económica de la cadena y la reducción de algunos mercados de salida afectaron al sistema de recogida.
Esto demuestra que el desafío no consiste únicamente en conseguir que los ciudadanos entreguen más ropa. También es necesario disponer de suficientes instalaciones, trabajadores, centros de clasificación y mercados capaces de absorber los materiales recuperados.
La crisis de la industria textil hace más urgente el reciclaje
El problema se ha agravado con la expansión de la moda rápida y la ultra-fast fashion. Estas industrias permiten adquirir grandes cantidades de ropa a precios relativamente bajos y con una renovación constante de las colecciones.
El resultado es un ciclo de compra y descarte cada vez más rápido. Una persona puede comprar una prenda, utilizarla pocas veces y posteriormente sustituirla por otra.
El Gobierno francés señaló en 2025 que los volúmenes de residuos textiles habían aumentado de manera considerable a nivel mundial y que el crecimiento de la ultra-fast fashion estaba ejerciendo presión sobre el sistema de recogida y clasificación francés. Al mismo tiempo, la reducción de determinados mercados internacionales para la ropa de segunda mano estaba dificultando la salida de los textiles recogidos.
Esta situación llevó incluso a una crisis dentro de la propia cadena de reciclaje y reutilización. En 2025, Francia aprobó 49 millones de euros de apoyo excepcional para los operadores de recogida, clasificación y reutilización de textiles, con el propósito de mantener funcionando la infraestructura existente. Para 2026 se estableció posteriormente un apoyo previsto de 57 millones de euros.
Devolver ropa también busca cambiar los hábitos de consumo
Los incentivos económicos tienen una función que va más allá del valor del bono o descuento recibido.
La idea es eliminar una de las barreras más sencillas: ¿qué hago con la ropa que ya no quiero?
Si el consumidor sabe que puede llevarla a una tienda cercana, recibir una pequeña recompensa y evitar tirarla a la basura, aumenta la posibilidad de que el artículo entre en el circuito de recogida.
En el caso de Bonobo, por ejemplo, la propia empresa relacionó el programa con la intención de hacer que los consumidores fueran más conscientes de su responsabilidad sobre el destino de las prendas que compran.
Este tipo de iniciativas también puede beneficiar a las propias tiendas. Un programa de recogida puede aumentar el tráfico de clientes y crear una relación entre la compra de ropa nueva y la gestión responsable de la ropa antigua.
El modelo tiene una segunda cara: no todo lo recogido puede convertirse en nueva ropa
Aquí aparece uno de los mayores desafíos del reciclaje textil.
Aunque una campaña de recogida pueda conseguir grandes cantidades de ropa, recoger una prenda no significa automáticamente reciclarla para fabricar otra prenda.
El sistema debe afrontar problemas relacionados con la calidad de los materiales, las mezclas de fibras, los costes de clasificación y la disponibilidad de tecnologías capaces de recuperar fibras de buena calidad.
Por eso, los especialistas suelen considerar que la prioridad debe ser alargar la vida útil de las prendas antes de reciclarlas. Reparar, reutilizar, donar o vender una prenda que todavía puede utilizarse normalmente conserva más valor que convertirla inmediatamente en fibra.
Refashion mantiene precisamente esta lógica: una segunda vida puede significar reparar, personalizar, reutilizar, revender o donar antes de llegar al reciclaje.
Francia endurece su estrategia frente a la moda ultrarrápida
El reciclaje textil forma parte de una estrategia mucho más amplia.
En julio de 2026 entró en vigor en Francia una nueva ley destinada a reducir el impacto ambiental de la industria textil. La normativa introduce el concepto de «moda ultra-rápida» y establece medidas relacionadas con la información al consumidor, la reparación, la reutilización, el reciclaje y la responsabilidad ambiental de los productores.
La legislación también modifica el sistema de contribuciones de los productores para que, cuando sea posible, tengan en cuenta factores relacionados con el impacto ambiental y con las prácticas que influyen en la duración de los productos y en la probabilidad de que estos se conviertan en residuos.
