Costa Rica — En las selvas tropicales de Costa Rica, seguir el recorrido de un mono aullador puede revelar mucho más que el lugar donde consigue alimento. Sus desplazamientos permiten comprender qué tan conectados están los fragmentos de bosque, qué rutas utiliza la fauna para atravesar paisajes modificados por el ser humano y qué zonas podrían necesitar acciones de conservación.
El estudio de estos movimientos forma parte de una línea de investigación que utiliza observaciones directas, sistemas de posicionamiento, registros de campo y, en determinados proyectos, técnicas de telemetría para conocer con mayor precisión cómo se desplazan los animales. En el caso del mono aullador de manto (Alouatta palliata), existen antecedentes científicos concretos de seguimiento mediante radio y numerosos estudios recientes realizados en bosques continuos y fragmentados de Costa Rica.
La idea detrás de estas investigaciones es sencilla, aunque sus implicaciones son enormes: si los científicos saben por dónde se desplazan los animales, pueden identificar qué partes del paisaje son fundamentales para mantener conectadas sus poblaciones.
Una precisión importante: el uso de transmisores en monos aulladores en Costa Rica está documentado científicamente, pero no existe evidencia en las fuentes consultadas que permita afirmar que actualmente, en septiembre de 2026, un equipo concreto esté realizando exactamente la operación descrita de colocar transmisores a una población. Por eso, esta nota presenta el tema como un fenómeno de investigación y conservación documentado, sin inventar un operativo actual.
Una especie adaptada a un paisaje que está cambiando
El mono aullador de manto es uno de los primates más reconocibles de Costa Rica. Su potente vocalización puede escucharse a grandes distancias y cumple funciones relacionadas con la comunicación entre grupos y la defensa de los espacios que utilizan.
Sin embargo, su capacidad para vivir en ambientes modificados no significa que la fragmentación del bosque sea inofensiva.
Cuando una gran extensión de selva es dividida por carreteras, cultivos, construcciones u otras actividades humanas, los animales dejan de disponer de un territorio continuo. En su lugar encuentran pequeñas «islas» de vegetación separadas entre sí.
Para un animal que pasa buena parte de su vida en los árboles, la existencia de esas separaciones puede convertirse en un problema especialmente importante.
Los investigadores han comprobado que los monos aulladores pueden modificar su comportamiento cuando viven en fragmentos forestales. Un estudio publicado en Primates en 2025 comparó poblaciones de Alouatta palliata en la Estación Biológica La Suerte, un fragmento de bosque, y la Estación de Investigación La Selva, ubicada en un bosque continuo. El trabajo reunió 1.505 horas de observaciones entre 2017 y 2024 y encontró diferencias significativas en la actividad y cohesión espacial de los animales.
El resultado es importante porque demuestra que la fragmentación no solamente cambia el paisaje visto desde un mapa. También puede cambiar la manera en que los animales utilizan ese paisaje.
¿Para qué sirven los transmisores?
La telemetría permite convertir el desplazamiento de un animal en información que los investigadores pueden analizar.
Dependiendo de la tecnología utilizada, un transmisor puede emitir una señal que permite localizar al individuo desde diferentes puntos. Con suficientes registros, los investigadores pueden reconstruir aproximadamente sus movimientos y estudiar aspectos como las zonas que visita con mayor frecuencia, los lugares donde se alimenta, los sitios donde descansa y las rutas que utiliza para desplazarse.
En investigaciones con primates, esta información puede combinarse con observaciones de comportamiento y datos ambientales.
Por ejemplo, si un mono aparece repetidamente en determinados árboles y posteriormente cruza una zona de vegetación que conecta dos fragmentos de bosque, esa ruta puede convertirse en un punto de interés para la conservación.
El uso de esta tecnología, sin embargo, también requiere precauciones. Un estudio publicado en 2005 específicamente analizó los posibles costos del radioseguimiento de una hembra joven adulta de Alouatta palliata en un bosque tropical seco de Costa Rica. Los autores señalaron que los beneficios científicos de los collares transmisores deben sopesarse frente a sus posibles efectos sobre los animales y a consideraciones de bienestar y ética de la investigación.
Esto significa que colocar un transmisor no es simplemente «poner un GPS» a un animal. El dispositivo debe ser adecuado para la especie y su peso, y el procedimiento debe realizarse bajo protocolos que reduzcan al máximo el impacto sobre el individuo.
