Mauricio Muñoz

Incluyente exclusión

En días pasados, en las redes sociales se hizo viral un video en donde se observa a una joven que exige ser reconocida como una persona no binaria, para quienes no están muy familiarizados con el tema esto quiere decir que el sujeto en particular no se siente identificado ni como hombre ni como mujer, por esa razón pide no ser llamada con pronombres como El o Ella pues al no identificarse con ningún género, prefiere ser llamada como Elle, un punto intermedio.

No voy a dar ningún juicio de valor frente a tan particular situación, esto hace parte del libre desarrollo de la personalidad de cada ser humano, y como dicen por ahí, cada quien a lo suyo; sin embargo, quiero hacer algunas reflexiones sobre el daño que está haciendo este tipo de exigencias frente a las comunidades que realmente necesitan de una política de apertura e inclusión en el diario devenir de la sociedad.

Para este cometido no me quedaré con el paradigma tan vilipendiado de nuestros países tercermundistas, por el contrario, tomaré como referente al país de los derechos humanos, distinguido por sus ideas de avanzada, me refiero a Francia. En el país galo, meses atrás y según la noticia emitida por medios nacionales, se prohibió el uso del lenguaje inclusivo en los colegios al estimar que “constituye un obstáculo para la lectura y la comprensión de la escritura”, buscando así poner fin de manera oficial a un debate que divide desde hace años a los lingüistas y la comunidad educativa de esta nación europeo.

El francés Jean-Michel Blanquer, ministro de Educación enfatizó que “el lenguaje inclusivo puede evitar que los niños que padecen ciertas discapacidades o problemas de aprendizaje accedan al francés”.

Y es que lejos del discurso estéril de las formas opresoras del patriarcado en absolutamente todo lo que nos rodea, el uso de este tipo de lenguaje en primer término y como ya lo han dicho sin número de estudios lingüísticos, hace inentendible una conversación, al igual que presenta continuas dificultades al momento de escribir un texto; si tomamos esto en cuenta, al dar apertura a este tipo de situaciones estaríamos afectando a nuestros niños y niñas en sus escuelas pues se encasillarían en el aprendizaje de un lenguaje que no cumple su objetivo: comunicar y comunicar bien.

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Frente a lo que nos atañe, el lenguaje inclusivo constituye una afectación directa a otros tipos de lenguaje utilizados por las personas con discapacidades auditivas, visuales y vocales, quienes siguen estando relegados por la sociedad del descarte.

Espero que así como los medios le dan vitrina a tan «trascendental» debate, pasemos algún día a incentivar la enseñanza en escuelas y universidades de alternativas comunicativas realmente inclusivas como el lenguaje de señas, el sistema braille o la autodescripción y así aportemos nuestro granito en la construcción de una mejor sociedad, en donde todos se sientan incluidos, no relegados. 

Por: Mauricio Fernando Muñoz Mazuera