Bélgica avanza en distintas iniciativas para favorecer a los polinizadores mediante una gestión más ecológica de las zonas verdes situadas junto a las carreteras. Sin embargo, no existe evidencia oficial de que el Parlamento federal haya aprobado una ley que obligue a instalar corredores florales a lo largo de todas las autopistas nacionales. La realidad es más descentralizada: regiones como Flandes y Valonia están desarrollando políticas propias para convertir las bermas y otros espacios públicos en refugios para la biodiversidad.
La protección de abejas, mariposas, abejorros y otros insectos polinizadores ha ganado importancia dentro de las políticas ambientales europeas. En Bélgica, este objetivo se está trasladando progresivamente a la gestión de carreteras, canales, espacios públicos y terrenos pertenecientes a las administraciones.
Uno de los ejemplos más destacados se encuentra en Flandes, donde el gobierno regional aplica desde hace años criterios de gestión ecológica de las bermas, incluidas las zonas situadas junto a autopistas. Estas superficies pueden funcionar como hábitats y como corredores que conectan diferentes espacios naturales.
La idea de utilizar las carreteras como parte de una infraestructura verde no es nueva, pero está adquiriendo mayor relevancia debido a la pérdida de hábitats, la fragmentación del paisaje y la disminución de los recursos florales disponibles para los polinizadores.
No se trata de una nueva ley federal de “corredores florales”
El primer punto que debe aclararse es institucional.
Bélgica es un Estado federal y las competencias relacionadas con el transporte, las obras públicas, el medioambiente y la conservación de la naturaleza corresponden en gran medida a las regiones: Flandes, Valonia y Bruselas-Capital. El propio portal oficial del país señala que las regiones tienen competencias en transporte, obras públicas, medioambiente y conservación de la naturaleza.
Por ese motivo, una política sobre la vegetación de las autopistas no necesariamente se decide mediante una única legislación aprobada por el Parlamento federal.
La información oficial disponible en 2026 no permite confirmar la afirmación de que el Parlamento belga haya aprobado una obligación nacional para construir corredores florales en todas las autopistas.
Lo que sí existe es una serie de políticas regionales que buscan precisamente mejorar el valor ecológico de las carreteras.
Flandes ya utiliza las bermas como espacios para la biodiversidad
En Flandes, la Agencia de Carreteras y Tráfico, conocida como Agentschap Wegen en Verkeer (AWV), desarrolla desde hace años programas de gestión ecológica de las bermas.
La administración explica que las zonas verdes situadas junto a las carreteras pueden proporcionar hábitat para numerosas especies vegetales y animales. Para aumentar su biodiversidad, el manejo de estas áreas se adapta al tipo de vegetación existente y se intenta realizar la siega en momentos que permitan a las plantas completar sus ciclos de floración y reproducción.
Las reglas generales establecen que la primera siega de las bermas puede realizarse a partir del 15 de junio, mientras que una segunda intervención puede efectuarse a partir del 15 de septiembre. Existen excepciones cuando la seguridad vial exige actuar antes.
Esto es importante porque el objetivo no consiste simplemente en dejar crecer la vegetación sin control.
La gestión ecológica requiere determinar qué especies están presentes, cuándo florecen, qué tipo de suelo existe y cuáles son las necesidades de seguridad de cada carretera.
Las bermas pueden convertirse en corredores verdes
Una de las razones por las que las carreteras tienen interés desde el punto de vista ambiental es su extensión.
Aunque una autopista representa una barrera para muchas especies, las franjas de vegetación que la acompañan pueden cumplir una función completamente diferente.
Según la administración vial flamenca, las bermas pueden actuar como “cintas verdes” dentro del paisaje, conectando diferentes zonas naturales y facilitando el desplazamiento de determinadas especies.
Esta función es especialmente relevante en territorios densamente urbanizados y fragmentados.
Cuando bosques, praderas, humedales y campos quedan separados por carreteras, edificios y otras infraestructuras, las especies pueden encontrar dificultades para desplazarse entre sus diferentes hábitats.
Una red de espacios verdes conectados puede reducir parcialmente ese aislamiento.
¿Qué papel desempeñan las flores?
Los polinizadores necesitan encontrar alimento durante diferentes momentos del año.
Las abejas silvestres, por ejemplo, dependen de recursos florales para obtener néctar y polen. Las mariposas también requieren plantas específicas que les proporcionen alimento durante sus diferentes etapas de desarrollo.
Por ello, una franja vegetal no es necesariamente útil para la biodiversidad solo porque sea verde.
Una superficie dominada exclusivamente por determinadas especies de gramíneas puede ofrecer menos recursos a los polinizadores que un espacio con una mayor diversidad de plantas con flores.
La gestión ecológica busca precisamente aumentar esa diversidad.
