Una de las especies de magnolia más amenazadas de Colombia enfrenta un delicado panorama de conservación. Se trata de la hojarasca, cuyo nombre científico es Magnolia caricifragans, un árbol endémico de los bosques nublados de la cordillera Oriental y que actualmente cuenta con apenas 50 individuos conocidos.
La especie está clasificada como En Peligro y sobrevive en poblaciones aisladas dentro de un paisaje que ha sido transformado por la actividad humana. La expansión agrícola, la tala y la pérdida de los bosques andinos han reducido considerablemente el hábitat necesario para su supervivencia.
Además de ser una especie única de Colombia, la hojarasca cumple un papel importante dentro de los ecosistemas donde crece. Los bosques húmedos y de niebla en los que habita contribuyen a la regulación del agua, el almacenamiento de carbono y la conservación de numerosas especies de fauna y flora.
Frente a esta situación, investigadores y organizaciones ambientales adelantan desde 2025 un proyecto de conservación que incluye siete especies de magnolias endémicas de la cordillera Oriental. Las acciones contemplan investigación de campo, propagación de plántulas, restauración de hábitats y educación ambiental con las comunidades.
Los avances en reproducción asistida también generan esperanza. Los especialistas han conseguido realizar procesos de polinización manual y germinación de semillas, aumentando las posibilidades de contar con nuevas plantas para recuperar los bosques donde estas especies han desaparecido.
La conservación de la hojarasca representa mucho más que la protección de un árbol en peligro. Su supervivencia está ligada a la preservación de una parte irremplazable de la biodiversidad colombiana y de los ecosistemas andinos que la sostienen.
