El pasado 22 de julio de 2026, la Oficina de Relaciones Internacionales e Interinstitucionales del Politécnico Grancolombiano reconoció a Torres Maya por su participación en la clase virtual “La batalla por la mente humana”, desarrollada en el marco de las Clases Espejo 2026-1. El reconocimiento representa un nuevo capítulo de una investigación que durante años ha buscado establecer puentes entre diferentes campos del conocimiento, particularmente entre educación, inclusión, rehabilitación, teología y neuropedagogía.
Memoria
En 2008, durante su paso por la Universidad de Nariño, Gerardo Iván Torres Maya desarrolló la investigación “Una aproximación a Violetas del Sur de Alberto Orguerob”, centrada en la obra del escritor pastuso Carlos Augusto Guerrero Orbegozo.
El propósito era recuperar la producción literaria de un autor que permanecía prácticamente fuera de la conversación cultural contemporánea y reconstruir el contexto histórico y literario en el que surgió su obra.
Años después, este trabajo fue retomado por Diario del Sur, destacando la manera en que aquella investigación universitaria permitió volver a poner en circulación la obra Violetas del Sur y rescatar una parte de la memoria literaria del departamento.
Sin embargo, aquella investigación terminó siendo mucho más que un acercamiento a un libro.
Fue el punto de partida de una trayectoria marcada por una pregunta que, con el paso de los años, se hizo cada vez más amplia: ¿cómo utilizar el conocimiento para recuperar aquello que parece olvidado, limitado o perdido?
De la literatura a la inclusión
La formación de Torres Maya comenzó a abrir nuevas puertas. Es licenciado en Castellano y Literatura, especialista en Inclusión y magíster en Teología, y actualmente adelanta estudios doctorales en Neuropedagogía.
Su experiencia profesional también ha estado ligada a escenarios educativos y de rehabilitación, especialmente al trabajo con personas con discapacidad y talentos excepcionales.
Uno de los episodios que marcó su trayectoria ocurrió durante su formación en inclusión, cuando tuvo que afrontar el reto de enseñar a leer y escribir a una persona sordociega con síndrome de Usher.
La experiencia llevó la teoría a la práctica y planteó un desafío que trascendía los métodos tradicionales de enseñanza: ¿cómo construir aprendizaje cuando las condiciones para acceder al conocimiento son completamente diferentes?
Desde entonces, educación e inclusión comenzaron a convertirse en dos caras de una misma búsqueda.
La pregunta se amplió hacia el funcionamiento del cerebro, las emociones, la toma de decisiones, el aprendizaje y las posibilidades de recuperación de capacidades, pero también hacia una cuestión más profunda: qué ocurre con la persona cuando la educación y la rehabilitación no se limitan al cuerpo o a la cognición, sino que incorporan su mundo emocional, espiritual, existencial y de significado.
De la inclusión a la neuroteología
Tras la aproximación inicial a Violetas del Sur, la investigación de Torres Maya evolucionó hacia “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, trabajo en el que el componente teológico adquirió una mayor presencia.
En particular, su cuarto capítulo aborda la neuroteología, campo interdisciplinario que explora las relaciones entre cerebro, experiencia religiosa, espiritualidad y experiencia humana. En este proceso dialoga con los aportes de Andrew Newberg, especialmente sus investigaciones sobre las experiencias religiosas y los procesos cerebrales, y con la perspectiva existencial de Viktor Frankl, para quien la búsqueda de sentido constituye una dimensión fundamental de la existencia humana.
Desde una perspectiva teológico-científica, esta aproximación no pretende reducir la espiritualidad a una actividad cerebral ni convertir la experiencia religiosa en una simple explicación neurológica. Por el contrario, plantea un diálogo entre diferentes niveles de comprensión del ser humano: el biológico, el psicológico, el educativo, el social, el espiritual y el existencial.
Esta distinción resulta fundamental. La ciencia puede estudiar correlatos neurológicos de determinadas experiencias espirituales, mientras que la teología y la filosofía abordan preguntas relacionadas con el sentido, la trascendencia, la libertad, la dignidad y la finalidad de la existencia. El interés de la propuesta está precisamente en explorar el diálogo posible entre estos campos sin confundir sus métodos ni sus objetos de estudio.
Entre sombras: discapacidad, cerebro y significado
Posteriormente, la investigación tomó otro rumbo con “Entre Sombras”, trabajo que llevó esta mirada hacia el campo de la discapacidad.
En esta etapa, Torres Maya comenzó a dialogar y complementar perspectivas provenientes de autores como Alexander Luria, Lev Vygotsky, Paul Ricœur, Umberto Eco y Edgar Morin, entre otros.
