Mientras autoridades ambientales de Nariño trabajan contra el incendio forestal que consume el páramo de Cumbal desde el pasado 26 de agosto, Medellín ya enfrenta una realidad que podría reproducirse en el departamento sureño: Empresas Públicas de Medellín (EPM) activó el viernes pasado un racionamiento nocturno de agua para aproximadamente 300.000 habitantes de la capital antioqueña. La coincidencia no es casual: ambos eventos están conectados por el mismo fenómeno climático devastador, El Niño, cuya fase más severa el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) proyecta entre octubre de 2026 y enero de 2027, con más del 97% de probabilidad de que sus efectos persistan hasta marzo de 2027.
El déficit hídrico de Medellín revela la magnitud del desafío que se aproxima. El embalse de Piedras Blancas, columna vertebral del sistema en el centro-oriente y nororiente de la ciudad, registra un déficit de 120 litros por segundo, equivalente a perder cinco piscinas olímpicas de agua cada día. Las fuentes que abastecen el sistema aportan apenas 900 millones de litros diarios, pero el consumo del último mes superó los 940 millones, generando un desequilibrio estructural que obligó a racionar agua. Durante todo septiembre, 109.235 instalaciones quedaron sin servicio día de por medio, con posibilidad de que el racionamiento se extienda.
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