La guerra del rating: Yo Me Llamo contra MasterChef Celebrity en la misma franja horaria, con datos semanales

La gente ya no se conforma con observar: comenta, comparte opiniones, discute con otros, entra en la conversación como si formara parte del show.

La televisión abierta en Colombia vive estas semanas una de sus batallas más llamativas en términos de audiencia. Dos pesos pesados del entretenimiento coinciden como espectáculos nocturnos, y los números muestran una diferencia clara: la competencia existe, pero el liderazgo sigue en manos de Caracol.

Y es que Caracol ha puesto sobre la mesa la undécima temporada de Yo Me Llamo, ese formato de imitaciones que ya se ha ganado un lugar en el imaginario colectivo. RCN, por su parte, ha respondido con la octava edición de MasterChef Celebrity, donde 24 famosos de la televisión, el entretenimiento, el deporte y las redes sociales se juegan el pellejo frente a los fogones.

Los datos que arrojan las mediciones de audiencia dibujan un panorama claro, aunque conviene distinguir entre las diferentes metodologías utilizadas y recordar que las cifras publicadas corresponden principalmente a mediciones diarias que permiten observar una tendencia a lo largo de varias semanas.

Las mediciones difundidas recientemente por el Centro Nacional de Consultoría (CNC) muestran a Yo Me Llamo en cabeza de manera sostenida. El 5 de agosto, por ejemplo, registró 15,52 %, frente al 8,86 % de MasterChef Celebrity. El 20 de agosto la diferencia fue todavía mayor: 16,27 % frente a 7,37 %.

La tendencia también se hizo evidente en otras jornadas. El 19 de agosto, Yo Me Llamo marcó 14,73 %, mientras que MasterChef Celebrity obtuvo 7,83 %. El 24 de agosto, las cifras fueron de 15,60 % y 8,00 %, respectivamente.

Pero no hay que dar por muerto a MasterChef. El reality culinario de RCN se mantiene habitualmente entre los programas más vistos de la jornada y ha conseguido acercarse a los primeros puestos en varias ocasiones, aunque durante agosto la ventaja de Yo Me Llamo ha sido clara en las mediciones del CNC.

La diferencia también aparece cuando se consultan mediciones expresadas en puntos de audiencia para personas. En una medición correspondiente al 6 de agosto, por ejemplo, Yo Me Llamo registró 11,0 puntos y MasterChef Celebrity 5,3 puntos. En otra referencia publicada para esa misma jornada, las cifras fueron de 10,46 y 6,32 puntos, respectivamente. Esto demuestra por qué es importante no mezclar metodologías ni presentar como equivalentes mediciones procedentes de fuentes diferentes.

Lo que sí resulta evidente es que la competencia se desarrolla en el horario de mayor consumo televisivo, aunque no exactamente en la misma franja durante toda la noche. Yo Me Llamo comenzó su temporada a las 8:00 p. m., mientras que RCN ubicó posteriormente MasterChef Celebrity alrededor de las 9:00 p. m. Esto hace que exista un periodo de enfrentamiento directo entre ambos formatos, pero no que los dos programas ocupen exactamente la misma franja durante toda su emisión.

Lo que se percibe, en el fondo, es un pulso entre dos de los formatos de entretenimiento más reconocibles de la televisión colombiana. Yo Me Llamo apuesta por las imitaciones musicales, con Amparo Grisales y César Escola entre sus rostros históricos, y Elder Dayán Díaz como nueva incorporación al jurado. MasterChef Celebrity, por su parte, vuelve a reunir a celebridades alrededor de los fogones, con Claudia Bahamón como presentadora y Jorge Rausch, Nicolás de Zubiría y Belén Alonso en el jurado.

Por ahora, los números dejan poco espacio para la duda: Yo Me Llamo domina las mediciones del CNC disponibles durante agosto, mientras MasterChef Celebrity se mantiene como uno de los principales competidores de RCN en el prime time.