Los aportes de estos pensadores permitieron ampliar la reflexión sobre el cerebro, el desarrollo, el lenguaje, la cultura, la interpretación, la construcción de significado y la complejidad humana.
Así, la discapacidad dejó de ser entendida exclusivamente desde una condición física, sensorial o cognitiva para ser observada también desde la experiencia de la persona, su contexto, sus posibilidades de aprendizaje, sus relaciones y la manera en que construye significado a partir de su propia historia.
Esta evolución conecta con una de las preocupaciones centrales de la investigación: comprender al ser humano no como la suma aislada de órganos, funciones o diagnósticos, sino como una realidad compleja en la que interactúan múltiples dimensiones.
El cerebro, el aprendizaje y la rehabilitación
Actualmente, Torres Maya trabaja en la sistematización de una propuesta denominada “El Método Torres”, investigación que desarrolla desde 2009 y que forma parte de su proceso doctoral en Neuropedagogía.
La propuesta pretende establecer conexiones entre disciplinas que con frecuencia son abordadas de manera independiente, como las neurociencias, la educación, la psicología, las ciencias de la salud, la rehabilitación y la teología.
Desde esta perspectiva, el ser humano es observado a partir de seis dimensiones interrelacionadas: corpórea, cognitiva, emocional, ejecutiva, espiritual y noética.
La dimensión corpórea se relaciona con el cuerpo y sus procesos; la cognitiva, con el aprendizaje y la comprensión; la emocional, con la influencia de las emociones; la ejecutiva, con la planificación, la autorregulación y la toma de decisiones; la espiritual, con la dimensión interior y trascendente; y la noética, con la manera en que una persona codifica, decodifica, interpreta y resignifica aquello que vive.
La incorporación de estas dimensiones busca ampliar una mirada exclusivamente fragmentada de la persona y proponer una comprensión integral de los procesos de aprendizaje, restauración y desarrollo humano.
Hacia el Modelo Torres de Restauración Humana
Este recorrido, construido desde diferentes escenarios académicos e institucionales —entre ellos la Universidad de Nariño, CESMAG y la Fundación Universitaria Seminario Bautista Internacional— encuentra actualmente un nuevo escenario en CESUMA, en México, donde Torres Maya cursa estudios de Neuropedagogía.
En este contexto converge la sistematización de El Método Torres, concebido como ejecutor del denominado Modelo Torres de Restauración Humana.
La propuesta busca ampliar el horizonte del modelo biopsicosocial planteado por el psiquiatra estadounidense George Engel en 1977, quien cuestionó la reducción de los procesos de salud y enfermedad a explicaciones exclusivamente biomédicas y planteó la necesidad de considerar la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales.
Sobre esa base, el Modelo Torres plantea una ampliación hacia dimensiones relacionadas con la espiritualidad, la experiencia subjetiva, la capacidad ejecutiva y la construcción de significado.
En términos teológico-científicos, el planteamiento parte de una premisa: la restauración humana no puede comprenderse únicamente desde aquello que puede medirse en el cuerpo, ni exclusivamente desde aquello que puede explicarse desde la mente o el entorno social. También debe considerarse la manera en que la persona interpreta su existencia, enfrenta el sufrimiento, construye sentido, establece vínculos y, desde su propia cosmovisión, se relaciona con la dimensión espiritual.
Una propuesta en construcción
El Método Torres se encuentra actualmente en proceso de sistematización y desarrollo académico. Por ello, más que presentarse como una teoría científica concluida, constituye una propuesta interdisciplinaria que busca organizar años de experiencia investigativa y profesional alrededor de una pregunta común: ¿es posible construir procesos de educación, rehabilitación y restauración que contemplen al ser humano en su totalidad?
El tránsito desde Violetas del Sur hasta la neuropedagogía muestra una transformación significativa en el objeto de estudio, pero también una continuidad en la intención de fondo.
Primero fue recuperar una obra y devolverla a la memoria cultural. Después, comprender los procesos de inclusión y aprendizaje. Más adelante, explorar las relaciones entre cerebro, espiritualidad, experiencia humana y sentido. Finalmente, integrar estos aprendizajes en una propuesta orientada a la restauración de la persona.
De esta manera, la investigación de Gerardo Iván Torres Maya ha pasado de la literatura a la inclusión, de la inclusión a la teología, de la teología a la neuroteología y de allí a la neuropedagogía y la restauración humana.
El recorrido continúa abierto.
Y quizá esa sea la principal característica de una investigación que nació en Nariño y que hoy busca proyectarse hacia otros escenarios académicos: no partir de respuestas definitivas, sino mantener abierta la pregunta por el ser humano, su capacidad de aprender, transformarse, resignificar su historia y reconstruir su proyecto de vida.




