Un importante descubrimiento paleontológico en Patagonia ha aportado nuevas pistas sobre la evolución de los mamíferos durante los últimos millones de años de la era de los dinosaurios. Los restos fósiles de una especie hasta entonces desconocida, bautizada como Patagomaia chainko, fueron encontrados en el sur de Argentina y permitieron identificar a un animal que habría alcanzado una masa corporal aproximada de 14 kilogramos, un tamaño considerable para un mamífero del Cretácico.
El hallazgo fue descrito científicamente en 2024 por un equipo internacional de investigadores y publicado en la revista Scientific Reports. Los fósiles proceden de la Formación Chorrillo, en la provincia argentina de Santa Cruz, una región situada cerca de El Calafate que se ha convertido en una fuente cada vez más importante de información sobre los ecosistemas que existieron en el extremo sur de Sudamérica hacia el final del Cretácico.
Sin embargo, hay una precisión importante sobre la idea inicial de que se trataría de un mamífero herbívoro: los restos conocidos de Patagomaia chainko corresponden principalmente a fragmentos de la pelvis y de las extremidades posteriores, por lo que la dieta del animal no puede establecerse con certeza a partir de la evidencia disponible. La investigación original se centró principalmente en su tamaño, anatomía y posición evolutiva, no en demostrar que fuera herbívoro.
Un mamífero inesperadamente grande en la era de los dinosaurios
Durante décadas, la imagen predominante de los mamíferos del Mesozoico fue la de pequeños animales, frecuentemente comparados con musarañas o roedores modernos, que vivían a la sombra de los grandes dinosaurios. Aunque esa visión ha sido modificada por descubrimientos realizados en distintas partes del mundo, Patagomaia chainko destaca especialmente por su tamaño.
Los investigadores estimaron que el ejemplar conocido pudo haber alcanzado una masa corporal cercana a los 14 kilogramos, una cifra muy superior a la de muchos mamíferos contemporáneos de otras regiones del planeta. El animal habría tenido un tamaño comparable al de un zorro colorado o un perro pequeño-mediano y habría superado ampliamente los aproximadamente 5 kilogramos que, según las comparaciones utilizadas en el estudio, representaban el máximo estimado para los terios contemporáneos conocidos de Laurasia, el antiguo bloque continental que incluía gran parte del hemisferio norte.
La importancia del descubrimiento radica precisamente en esa diferencia. Los resultados sugieren que algunos mamíferos de Gondwana, el antiguo conjunto de masas continentales del hemisferio sur, pudieron alcanzar tamaños relativamente grandes antes de la extinción masiva que puso fin a la era de los dinosaurios no avianos.
Restos hallados en la Formación Chorrillo
Los fósiles fueron recuperados en la Formación Chorrillo, una unidad geológica del sur de la Patagonia argentina que conserva evidencias de ecosistemas del Cretácico tardío. Esta región ha revelado restos de dinosaurios, aves, reptiles y distintos grupos de mamíferos, lo que permite reconstruir una imagen cada vez más compleja de la biodiversidad que existía allí hace alrededor de 70 millones de años.
Los restos atribuidos originalmente a Patagomaia chainko incluyen elementos de la pelvis y de las patas traseras. A partir de estos huesos, los investigadores realizaron comparaciones anatómicas y estimaciones de tamaño corporal. Además, el análisis microscópico de algunos tejidos óseos indicó que el ejemplar estudiado había alcanzado la madurez somática, lo que refuerza la interpretación de que su considerable tamaño no se debía simplemente a que se tratara de un individuo juvenil en crecimiento.
El trabajo científico también planteó que el animal probablemente era terrestre. La anatomía conocida no apunta a un mamífero especializado para la vida arbórea, el vuelo o la natación, aunque la información disponible sigue siendo limitada debido a que todavía no se ha recuperado un esqueleto completo.
¿Un terio primitivo o un miembro de otro grupo?
Uno de los aspectos más interesantes del caso es que la clasificación evolutiva de Patagomaia chainko ha sido objeto de debate científico.
El estudio original describió al animal como un miembro de Theria, el gran linaje que incluye a los mamíferos marsupiales y placentarios actuales. De confirmarse plenamente esa interpretación, el fósil tendría una enorme importancia para comprender la presencia y evolución temprana de estos grupos en Sudamérica durante el Cretácico.
Sin embargo, meses después de la publicación del estudio original, otros investigadores plantearon una alternativa: Patagomaia podría pertenecer a los gondwanaterios, un grupo extinto de mamíferos conocido principalmente en antiguos territorios de Gondwana.
La discusión fue publicada también en Scientific Reports. Los autores de esa crítica sostuvieron que algunos rasgos utilizados para relacionar a Patagomaia con los terios también podían encontrarse en gondwanaterios y que, debido a la naturaleza fragmentaria del fósil, otra interpretación evolutiva era posible.
