Luego de la reciente y lamentable muerte de Roberto Roena, gran exponente de la salsa de los años 60, 70 y 80, es notable como poco a poco los grandes artistas de vieja data van partiendo de este mundo y no ha existido un remplazo fuerte, ni una generación que logre superarlos. Es cierto ese dicho que dice que “todo pasado siempre fue mejor” y eso en la música toma mucho valor, no solamente en la salsa sino es los demás géneros musicales los cuales han ido en decadencia.
Lo anterior se ha ido evidenciando cuando muchas personas, independiente de la generación en la que hayan nacido, han optado por seguir aferrados a la música de décadas atrás ya que la actual tiene un vacío conceptual y musical inmenso. Esto se ha dado gracias a la industrialización de los artistas quienes ya hacen canciones para vender las cuales caducan en menos de un mes y quedan en el olvido.
No pretendo juzgar a aquellos artistas que hacen música comercial ya que el factor dinero es determinante en esta industria en la cual, si no eres figura, difícilmente vivirás y te sustentarás el resto de tu vida. El pecado pasa porque la calidad musical se perdió con el pasar de los años, los instrumentalistas fueron remplazados gradualmente por programas de computador los cuales hacían todo sin necesidad de contratar grandes orquestas y músicos, ahorrándose así grandes cantidades de dinero.
El remplazo de los artistas por maquinas quienes lo hacen todo, generó que se pierda el aura de aquellas canciones que marcaron un hito en la historia.
Es pertinente, ante esta situación, que nosotros como consumidores de música seamos más conscientes de lo que escuchamos y llevamos a nuestros cerebros. Este arte es uno de los más importantes y valiosos con el que contamos en la humanidad y es importante que dejemos de hacer parte de esa industria vacía de la música actual y consumamos música de calidad que enriquezca el crecimiento intelectual de la gente y evitemos aquellas piezas que solamente son hechas para vender y no tienen ningún aporte al desarrollo de los jóvenes, quienes son unos de los principales consumidores de este arte en la actualidad.
El mismo trasegar del tiempo hizo que el inmediatismo y facilidad en la que vivimos en nuestra época, haga desechar música en menos de una semana. Los artistas, lastimosamente, dejaron de hacer música que a ellos realmente los apasiona solamente por componer canciones comerciales, un hecho totalmente respetable en una industria que va en decadencia y no tiene garantías para poder sobrevivir.
Por: Juan David Galviz.

