París y Roma avanzan en integración eléctrica y cooperación nuclear
Francia e Italia han reforzado su cooperación energética en un momento en el que las altas temperaturas, el aumento de la demanda eléctrica y la variabilidad de las fuentes renovables están poniendo a prueba las redes europeas. Sin embargo, pese a que en las últimas semanas han circulado referencias a un supuesto “Pacto Energético Transalpino”, no existe evidencia oficial de que ambos países hayan firmado un tratado con ese nombre ni de que hayan suscrito un acuerdo bilateral específicamente destinado a coordinar los intercambios de electricidad nuclear y renovable durante los picos de demanda del verano.
Lo que sí está documentado es un compromiso político de Francia e Italia para fortalecer sus redes eléctricas, interconexiones y cooperación en energía nuclear, en el marco de su relación bilateral y de la estrategia energética de la Unión Europea.
El punto de referencia más reciente es la declaración conjunta adoptada durante la 36.ª cumbre franco-italiana del 25 de junio de 2026. En ese documento, París y Roma expresaron su intención de reforzar los esfuerzos destinados a las redes y las interconexiones eléctricas con el objetivo de aumentar la resiliencia de sus sistemas energéticos. También reafirmaron su cooperación en el ámbito de la energía nuclear civil.
¿Qué acordaron realmente Francia e Italia?
La declaración conjunta franco-italiana no habla de un “Pacto Energético Transalpino”. Tampoco establece un nuevo tratado bilateral para administrar de manera exclusiva los flujos de electricidad durante el verano.
El compromiso energético aparece dentro de una agenda más amplia de cooperación entre ambos países. Francia e Italia señalaron que la crisis energética y las tensiones geopolíticas han puesto de manifiesto la necesidad de acelerar la descarbonización europea, diversificar las fuentes de suministro y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
En ese contexto, ambos gobiernos defendieron el aprovechamiento de todas las fuentes de energía bajas en carbono, incluyendo tanto la energía nuclear como las renovables.
La declaración también establece que los dos países quieren reforzar sus esfuerzos en materia de redes eléctricas e interconexiones, consideradas fundamentales para mejorar la capacidad de respuesta de los sistemas nacionales frente a situaciones de tensión.
El documento también destaca la cooperación franco-italiana en energía nuclear civil, incluida la participación de ambos países en la Alianza Nuclear Europea y la coordinación de proyectos europeos relacionados con tecnologías nucleares innovadoras.
Una interconexión que ya une a Francia e Italia bajo los Alpes
Aunque no existe el supuesto nuevo tratado, la cooperación eléctrica entre Francia e Italia tampoco es nueva.
Uno de los proyectos más importantes es la interconexión Savoie-Piémont, desarrollada conjuntamente por el operador francés RTE y su homólogo italiano Terna.
La infraestructura conecta la subestación francesa de Grande-Île, cerca de Chambéry, con la subestación italiana de Piossasco, próxima a Turín. Se trata de una conexión subterránea de aproximadamente 190 kilómetros que atraviesa los Alpes.
RTE señala que el proyecto fue concebido para aumentar la capacidad de intercambio entre ambos países, mejorar la solidaridad eléctrica y facilitar la integración de las energías renovables en los sistemas francés e italiano.
La primera fase de la infraestructura comenzó a operar en noviembre de 2022 con una capacidad de 600 megavatios. Posteriormente, la puesta en funcionamiento completa permitió incorporar 1.200 MW adicionales de capacidad de intercambio.
Con la infraestructura, la capacidad máxima de intercambio eléctrico entre Francia e Italia alcanzó los 4.450 MW, de acuerdo con la información de RTE.
Esto significa que ambos sistemas eléctricos ya cuentan con una infraestructura considerable para intercambiar electricidad en ambas direcciones dependiendo de las condiciones de producción, consumo y mercado.
¿Por qué las interconexiones son importantes durante el verano?
El papel de estas conexiones adquiere especial importancia durante los períodos de temperaturas extremas.
Tradicionalmente, los sistemas eléctricos europeos han enfrentado sus mayores niveles de demanda durante el invierno, debido principalmente a la calefacción. Sin embargo, el aumento de las temperaturas y la expansión del aire acondicionado están haciendo que el verano sea cada vez más relevante desde el punto de vista de la seguridad eléctrica.
En días extremadamente calurosos puede aumentar considerablemente el consumo de electricidad mientras los sistemas de generación enfrentan simultáneamente problemas relacionados con las condiciones meteorológicas.
Las centrales térmicas y nucleares que utilizan agua para refrigeración pueden verse afectadas por temperaturas elevadas o por niveles insuficientes de los ríos. De hecho, durante el verano de 2026 varias centrales europeas han tenido que reducir su producción o afrontar restricciones relacionadas con las condiciones hidrológicas.
Al mismo tiempo, la generación eólica depende de las condiciones del viento y la solar experimenta fuertes variaciones a lo largo del día.
Esta combinación hace que las interconexiones sean una herramienta importante para equilibrar los sistemas nacionales.
Cuando un país dispone de excedentes de electricidad puede venderlos a otro mercado. Cuando la producción doméstica resulta insuficiente, puede importar electricidad de sus vecinos.
Francia aporta una característica particular: su enorme parque nuclear
La cooperación energética franco-italiana tiene además una particularidad importante: los dos países cuentan con estructuras eléctricas diferentes.
Francia mantiene una fuerte dependencia de la energía nuclear para su generación eléctrica. Según datos recogidos por la Comisión Europea, en 2024 la generación eléctrica francesa alcanzó 539 TWh, de los cuales 361,7 TWh procedieron de la energía nuclear, equivalente al 67,1 % de la producción total.