Del animal al mapa: cómo se estudian sus corredores
Uno de los objetivos más interesantes del seguimiento es identificar los llamados corredores biológicos.
Un corredor no necesariamente es una franja perfectamente continua de selva. Puede ser un conjunto de áreas, árboles, bosques secundarios y otros elementos del paisaje que permiten que los animales se desplacen entre zonas de hábitat.
El Sistema Nacional de Áreas de Conservación de Costa Rica (SINAC) define los corredores biológicos como territorios destinados a proporcionar conectividad entre áreas protegidas y entre distintos paisajes, ecosistemas y hábitats, incluidos aquellos que han sido modificados por las actividades humanas.
En otras palabras, el objetivo no es solamente proteger un bosque aislado. También se busca evitar que las diferentes áreas naturales queden completamente desconectadas.
El movimiento de los monos aulladores puede proporcionar información útil para determinar dónde esa conectividad funciona y dónde existen obstáculos.
Cuando una carretera se convierte en una barrera
La fragmentación puede ser especialmente peligrosa cuando los animales necesitan atravesar zonas ocupadas por infraestructura humana.
Las carreteras, las líneas eléctricas y los espacios urbanos pueden generar riesgos de atropellamiento, electrocución, caídas o ataques de animales domésticos.
Un estudio realizado en Playa Hermosa, Guanacaste, muestra cómo el seguimiento de los desplazamientos puede utilizarse directamente para diseñar medidas de conservación. Durante una investigación desarrollada entre 2015 y 2016, los investigadores siguieron grupos de monos aulladores y registraron sus rutas mediante GPS. Posteriormente identificaron 20 puntos de alta utilización sobre infraestructura y claros del bosque, que fueron monitoreados mediante cámaras trampa.
Después de confirmar el uso de esas rutas, se instalaron puentes de dosel en los lugares seleccionados.
Estos puentes permiten que los animales puedan cruzar determinados obstáculos sin tener que bajar al suelo ni exponerse directamente al tráfico u otros peligros.
La experiencia muestra por qué conocer los movimientos de los animales puede ser mucho más útil que simplemente saber cuántos ejemplares existen.
El comportamiento también cuenta
Un corredor puede existir en un mapa, pero eso no significa automáticamente que todos los animales lo utilicen.
Por esa razón, los científicos también estudian el comportamiento.
En la investigación desarrollada entre La Suerte y La Selva, los investigadores encontraron que los monos del fragmento pequeño pasaban más tiempo alimentándose y viajaban más que los animales del bosque continuo, mientras que la cohesión espacial del grupo también era diferente.
Estos resultados muestran que los animales pueden realizar ajustes frente a la disponibilidad de recursos.
La fragmentación puede reducir la cantidad de árboles grandes y de alimento disponible. Frente a estas condiciones, un grupo puede verse obligado a recorrer mayores distancias o modificar cuánto tiempo dedica a alimentarse, descansar y desplazarse.
Esto es precisamente lo que hace tan valioso el monitoreo: el mapa del movimiento permite observar las consecuencias ecológicas de la transformación del territorio.
Los monos aulladores como indicadores del paisaje
Los monos aulladores también resultan interesantes para estudiar la conectividad porque pueden sobrevivir en determinados fragmentos de bosque y utilizar paisajes que ya han sido transformados.
Investigaciones realizadas en el paisaje agrícola de Pital, San Carlos, analizaron la distribución, composición y movimiento de grupos de Alouatta palliata en un área de aproximadamente 8.400 hectáreas. El estudio buscó entender cómo se distribuyen y desplazan los grupos en un territorio donde las actividades humanas tienen una presencia importante.
Esto permite utilizar al mono aullador como una especie cuya relación con el paisaje puede ayudar a detectar problemas de conectividad.
Si una población puede desplazarse entre determinados fragmentos, esas zonas podrían tener un valor especial para mantener la conexión ecológica.
Si, por el contrario, existen puntos donde los animales dejan de pasar, podría ser necesario restaurar vegetación, establecer pasos de fauna o implementar otras medidas.
Costa Rica y una estrategia que va más allá de una sola especie
El estudio de los monos aulladores se inserta en una estrategia de conservación más amplia.
El Programa Nacional de Corredores Biológicos del SINAC busca fortalecer la conectividad de los ecosistemas y las áreas protegidas de Costa Rica, además de promover la participación de comunidades y otros sectores en la conservación.
