El próximo año se llevarán a cabo en Colombia las elecciones presidenciales y desde ahora se puede ver y escuchar a muchas personas peleando por sus candidatos, incluso entre amigos o familiares lo que deja entrever el poder e influencia que tienen los políticos para lavarles el cerebro y hacerles creer que son los salvadores de la patria.
Colombia cada vez está peor en cuanto al desnivel social que existe y lo que es peor es ver a una persona pobre peleando a favor de los culpables de su miseria y defendiendo a capa y espada a su candidato, cuando ellos ni se preocupan por el bienestar de su pueblo, sino en favorecer a los que colaboran con dinero en sus campañas.
Tal como lo dijo el expresidente uruguayo Pepe Mujica, Colombia sería una potencia económica si los ciudadanos dejan de votar por los corruptos que se roban nuestras riquezas.
En Colombia quien dice la verdad, quien habla sobre los grandes robos que han existido de los dineros públicos de la educación, la salud, las vías, etc, etc, es tachado de mentiroso, loco y en vez del pueblo aceptar la realidad, se van lanza en ristre con insultos y agresiones.
Precisamente encontré un texto en internet, que habla sobre la verdad y la mentira, desconozco al autor, pero deja una buena enseñanza.
“Cuenta la leyenda que un día doña Verdad y doña Mentira se cruzaron. – Buen día dijo doña Mentira. – Buenos días dijo doña Verdad. – Hermoso día dijo doña Mentira. Y entonces doña Verdad se asomó para ver si era cierto. Lo era. – Hermoso día dijo entonces doña Verdad. – Aún más hermoso está el lago, dijo doña Mentira. Y la Verdad miró hacia el lago y vio que la Mentira decía la verdad y asintió.
Corrió la mentira hacia el agua y dijo: el agua está aún más hermosa. ¡Nademos!
La Verdad tocó el agua con sus dedos y realmente estaba hermosa y entonces confió en la Mentira.
Ambas se sacaron las ropas y nadaron tranquilas. Un rato después salió doña Mentira, se vistió con las ropas de doña Verdad y se fue.
La Verdad, incapaz de vestirse con las ropas de la Mentira, comenzó a caminar sin ropa y todos se horrorizaban al verla.
Es así como aún hoy la gente prefiere aceptar a la Mentira disfrazada de Verdad y no a la Verdad desnuda”.
POR: Jaime Goyes Andrade