Los autores del descubrimiento respondieron posteriormente defendiendo su propuesta original y señalaron las dificultades existentes para clasificar grupos fósiles conocidos a partir de restos incompletos. El intercambio científico no invalida el descubrimiento de la especie, pero sí demuestra que la posición exacta de Patagomaia dentro del árbol evolutivo continúa siendo objeto de investigación.
Una Patagonia muy diferente a la actual
El paisaje donde hoy se encuentran estos fósiles poco tenía que ver con la Patagonia moderna. Los estudios paleobotánicos y palinológicos de la Formación Chorrillo indican que, durante el Cretácico tardío, la región se desarrollaba bajo condiciones climáticas húmedas, entre tropicales y templadas, a pesar de encontrarse en altas latitudes del hemisferio sur.
En aquel ambiente convivían numerosos grupos de animales. La fauna conocida incluye dinosaurios, aves primitivas, tortugas, reptiles y varios tipos de mamíferos. Investigaciones posteriores han seguido ampliando la lista de especies registradas en la Formación Chorrillo y han identificado una diversidad de mamíferos mayor de la que se conocía inicialmente.
Esto convierte al extremo sur de la Patagonia en una región fundamental para estudiar cómo eran los ecosistemas cercanos al final de la era de los dinosaurios.
Un hallazgo que cambia la percepción sobre los mamíferos prehistóricos
La relevancia de Patagomaia chainko va más allá de una nueva especie. Su tamaño cuestiona la idea simplificada de que todos los mamíferos que convivieron con los dinosaurios eran animales diminutos y ecológicamente poco diversos.
La evidencia fósil acumulada durante las últimas décadas ha mostrado que los mamíferos mesozoicos desarrollaron adaptaciones mucho más variadas de lo que se pensaba anteriormente. Algunos grupos presentaban adaptaciones para cavar, nadar o desplazarse por distintos ambientes, mientras que otros alcanzaron tamaños considerables.
En el caso de Patagomaia, los investigadores señalaron que los mamíferos de Gondwana pudieron haber alcanzado grandes tamaños corporales antes que sus equivalentes conocidos de ciertas regiones del hemisferio norte. Esta posibilidad refuerza la importancia de estudiar el registro fósil del sur del planeta, históricamente menos conocido que el de Europa, Asia o América del Norte.
Patagonia, una ventana hacia el final de la era de los dinosaurios
El descubrimiento también pone de relieve el valor paleontológico de la Patagonia argentina. Cada nueva expedición y cada nuevo análisis de los materiales recuperados permite completar un rompecabezas que todavía está lejos de estar terminado.
La Formación Chorrillo ha proporcionado evidencias de una comunidad de vertebrados diversa, y los trabajos recientes han seguido incorporando nuevos restos y posibles especies a su registro. Según investigaciones presentadas por especialistas vinculados al CONICET, la diversidad de mamíferos identificada en esta formación ha aumentado con el estudio de materiales recolectados en distintas campañas realizadas desde 2020.
La posibilidad de encontrar nuevos cráneos, dientes u otras partes del esqueleto de Patagomaia chainko podría ser fundamental para responder preguntas que todavía permanecen abiertas, entre ellas su dieta, su aspecto general y su ubicación definitiva dentro de la evolución de los mamíferos.
Un fósil que todavía tiene preguntas por responder
A pesar de la importancia del hallazgo, Patagomaia chainko sigue siendo una especie enigmática. Los restos recuperados permiten estimar su tamaño y estudiar parte de su anatomía, pero no ofrecen todavía una imagen completa del animal.
Por esa razón, cualquier reconstrucción detallada de su apariencia o de su alimentación debe considerarse provisional. No existe evidencia suficiente en el material publicado para afirmar de manera concluyente que fuera un mamífero herbívoro, aunque futuras excavaciones podrían aportar dientes, mandíbulas u otros elementos capaces de revelar con mayor precisión su dieta.
Lo que sí está respaldado por la evidencia disponible es que se trató de un mamífero de gran tamaño para su época, que vivió en la Patagonia argentina durante el Cretácico tardío y que su descubrimiento abrió una discusión relevante sobre la evolución y diversidad de los mamíferos en el hemisferio sur.
A unos 70 millones de años de distancia, los fragmentos de hueso encontrados en la Patagonia continúan ofreciendo nuevas preguntas. Patagomaia chainko no solo amplía el catálogo de especies prehistóricas de Argentina: también recuerda que la historia de los mamíferos durante la era de los dinosaurios fue mucho más diversa y compleja de lo que durante mucho tiempo se creyó.