De acuerdo con el informe SEMEC 2025 del SINAC, Costa Rica cuenta con 55 corredores biológicos oficializados, que representan cerca del 42 % del territorio continental del país. Estos espacios buscan mantener la conectividad entre áreas silvestres protegidas, paisajes, ecosistemas y hábitats naturales o modificados.
Por eso, cuando un investigador estudia el movimiento de un mono aullador, el interés puede ir mucho más allá de ese individuo.
La información obtenida puede ayudar a entender cómo funciona un paisaje completo.
¿Qué pasa si los corredores desaparecen?
La pérdida de conectividad puede tener consecuencias que se acumulan con el tiempo.
Cuando una población queda aislada, disminuyen las posibilidades de desplazamiento entre diferentes áreas. Esto puede limitar el acceso a alimento, refugio o nuevos territorios y dificultar el intercambio entre grupos.
Además, los fragmentos pequeños de bosque suelen estar más expuestos a los llamados efectos de borde. La investigación realizada en La Suerte ha mostrado que la actividad y la cohesión espacial de los monos pueden variar dependiendo de si se encuentran en el interior del bosque o cerca de sus bordes.
Por eso, conservar solamente la superficie de bosque no siempre es suficiente.
También importa cómo está distribuido ese bosque y si los animales pueden utilizarlo como una red conectada.
La tecnología como herramienta de conservación
La utilización de transmisores, GPS, cámaras trampa y sistemas de información geográfica está transformando la manera en que los investigadores estudian la fauna.
Antes, buena parte de la información dependía de observar directamente a los animales durante períodos determinados. Actualmente, la combinación de diferentes herramientas permite obtener una visión mucho más amplia.
Un GPS puede ayudar a reconstruir una ruta.
Una cámara puede confirmar que una determinada zona es utilizada por los animales.
Las observaciones de campo permiten conocer qué estaban haciendo.
Y los mapas pueden cruzar toda esa información con carreteras, cultivos, ríos, viviendas, cobertura vegetal y áreas protegidas.
El resultado es una especie de mapa vivo del paisaje, donde las rutas de los animales ayudan a determinar qué zonas son realmente importantes.
El reto: proteger sin intervenir demasiado
El monitoreo científico también plantea una pregunta fundamental: ¿cómo estudiar a los animales sin alterar su comportamiento?
El caso de la telemetría en monos aulladores demuestra que esta cuestión no es secundaria. El estudio de Hilpert y Jones ya advertía sobre la necesidad de considerar el peso de los transmisores, sus posibles efectos y la relación entre los beneficios científicos y el bienestar de los animales.
Por eso, el monitoreo moderno de fauna requiere protocolos éticos, personal capacitado y permisos correspondientes.
El objetivo no debería ser obtener la mayor cantidad posible de datos a cualquier costo, sino conseguir información útil provocando la menor alteración posible en la vida del animal.
Una ruta que puede proteger a muchas especies
Quizá uno de los aspectos más importantes de este tipo de investigación es que un corredor identificado a partir del movimiento de monos aulladores no necesariamente beneficia únicamente a los monos.
Una conexión de bosque puede ser utilizada por numerosas especies de aves, mamíferos, reptiles, insectos y otros organismos.
De esta manera, una ruta aparentemente pequeña entre dos fragmentos puede formar parte de una red ecológica mucho más grande.
La conservación deja entonces de consistir exclusivamente en proteger áreas aisladas y comienza a enfocarse en mantener funcional todo el paisaje.
Una ventana hacia el futuro de los bosques tropicales
Costa Rica ha convertido los corredores biológicos en una pieza importante de su estrategia de conservación. El desafío ahora es mantenerlos funcionales frente al crecimiento urbano, la infraestructura, la agricultura y otros cambios en el territorio.
Los monos aulladores ofrecen una oportunidad particularmente interesante para observar este proceso.
Cada desplazamiento registrado puede revelar qué árboles utilizan, qué zonas evitan, qué obstáculos encuentran y qué fragmentos de bosque todavía permanecen conectados.
Por eso, detrás de un pequeño transmisor colocado cuidadosamente sobre un animal existe una pregunta mucho más grande: ¿puede un paisaje transformado por los seres humanos seguir funcionando como un hogar conectado para la vida silvestre?
Las investigaciones desarrolladas en Costa Rica sugieren que seguir los movimientos de los animales puede ayudar a encontrar la respuesta. Y, sobre todo, puede permitir que las decisiones de conservación se basen no solamente en lo que aparece en un mapa, sino en la manera en que la propia fauna utiliza y necesita ese territorio.


