Almada llega a Núñez como la garantía de calidad que River necesitaba para no seguir cayendo
En un momento donde River acumula seis derrotas consecutivas sin marcar un solo gol en el Clausura, la llegada de Thiago Almada no es solo un refuerzo, es una declaración de intenciones de una dirigencia que decidió apostar todo para salvar la temporada. El mediocampista aporta algo que el equipo de Coudet no tiene en ningún otro jugador del plantel: la capacidad de resolver partidos con un toque, de inventar algo donde no hay nada y de cargar con la responsabilidad de ser el que marca la diferencia en los momentos más difíciles. Con él en cancha, River tiene por primera vez en meses un jugador capaz de generar superioridad individual en zonas decisivas del campo.
La seguridad que transmite Almada va más allá de lo futbolístico. Su llegada estabilizó anímicamente a un vestuario en crisis, le dio un respiro a Coudet cuya continuidad estaba siendo cuestionada, y devolvió la ilusión a una hinchada que empezaba a perder la paciencia. Un jugador que ganó la MLS con Atlanta United, la Libertadores y el Brasileirao con Botafogo, jugó en el Atlético de Madrid y fue campeón del mundo con Argentina no llega a River a adaptarse sino a liderar desde el primer día. Junto a Ángel Correa y con el Monumental empujando, Almada tiene todos los ingredientes para ser el hombre que devuelva a River la confianza perdida.



