El filósofo mexicano Enrique Díaz Álvarez analiza en su libro Lo intolerable: repulsión, vergüenza y responsabilidad colectiva ante la crueldad contemporánea la manera en que la sociedad actual enfrenta las expresiones más brutales del poder. Su reflexión parte de una preocupación central: la crueldad se está convirtiendo en algo cada vez más visible, frecuente y, sobre todo, normalizado.
El autor sostiene que actualmente existe una “política de la crueldad”, caracterizada por acciones de poder que producen sufrimiento, humillación y violencia, pero que además son mostradas públicamente sin el mismo nivel de rechazo que provocaban en otras épocas. Para Díaz Álvarez, uno de los mayores peligros no es únicamente que ocurran estos actos, sino que las personas terminen acostumbrándose a ellos y reaccionen con indiferencia.
El libro comienza con una escena relacionada con un operativo migratorio en Estados Unidos, en la que un hombre es sujetado por un agente mientras abraza a su bebé. La imagen representa, para el filósofo, una muestra de cómo la violencia puede ejercerse sobre personas vulnerables y convertirse en una imagen más dentro del enorme flujo de información que reciben diariamente las sociedades.
La importancia de escuchar a las víctimas
Uno de los puntos centrales de la reflexión de Díaz Álvarez es la necesidad de escuchar a quienes sufren directamente la violencia. Para él, el testimonio de las víctimas continúa siendo una de las herramientas más importantes para comprender cómo funciona el poder.
Las personas que sufren violencia muchas veces no tienen más recurso que su propia palabra para explicar lo que han vivido. Por eso, considera fundamental visibilizar sus experiencias y evitar que sean reducidas a simples cifras o imágenes que desaparecen rápidamente de las redes sociales.
El autor considera que determinadas fotografías, videos y testimonios pueden provocar incomodidad, indignación o incluso rechazo físico. Sin embargo, precisamente esas emociones son importantes porque pueden impedir que la sociedad termine aceptando la violencia como algo cotidiano.
¿Qué significa la “política de la crueldad”?
Díaz Álvarez utiliza el concepto de “política de la crueldad” para describir determinadas formas contemporáneas de ejercer el poder mediante la violencia, la humillación y la deshumanización.
Según su análisis, este fenómeno puede observarse en diferentes conflictos y políticas actuales, como las guerras, las políticas migratorias y las acciones de gobiernos que criminalizan o persiguen a determinados grupos.
Una de las características que más le preocupa es que la crueldad ya no necesariamente intenta esconderse. En algunos casos, incluso se exhibe públicamente y puede convertirse en una herramienta política.
Esto supone un cambio importante: anteriormente, los actos de violencia podían intentar ocultarse para evitar la indignación pública. Ahora, determinadas imágenes pueden ser difundidas deliberadamente, generando una especie de espectáculo alrededor del sufrimiento.
La normalización de la violencia
Para el filósofo, uno de los grandes peligros de la sociedad contemporánea es que el umbral de tolerancia frente al dolor se ha ampliado.
Las personas reciben diariamente una enorme cantidad de imágenes relacionadas con guerras, asesinatos, violencia, desastres, conflictos políticos y sufrimiento. Después de observar tantas situaciones extremas, existe el riesgo de que algunas dejen de producir una reacción emocional.
Díaz Álvarez considera que la sociedad puede llegar a acostumbrarse a cosas que anteriormente habrían provocado rechazo inmediato.
El problema no es solamente la existencia de la crueldad, sino la posibilidad de que esta termine pareciendo normal.
Por eso, el autor propone recuperar emociones como la indignación, la vergüenza, la repulsión y la solidaridad, no como sentimientos negativos, sino como mecanismos que pueden ayudar a reconocer que algo está mal y que es necesario actuar.
“Pensar con todo el cuerpo”
Una de las ideas más importantes del libro es la invitación a “pensar con todo el cuerpo”.
Con esta expresión, el autor plantea que no debemos analizar la violencia únicamente desde una perspectiva racional o intelectual. También debemos permitir que las emociones nos afecten.
El dolor, la indignación, la incomodidad y la vergüenza pueden convertirse en señales que nos recuerden que existe una relación entre nosotros y las personas que están sufriendo.
Díaz Álvarez recupera en este punto las ideas de la filósofa María Zambrano, quien defendía la importancia de pensar también desde las emociones y las “entrañas”.
Para el autor, esta forma de pensamiento resulta especialmente importante en momentos de crisis, porque permite recuperar una sensibilidad que puede perderse cuando las personas se acostumbran a observar el sufrimiento a distancia.
