Jaime Goyes Andrade
Leí un artículo del reconocido psiquiatra dominicano César Mella, autor de numerosos libros sobre el comportamiento humano, quien da a conocer unas pautas para saber si en nuestro hogar estamos criando vagos.
Esto es un aparte de lo que dice el médico en su escrito: “Hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela. Se levantan irritados, pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono, viendo tele o conectados a la Internet. No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos ponen un dedo en nada que tenga que ver con ‘arreglar algo en el hogar’.
Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles ‘defectos’ a sus padres, a los cuales acusan a diario de ‘sus traumas’. No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo. Hay que darles su ‘semana’ o mesada, de la que se quejan a diario porque -‘eso no me alcanza’.
La vida se les va en: tráigame, lléveme, hágame, págueme, necesito otro celular, esa ropa no me gusta, esa ropa es horrible, esa ropa no es original; no son para nada coherentes con los gastos que tiene un hogar y su respuesta a todo es: no sé.
Esperan encontrar un trabajo al otro día después de graduarse de un salario de 15 millones de pesos mensuales y creen que no hay nadie por encima de ellos.
Definitivamente estamos rendidos y la tasa de retorno se aleja cada vez más, pues aún el día en que consiguen un trabajo hay que seguir manteniéndoles. Me refiero a un segmento cada vez mayor de los chicos de capas medias urbanas que bien pudieran estar entre los 16 y los 24 años y que conforman a la ya tristemente célebre ‘Generación de los NINI’S’, que ni estudian, ni trabajan, o estudian y trabajan con todo el pesar”.
Agrega el psiquiatra que todo se debe a la nueva forma de educar que tienen los padres de ahora, ya que antes había reglas en el hogar y ningún hijo podía revelarse a una orden, existía una educación estricta y disciplinada.
“Lo que le pasó a nuestra generación es que nosotros mismos ‘elaboramos un discurso’ que no dio resultado: ¡Yo no quiero que mi hijo pase los trabajos que yo pasé! Pero usted ¿por qué tiene lo que tiene? Pues porque le costó su esfuerzo, muchos sacrificios, y así es que aprendimos a valorar los esfuerzos de nuestros padres al ‘ver y compartir’ su esfuerzo, en lugar de ocultarlo y aparentar que todo es ‘color de rosa’ en la vida. Sin embargo, se acostumbraron a que sus hijos recibieran todo por obligación” puntualiza el psiquiatra.
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