En Flandes, las autoridades han señalado que las plantas con flores, hierbas y otras especies presentes en las bermas atraen insectos que utilizan estos espacios como fuente de alimento y refugio. Estos insectos, a su vez, forman parte de cadenas alimentarias más amplias que incluyen aves, arañas, anfibios, reptiles y otros animales.
La importancia de no cortar la vegetación demasiado pronto
Uno de los elementos centrales de este modelo es modificar el calendario tradicional de mantenimiento.
Cuando una zona se corta demasiado pronto, las plantas pueden no haber terminado de florecer ni producido semillas. Esto puede reducir su capacidad de reproducirse y, al mismo tiempo, disminuir temporalmente la cantidad de alimento disponible para los insectos.
Por eso, la normativa flamenca establece períodos generales para la siega de las bermas.
La administración explica que retirar posteriormente el material cortado también es importante. La eliminación del material vegetal contribuye a empobrecer progresivamente el suelo, una condición que puede favorecer determinadas comunidades de plantas herbáceas y florales frente a vegetaciones excesivamente dominadas por nutrientes y gramíneas.
Sin embargo, existe una excepción fundamental: la seguridad vial tiene prioridad.
Cuando la vegetación afecta la visibilidad de señales, cruces o determinados puntos de la carretera, puede ser necesario cortar antes.
Las autoridades flamencas contemplan intervenciones de seguridad desde mediados de abril en los lugares donde la vegetación representa un riesgo para la circulación.
Los planes de gestión de las autopistas ya existen
La protección de los polinizadores en las carreteras flamencas tampoco depende exclusivamente de una eventual nueva ley.
AWV explica que desde hace varios años desarrolla planes de gestión de bermas para los distritos de carreteras. Estos planes incluyen tanto autopistas como carreteras regionales.
Para elaborarlos se estudia la vegetación presente, la composición de las comunidades vegetales, la posible existencia de especies invasoras, las condiciones técnicas de mantenimiento y las necesidades de seguridad vial.
En otras palabras, el enfoque consiste en administrar las carreteras como infraestructuras que también poseen un componente ecológico.
Esto supone un cambio importante frente a una concepción tradicional en la que las zonas verdes junto a las carreteras eran consideradas únicamente espacios que debían mantenerse despejados.
Bélgica también trabaja en la protección de los polinizadores
La preocupación por los polinizadores es más amplia que las carreteras.
En Flandes existe un Plan de Acción para los Polinizadores Silvestres 2022-2030, cuyo objetivo es mejorar las condiciones de vida de las especies de polinizadores silvestres.
Durante debates parlamentarios regionales se ha planteado expresamente la posibilidad de utilizar terrenos pertenecientes a diferentes ámbitos de la administración, incluidas las bermas de carreteras y canales, para favorecer a estos animales.
El Parlamento flamenco también ha señalado acciones como la creación de reservas para polinizadores silvestres, la promoción de pequeños elementos del paisaje con floración y la incorporación de plantas autóctonas.
Además, en 2025 se puso en marcha un grupo de expertos encargado de trabajar en una visión sobre la gestión ecológica de las bermas de carreteras y vías navegables.
Esto muestra que existe una política pública real detrás del concepto de corredores verdes, aunque no equivale a una ley federal que ordene construir corredores florales en todas las autopistas.
Valonia también apuesta por los bordes de carretera
La estrategia no se limita a Flandes.
En Valonia, la administración regional mantiene una política específica sobre la biodiversidad de los bordes de las carreteras.
La plataforma oficial de biodiversidad de Valonia explica que los márgenes, cunetas y taludes pueden constituir pequeños hábitats para numerosas especies animales, vegetales y de hongos. Las plantas con flores presentes en estos espacios pueden proporcionar recursos importantes para insectos y otros organismos.
La gestión de estas zonas debe equilibrar varios objetivos.
Entre ellos se encuentran la conservación de la biodiversidad, la prevención de especies invasoras, el mantenimiento de la infraestructura y, sobre todo, la seguridad de los conductores y peatones.
La propia administración valona señala que la siega debe garantizar la visibilidad entre los conductores, mantener despejada la señalización y permitir una circulación segura.
La restauración de la naturaleza impulsa nuevas medidas
Otro elemento que puede acelerar estas políticas es la aplicación del Reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza.
En Valonia se están desarrollando análisis específicos sobre las medidas necesarias para cumplir los objetivos europeos relacionados con los polinizadores.
La administración regional indica que estos trabajos buscan mejorar los hábitats, aumentar la disponibilidad de recursos florales y reducir las presiones que afectan a las poblaciones de polinizadores. Las medidas se estudian para diferentes ambientes, entre ellos zonas agrícolas, forestales, naturales, rurales y urbanas.