Perfiles de los imitadores más fuertes de la temporada 11 y quién tiene más camino

La undécima temporada de Yo Me Llamo avanza con un grupo de imitadores que ha recibido comentarios y recomendaciones de los jurados durante las diferentes etapas de la competencia. Amparo Grisales, César Escola y Elder Dayán analizan las presentaciones teniendo en cuenta aspectos como la voz, el manejo del aire, la afinación, la interpretación, la caracterización y la capacidad de acercarse al artista que cada participante busca imitar.

El imitador de Pablo Alborán ha recibido varias observaciones del jurado durante la competencia. En una de sus presentaciones interpretó “Por fin” y recibió comentarios relacionados con el uso del vibrato y el acento, además de recomendaciones sobre los aspectos que todavía debía trabajar para acercarse al doble exacto de su artista favorito. Posteriormente, al interpretar “Solamente tú”, César Escola señaló que todavía debía trabajar más el acento español, un aspecto que también había sido recomendado durante su paso por la Escuela.

La imitadora de Isabel Pantoja también ha recibido comentarios positivos y recomendaciones de los jurados. En una de sus primeras presentaciones interpretó “Así fue” y recibió elogios por su voz, aunque los expertos le señalaron que todavía podía pulir aspectos relacionados con su porte y con la construcción del personaje. El 20 de agosto interpretó “Marinero de luces” y logró erizar a Amparo Grisales, quien incluso se quedó sin palabras durante parte de la presentación. El jurado también destacó su evolución, aunque le pidió no descuidar la interpretación.

Otro de los participantes que ha recibido elogios es el imitador de Jon Bon Jovi. En su presentación de “Livin’ on a Prayer”, recibió comentarios positivos por su voz, el estallido vocal y el manejo del escenario. Los jurados también le recomendaron controlar mejor la energía durante la actuación.

La imitadora de Aída Cuevas también ha llamado la atención durante la competencia. En una de sus primeras presentaciones interpretó “Deja que salga la luna” y mostró un color y un tono que llamaron la atención del jurado. Durante la presentación consiguió mejorar algunos aspectos, pero los expertos le pidieron trabajar especialmente la entrada al personaje para conseguir desde el primer segundo una mayor conexión con la artista que está imitando.

500 millones de pesos: qué han hecho los ganadores anteriores con el premio

El dinero que reparten algunos de los concursos de mayor audiencia del país ha servido para que sus ganadores emprendan distintos proyectos una vez que las cámaras se apagan. Los casos documentados muestran que no existe una única forma de administrar esos recursos: algunos han optado por invertirlos en negocios, mientras otros han hablado de ayudar a sus familias o desarrollar proyectos personales.

En MasterChef Celebrity, el premio ha sido de 200 millones de pesos en varias de sus primeras ediciones. Piter Albeiro, campeón de 2018, contó que una parte del dinero la destinó a su empresa de renta de carros y que también dejó una parte para obras sociales. Otras publicaciones sobre el mismo caso señalan además su negocio de renta de autos y botes.

Adriana Lucía, ganadora de una de las primeras ediciones de MasterChef Celebrity, relató que, con la llegada de la pandemia, ella y su familia decidieron ayudar a las familias que trabajaban con ellos. La cantante explicó que tenían un restaurante y una clínica odontológica.

Carla Giraldo, por su parte, explicó que con el dinero que le quedara después de las deducciones quería comprar una tostadora para su negocio de café. También señaló que quería continuar trabajando con agricultores y campesinos y seguir desarrollando ese proyecto.

Ramiro Meneses, ganador de MasterChef Celebrity en 2022, recibió un premio de 200 millones de pesos. Según contó posteriormente, después de las deducciones utilizó parte del dinero restante para abrir un restaurante llamado Perro HP, inspirado en un viaje que había realizado a Nueva York. Más tarde explicó que el negocio no prosperó y que terminó perdiendo dinero con esa inversión.

En Yo Me Llamo, los premios han sido más altos en las temporadas recientes. Alejandro León, imitador de Camilo Sesto, ganó 500 millones de pesos en 2022. Posteriormente mostró públicamente una camioneta que había adquirido, aunque las fuentes consultadas no permiten afirmar que la compra se realizara con parte del premio.