El objetivo es que la responsabilidad no recaiga únicamente sobre el consumidor cuando una prenda se convierte en residuo. También se busca que los fabricantes y vendedores tengan incentivos para producir prendas más duraderas, reparables y fáciles de reutilizar o reciclar.
Un sistema que intenta cerrar el ciclo de la ropa
La idea detrás de estas iniciativas puede resumirse en un principio de economía circular: una prenda no debería considerarse automáticamente un residuo cuando su primer propietario deja de utilizarla.
En el modelo tradicional, el recorrido es relativamente sencillo:
fabricación → compra → uso → basura.
El modelo circular intenta modificarlo:
fabricación → compra → uso → devolución → clasificación → reutilización o reciclaje → nueva utilización del material.
Los programas de recogida en tiendas funcionan como un puente entre el consumidor y ese sistema. El incentivo económico sirve para estimular la primera acción: devolver la ropa.
El reto ahora es conseguir que el sistema sea realmente sostenible
Francia ha avanzado considerablemente en la creación de una infraestructura para recoger textiles, pero el aumento de los residuos y las dificultades económicas del sector muestran que todavía existen problemas importantes.
En 2025, Refashion informó de una caída del 6 % en los volúmenes recogidos, hasta unas 272.178 toneladas, en un contexto marcado por dificultades en los mercados de salida y por la presión sobre la cadena de clasificación. Al mismo tiempo, la organización continuó ampliando los puntos de recogida, incluyendo tiendas, empresas, escuelas y administraciones públicas.
Esto plantea una cuestión fundamental: no basta con reciclar más; también hay que producir y consumir de manera diferente.
Los incentivos económicos pueden ayudar a aumentar la cantidad de ropa que llega a los canales adecuados, pero no solucionan por sí solos la sobreproducción ni la baja durabilidad de algunas prendas.
¿Qué significa esta iniciativa para los consumidores?
Para los ciudadanos franceses, el cambio supone tener cada vez más alternativas para desprenderse de la ropa que ya no utilizan. Una camiseta vieja, unos pantalones desgastados o unos zapatos que ya no sirven pueden llevarse a puntos especializados en lugar de terminar en los residuos domésticos.
La recomendación oficial de Refashion es clara: los textiles deben entregarse limpios y secos en los puntos habilitados. Incluso las prendas deterioradas pueden ser aceptadas, ya que una prenda que ya no sirve para ser usada puede todavía tener valor como material.
Cuando existe además un incentivo comercial, como un descuento o un bono de compra, el consumidor obtiene un beneficio inmediato y el sistema gana una nueva fuente de materiales.
Una tendencia que puede marcar el futuro de la moda
El caso francés muestra cómo las tiendas pueden convertirse en algo más que lugares para vender ropa. También pueden funcionar como puntos de entrada a una cadena de reutilización y reciclaje.
Sin embargo, el verdadero éxito dependerá de lo que ocurra después de que el consumidor entregue la prenda. Para que el sistema sea verdaderamente circular, es necesario que los textiles sean correctamente clasificados, que exista capacidad suficiente para procesarlos y que los materiales recuperados tengan un uso viable.
La experiencia francesa también demuestra que los incentivos económicos pueden ser una herramienta útil para modificar hábitos. Un pequeño descuento o bono puede convertirse en el empujón necesario para que una persona entregue una prenda que, de otro modo, habría terminado en la basura.
En definitiva, el reciclaje textil en Francia no se limita a pagar a los consumidores por entregar ropa vieja. Se trata de una transformación más amplia de la gestión de los textiles, en la que participan consumidores, tiendas, organizaciones de recogida, centros de clasificación, recicladores y autoridades públicas. Las recompensas económicas son una de las herramientas utilizadas para aumentar la participación, mientras que la nueva legislación francesa intenta atacar también el problema desde el origen: la manera en que se producen, venden y utilizan las prendas.
El desafío será conseguir que cada vez más ropa tenga una segunda vida sin que el reciclaje se convierta simplemente en una forma de justificar el consumo excesivo. Para Francia, la apuesta pasa por combinar reutilización, reparación, recogida, reciclaje y una producción más responsable, con el objetivo de que una menor cantidad de prendas termine convertida en residuos.