La influencia de Michel Foucault
El filósofo también utiliza las ideas de Michel Foucault para analizar la relación entre poder, cuerpos y represión.
Foucault estudió la manera en que las instituciones ejercen poder sobre las personas y cómo ese poder puede convertirse en mecanismos de vigilancia, castigo y control.
Díaz Álvarez considera que estas ideas siguen siendo útiles para comprender situaciones actuales, especialmente en lugares como los centros de detención de migrantes.
Para entender realmente cómo funciona el poder, sostiene que no basta con observar las leyes o los discursos políticos. También es necesario mirar las condiciones concretas en las que viven las personas sometidas a ese poder.
Por ejemplo, sería necesario preguntarse qué comen, cómo duermen, qué atención médica reciben y cómo son tratadas las personas detenidas.
De esta manera, el análisis del poder se centra en los cuerpos reales de las personas, especialmente en aquellos que se encuentran en una situación de vulnerabilidad.
El poder ya no está solamente en los gobiernos
Otro aspecto importante de la reflexión es que las relaciones de poder han cambiado con la expansión tecnológica.
Díaz Álvarez plantea que actualmente el poder no se encuentra únicamente en los Estados y sus instituciones. También está presente en grandes empresas tecnológicas y en los sistemas digitales que recopilan información sobre las personas.
Cada vez que alguien utiliza una plataforma digital, realiza una búsqueda, comparte una fotografía o proporciona información sobre sus gustos y hábitos, genera datos que pueden ser utilizados por sistemas tecnológicos.
El autor considera preocupante que las personas cedan su privacidad de manera casi automática sin preguntarse cuáles pueden ser las consecuencias.
La tecnología puede utilizarse para conocer nuestros comportamientos, predecir nuestras preferencias y mantenernos dentro de determinadas “burbujas de eco”, donde recibimos principalmente información que coincide con nuestras propias ideas.
La transparencia también puede convertirse en una trampa
A partir del pensamiento de Foucault, Díaz Álvarez reflexiona sobre la idea de la transparencia.
En la sociedad digital existe una tendencia a compartir constantemente información personal. Las personas muestran dónde están, qué comen, qué compran, qué piensan y cuáles son sus intereses.
Aunque esto puede parecer una forma de libertad y conexión, también puede convertirse en una forma de vigilancia.
La paradoja consiste en que muchas veces somos nosotros mismos quienes entregamos voluntariamente la información que permite vigilarnos.
Por eso, el autor invita a desarrollar una actitud más crítica frente a la tecnología y a preguntarnos qué ocurre con los datos que proporcionamos diariamente.
La responsabilidad colectiva según Hannah Arendt
Otro de los conceptos fundamentales del libro es la responsabilidad colectiva, que Díaz Álvarez relaciona con el pensamiento de Hannah Arendt.
El autor diferencia entre culpa y responsabilidad.
La culpa corresponde a quien comete directamente una acción. La responsabilidad colectiva, en cambio, aparece cuando una persona pertenece a una sociedad o grupo en cuyo nombre se están realizando determinadas acciones, aunque personalmente no haya participado en ellas.
Por eso plantea una pregunta muy importante: ¿qué responsabilidad tenemos cuando se cometen actos injustos utilizando los recursos, instituciones o impuestos de nuestra sociedad?
Desde esta perspectiva, una persona puede decir que no quiere que se maltrate a un migrante en su nombre ni con los recursos públicos de los que también forma parte.
La responsabilidad colectiva, entonces, implica reconocer que formamos parte de una comunidad y que no podemos permanecer completamente indiferentes frente a lo que ocurre dentro de ella.
La vergüenza como una forma de resistencia
Díaz Álvarez considera que la vergüenza puede desempeñar un papel político importante.
Normalmente, la vergüenza se entiende como una emoción negativa. Sin embargo, el autor propone verla como una señal de que todavía existe una sensibilidad frente al sufrimiento de otras personas.
Sentir vergüenza ante una injusticia puede llevar a una persona a preguntarse qué puede hacer para evitar que continúe.
Por eso relaciona la vergüenza con la responsabilidad colectiva. Ambas pueden impulsar a las personas a salir de la indiferencia y expresar públicamente su rechazo.
El ejemplo de Minneapolis aparece en la entrevista como una muestra de ciudadanos que salieron a defender a migrantes porque los consideraban parte de su propia comunidad.
Para Díaz Álvarez, ese tipo de movilización demuestra que la solidaridad puede convertirse en una forma de resistencia política.
El problema de la indiferencia
Uno de los principales objetivos del libro es cuestionar la indiferencia ante el sufrimiento.