Víctor Manuel Serna, imitador de Vicente Fernández, ganó la décima temporada de Yo Me Llamo en 2025 y recibió 500 millones de pesos. Además, durante la competencia acumuló otros 28 millones por sus victorias como Mejor de la Noche, por lo que obtuvo 528 millones de pesos en total. Tras la final explicó que quería invertir ese dinero pensando en el futuro de su familia, especialmente en su hija, montar su propio negocio y dejarle una casa.

Los casos documentados muestran destinos diferentes para el dinero de los premios: inversiones empresariales, proyectos relacionados con la gastronomía y el café, obras sociales y planes vinculados con la familia. Más allá de estos casos concretos, no sería riguroso afirmar que la mayoría de los ganadores utiliza el dinero de una determinada manera, porque las fuentes disponibles no permiten establecer un patrón general.

Por qué los formatos de imitación funcionan tan bien en Colombia

Hay quien piensa que el éxito de programas como Yo Me Llamo es una cuestión de suerte o de buena producción. Pero si se mira con perspectiva, lo que ocurre en la pantalla responde a una lógica cultural más profunda, con claves sociológicas que tienen que ver con la manera en que los colombianos se relacionan con la música, el talento y las historias de superación.

Lo primero que llama la atención es la identificación del público con los concursantes. No son estrellas ya formadas, ni artistas de carrera consolidada que llegan con un nombre en mayúsculas escrito en los carteles. Son personas de a pie, muchas veces llegadas de pueblos remotos o de oficios humildes, que encuentran en la imitación una forma de expresar todo el talento que llevan dentro.

Con una caracterización cuidada hasta el último detalle y horas de ensayo que no se ven en la pantalla, pero que se intuyen, consiguen transformarse en figuras de dimensión mundial. Ese viaje del anonimato al reconocimiento, ese salto del salón de la casa al escenario iluminado, tiene un componente aspiracional que cala hondo en una audiencia acostumbrada a valorar el esfuerzo por encima del privilegio de cuna.

Pero hay otro factor que no suele mencionarse tanto y que resulta igual de determinante: el carácter intergeneracional del programa. Los artistas que se imitan no responden a una sola época ni a un solo género; son universales. Abarcan desde los baladistas de los setenta, con su romanticismo de piano y cuerdas, hasta los exponentes del pop latino actual, pasando por la música popular de acordeón o la tradición vallenata que forma parte del patrimonio sonoro del país.

Esa diversidad hace que varias generaciones se sienten juntas frente al televisor, algo que no ocurre con otros formatos más especializados. Los abuelos reconocen las canciones de su juventud; los padres, las de sus primeros bailes; los jóvenes, aquellas que suenan con fuerza en las plataformas digitales. Ese puente entre edades es una rareza en el panorama actual de la televisión y explica buena parte de la fidelidad del público.

Luego está el contexto doméstico. En muchas casas colombianas, la franja nocturna se ha convertido en un espacio donde las pantallas se multiplican. El televisor sigue siendo el centro de la sala, el foco que reúne a la familia en torno a una experiencia compartida. Pero a su alrededor se despliegan móviles y tabletas con redes sociales donde se comenta cada actuación, se debate la decisión de los jueces y los fans apoyan a sus favoritos con mensajes que en minutos se vuelven virales.

El interés de apostar al ganador

Y el cambio de paradigma viene de la mano de quienes combinan la sintonización del programa con plataformas de entretenimiento alternativo, como las que ofrecen juegos de casino en línea o el sitio oficial de Stake en Colombia, que ha ganado tracción entre los colombianos como una opción de esparcimiento interactivo.

Esa convivencia entre lo que ocurre en la pantalla y lo que pasa en los dispositivos no le resta peso al concurso; más bien lo potencia, lo vuelve una experiencia que va más allá de sentarse a mirar sin más. La gente ya no se conforma con observar: comenta, comparte opiniones, discute con otros, entra en la conversación como si formara parte del show.

En el fondo, los formatos de imitación tienen algo que no envejece. Ver a alguien lanzarse a por un sueño sin reservas, no saber si el esfuerzo que está haciendo va a dar fruto, y saber que cualquiera, en ese escenario, podría encontrarse con su gran momento. Eso es lo que mantiene a la audiencia pegada al televisor, noche tras noche.

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