Por: Juan Miguel Narváez Eraso.
Las tradiciones indígenas que unen el barro y el fuego representan la fusión de la ‘Madre Tierra’ con la energía vital del universo. Para nuestras comunidades, moldear arcilla y someterla al calor del fuego no es solo una técnica de manufactura o cocina, sino un acto sagrado de creación y conexión espiritual.
Por eso, ‘Cerámicas, tierra y fuego’ se ubica y consolida su diseño, producción y comercialización de cerámica desde el territorio ancestral de Obonuco, bajo la dirección de la artista plástica Floralba Achicanoy y de su maestro tutor en cerámicas Jaime Armando Muñoz Lara, reconocido maestro por su trayectoria artística en el departamento de Nariño.
El taller ubicado en un territorio con asentamiento indígena Quillasinga y a cargo de una mujer perteneciente a su cabildo, se gesta desde el año 2012 como un proyecto productivo cuya misión se desarrolla en concordancia con la identidad y el territorio
En cada obra, la emprendedora lleva a efecto una propuesta de cerámica autónoma, propia y responsable con los positivos impactos que a partir de este taller se le brinda a Obonuco. Al formar e incorporar mano de obra del territorio y en especial la de mujeres jóvenes, hace de su taller, un referente productivo artístico-cultural que a su vez enriquece la oferta turística de Obonuco.
En sus producciones artesanales, lleva a efecto un proceso formativo (en este difícil oficio) y productivo que se abre paso con sus cerámicas elaboradas en tierra y fuego, como un nuevo producto artesanal que guarda y realza el bagaje cultural de una raza y de nuestra cultura nariñense.