En una sociedad donde constantemente aparecen imágenes de violencia, las personas pueden desarrollar una especie de cansancio emocional.
En pocos segundos pueden pasar de observar una imagen agradable a una escena de guerra o violencia extrema. La rapidez con la que circula la información hace que una tragedia pueda ser reemplazada inmediatamente por otra noticia.
El autor considera que esta dinámica puede reducir nuestra capacidad para reaccionar ante el sufrimiento.
Por eso propone recuperar la capacidad de sorprendernos, indignarnos y preguntarnos por qué determinadas situaciones están ocurriendo.
La situación política en América Latina
Díaz Álvarez también considera que América Latina no está aislada de estos problemas.
Menciona diferentes países de la región y advierte sobre el crecimiento de discursos políticos que, desde su perspectiva, pueden poner en riesgo determinados derechos y libertades.
También muestra preocupación por los ataques contra instituciones educativas y universidades públicas, porque considera que estos espacios son fundamentales para desarrollar pensamiento crítico.
Para él, las universidades, el periodismo, la literatura y otras expresiones culturales pueden ayudar a cuestionar discursos autoritarios y evitar que determinadas ideas se conviertan en verdades incuestionables.
El papel de los ciudadanos y los votantes
Una reflexión particularmente importante aparece cuando se analiza por qué líderes políticos con discursos considerados autoritarios pueden llegar al poder mediante elecciones democráticas y, además, obtener un gran respaldo popular.
Díaz Álvarez considera que no basta con culpar a los líderes políticos. También es necesario analizar por qué millones de personas deciden apoyarlos.
El descontento social, la frustración económica, la inseguridad, la pérdida de confianza en las instituciones y la sensación de abandono pueden crear las condiciones para que estos movimientos políticos ganen fuerza.
Por eso, el autor considera necesario que otras fuerzas políticas desarrollen propuestas capaces de responder a las necesidades reales de la población.
El poder del arte, el periodismo y las historias
Frente a los discursos de odio y las narrativas que presentan a determinados grupos como enemigos, Díaz Álvarez encuentra una posibilidad de resistencia en el arte, el periodismo, la literatura, el cine y las historias personales.
Considera que el lenguaje es uno de los principales campos de batalla de la política contemporánea.
En una época dominada por las redes sociales, los mensajes rápidos, los insultos y la desinformación, contar historias profundas puede convertirse en una forma de resistencia.
El periodismo de investigación, los libros, las películas y las obras artísticas pueden mostrar aspectos de la realidad que los discursos políticos intentan ocultar o simplificar.
En particular, estas herramientas pueden ayudar a cuestionar la imagen del migrante como una persona necesariamente peligrosa o criminal.
Una llamada a recuperar la sensibilidad
La propuesta de Díaz Álvarez no consiste simplemente en denunciar la violencia. Su objetivo es provocar una reflexión sobre cómo reaccionamos frente a ella.
El autor considera que la sociedad necesita recuperar emociones como la fraternidad, la indignación y la solidaridad.
En su opinión, estas emociones pueden convertirse en herramientas políticas porque permiten reconocer que el sufrimiento de otra persona también afecta a la comunidad.
La fraternidad, además, no debería considerarse una idea antigua o ingenua, sino uno de los principios fundamentales sobre los que se construyeron importantes conceptos de ciudadanía y convivencia política.
Conclusión
En definitiva, Lo intolerable plantea una reflexión sobre una sociedad que corre el riesgo de acostumbrarse a la crueldad.
Enrique Díaz Álvarez sostiene que la violencia contemporánea no solo se manifiesta mediante guerras, detenciones o abusos de poder, sino también mediante la humillación pública, la deshumanización y la difusión constante de imágenes que pueden terminar insensibilizando a las personas.
Frente a esta situación, el filósofo propone recuperar la capacidad de sentir indignación y vergüenza ante aquello que resulta injusto. Para él, sentir no es una debilidad, sino una posible forma de resistencia.
También considera fundamental escuchar a las víctimas, proteger los derechos humanos, cuestionar el uso de la tecnología y los datos personales, fortalecer el pensamiento crítico y utilizar herramientas como el periodismo, el arte, la literatura y el cine para enfrentar los discursos que normalizan la exclusión.
La idea central es que no debemos acostumbrarnos a aquello que debería parecernos intolerable. La indiferencia puede hacer que la crueldad se vuelva cotidiana, mientras que la sensibilidad, la solidaridad y la responsabilidad colectiva pueden convertirse en herramientas para cuestionar el abuso de poder y defender la dignidad de quienes sufren.