Entre las propuestas estudiadas aparecen las bandas florales, las zonas de acogida para insectos polinizadores y otras áreas capaces de mantener recursos florales durante diferentes períodos del año.
¿Por qué los polinizadores son tan importantes?
La protección de estos insectos tiene consecuencias que van mucho más allá de la conservación de las abejas.
Los polinizadores participan en la reproducción de numerosas especies vegetales. Las abejas, abejorros, mariposas, sírfidos y otros insectos transportan polen entre flores, permitiendo la fecundación de las plantas.
La pérdida de estos organismos puede alterar ecosistemas completos.
Además, una parte importante de la producción agrícola depende directa o indirectamente de la polinización animal.
Por ello, conservar los espacios donde estos organismos pueden alimentarse, reproducirse y refugiarse se ha convertido en una de las estrategias utilizadas para mejorar la resiliencia de los ecosistemas.
Las carreteras también presentan riesgos
Convertir las bermas en espacios de biodiversidad no significa que las carreteras se conviertan automáticamente en hábitats ideales.
El tráfico genera ruido, contaminación y riesgo de mortalidad para los animales que intentan cruzar.
También existe el riesgo de que una franja vegetal aparentemente beneficiosa atraiga animales hacia zonas peligrosas.
Por esa razón, las políticas de infraestructura verde deben diseñarse cuidadosamente.
La gestión flamenca reconoce que las bermas pueden desempeñar una función de conexión ecológica, pero también contempla medidas de desfragmentación para permitir que los animales se desplacen de forma segura entre diferentes áreas naturales.
Esto significa que una política efectiva no debería limitarse a sembrar flores.
También puede requerir pasos de fauna, barreras adecuadas, conexiones entre hábitats, control de especies invasoras y una gestión diferenciada de la vegetación.
El reto de combinar biodiversidad y seguridad vial
Uno de los principales desafíos de estas políticas es encontrar el equilibrio entre conservación y seguridad.
Una carretera necesita mantener despejadas determinadas áreas para garantizar que los conductores puedan ver señales, vehículos, peatones y animales que puedan aparecer en la vía.
Por eso, el mantenimiento ecológico no significa abandonar el cuidado de las carreteras.
La estrategia consiste en determinar dónde y cuándo puede mantenerse una vegetación más alta y diversa sin comprometer la seguridad.
En Flandes, por ejemplo, la gestión se adapta a las características de cada zona y permite realizar intervenciones anticipadas cuando existe un problema de visibilidad.
Una política que puede extenderse en los próximos años
La tendencia europea apunta hacia una mayor integración de la biodiversidad dentro de las infraestructuras.
Las carreteras ocupan grandes superficies y atraviesan prácticamente todos los paisajes. Aunque su función principal es permitir el transporte, sus márgenes pueden convertirse en espacios complementarios para la naturaleza si se gestionan adecuadamente.
En Bélgica, esta transición ya está en marcha de diferentes maneras.
Flandes cuenta con planes de gestión ecológica de las bermas, un plan específico para los polinizadores silvestres y grupos de expertos que trabajan en nuevas estrategias. Valonia, por su parte, analiza medidas destinadas a mejorar los recursos florales y los hábitats de los polinizadores dentro de la aplicación de la normativa europea de restauración de la naturaleza.
Por tanto, aunque la afirmación de que “el Parlamento belga aprobó corredores florales obligatorios a lo largo de las autopistas nacionales” no está respaldada por las fuentes oficiales consultadas, sí existe una tendencia real hacia una gestión más favorable a la biodiversidad de los espacios situados junto a las carreteras.
¿Qué podría significar para el futuro?
Si estas políticas continúan ampliándose, las autopistas podrían desempeñar una función adicional dentro de la infraestructura ecológica de Bélgica.
Las bermas podrían proporcionar alimento a los polinizadores, servir como refugio para determinadas especies vegetales y animales y ayudar a conectar áreas naturales que actualmente están aisladas.
Pero el éxito dependerá de varios factores: selección adecuada de especies, mantenimiento ecológico, reducción de pesticidas, control de especies invasoras, continuidad de los recursos florales y compatibilidad con la seguridad vial.
El concepto de “corredor floral” resulta atractivo porque convierte espacios que normalmente se consideran secundarios en elementos potencialmente útiles para la conservación.
Sin embargo, el caso belga demuestra también que la realidad es más compleja que una simple decisión parlamentaria.
En lugar de una única ley nacional que obligue a llenar de flores las autopistas, Bélgica está avanzando mediante políticas regionales, planes de gestión, estrategias de conservación y aplicación de objetivos europeos de restauración de la naturaleza.
La dirección es clara: las carreteras ya no son vistas únicamente como infraestructuras para automóviles. Sus márgenes también pueden formar parte de una red más amplia de espacios verdes destinados a recuperar biodiversidad y ofrecer mejores condiciones a los polinizadores.