Las energías renovables representaron otros 150 TWh, mientras que la generación térmica fósil supuso alrededor de 20 TWh.
Esta estructura convierte a Francia en un actor particularmente relevante dentro del mercado eléctrico europeo.
En determinados momentos, la elevada producción nuclear francesa puede generar excedentes que pueden ser comercializados mediante las interconexiones internacionales.
Para Italia, el intercambio con Francia forma parte de una red mucho más amplia de conexiones que permite al país comprar y vender electricidad con otros mercados europeos.
Italia enfrenta una estructura energética diferente
El sistema italiano presenta una mayor exposición al gas natural que el francés y, a diferencia de Francia, Italia no cuenta actualmente con centrales nucleares en funcionamiento.
Italia cerró sus centrales nucleares a comienzos de la década de 1990, pero en los últimos años ha vuelto a abrir el debate sobre el papel que podría tener la energía nuclear en su estrategia energética futura.
La cooperación con Francia también se ha desarrollado en este ámbito. Empresas italianas y francesas han trabajado conjuntamente en iniciativas vinculadas al sector nuclear europeo y ambos gobiernos participan actualmente en la Alianza Nuclear Europea.
Esto no significa, sin embargo, que Francia esté enviando “electricidad nuclear” a Italia mediante un canal separado.
Una vez que la electricidad entra en la red interconectada europea, no es posible atribuir físicamente cada electrón a una determinada central nuclear o parque solar. Los intercambios comerciales se realizan sobre una red común y las fuentes de generación forman parte de los sistemas eléctricos nacionales.
Por ello, hablar de un mecanismo bilateral que permita “intercambiar electricidad nuclear y renovable” debe hacerse con precisión. Lo correcto es hablar de intercambios de electricidad entre sistemas que cuentan con diferentes combinaciones de generación, incluyendo nuclear, hidroeléctrica, solar, eólica y otras fuentes.
El contexto europeo: una red eléctrica cada vez más integrada
La cooperación entre Francia e Italia forma parte de una tendencia mucho mayor dentro de la Unión Europea.
Bruselas lleva años impulsando las interconexiones eléctricas porque permiten compartir recursos entre países y reducir el riesgo de que una falla o una situación de escasez en un solo mercado se convierta en una crisis de suministro.
La estrategia europea contempla un objetivo mínimo de interconexión equivalente al 15 % de la capacidad eléctrica instalada de cada Estado miembro para 2030. En el caso francés, la capacidad de interconexión instalada representaba alrededor del 13 % de su capacidad eléctrica en 2024, según un análisis de la Dirección General del Tesoro francés.
La lógica detrás de esta política es relativamente sencilla: cuanto más conectados estén los mercados, más posibilidades existen de trasladar electricidad desde las zonas donde hay excedentes hacia aquellas donde existe déficit.
Las interconexiones también permiten aprovechar mejor las renovables.
Por ejemplo, un período de elevada producción eólica en un país puede coincidir con una mayor demanda en otro. La conexión entre ambos sistemas permite que parte de esa producción sea aprovechada en lugar de tener que reducirla por falta de demanda local.
La energía nuclear y las renovables no necesariamente compiten
Otro elemento relevante de la cooperación franco-italiana es la defensa simultánea de la energía nuclear y las renovables.
Francia ha defendido históricamente el papel de la energía nuclear como fuente de electricidad baja en carbono y con capacidad de producción continua. Italia, por su parte, ha incrementado su interés en las tecnologías nucleares mientras continúa expandiendo las energías renovables.
La propia Alianza Nuclear Europea sostiene que la energía nuclear puede complementar a las fuentes renovables variables y contribuir a la estabilidad de las redes eléctricas.
El desafío para Europa consiste precisamente en combinar tecnologías con características diferentes.
La energía solar puede producir grandes cantidades de electricidad durante determinadas horas del día, pero su generación disminuye al caer la radiación solar. La eólica puede presentar una producción elevada durante períodos de viento y disminuir cuando las condiciones cambian.
La nuclear, en cambio, ofrece generación continua, aunque también puede verse afectada por problemas relacionados con mantenimiento, disponibilidad de las centrales o condiciones ambientales.
Las interconexiones permiten que estas diferencias puedan gestionarse a escala regional.
El calor extremo está cambiando las prioridades de las redes
El verano de 2026 ha servido como ejemplo de la creciente complejidad de la gestión eléctrica europea.
Las olas de calor han elevado la demanda de electricidad para refrigeración y, simultáneamente, han afectado la disponibilidad de determinadas centrales.
La situación ha sido especialmente relevante en países donde las centrales necesitan grandes cantidades de agua para sus sistemas de refrigeración. La reducción de los caudales fluviales y el aumento de la temperatura del agua pueden limitar la capacidad de operación de determinadas instalaciones.
A principios de agosto, el Financial Times informó de restricciones de producción en centrales nucleares y térmicas de varios países europeos como consecuencia de las condiciones hidrológicas. El mismo contexto llevó a los operadores europeos a prepararse para una mayor tensión del sistema ante la reducción temporal de la generación solar provocada por un eclipse.
Este tipo de episodios refuerza la importancia de contar con redes capaces de movilizar electricidad entre diferentes regiones.
Una integración que también tiene límites
La existencia de interconexiones no significa que Francia e Italia puedan garantizar automáticamente el suministro eléctrico del otro país en cualquier circunstancia.
Las líneas tienen una capacidad máxima y deben respetar restricciones técnicas destinadas a mantener la estabilidad de la red.
Además, todos los países conectados a la red europea pueden estar enfrentando simultáneamente condiciones adversas.
Una ola de calor que afecte a Francia también puede afectar a Italia, España, Suiza u otros mercados vecinos. En esas circunstancias, disponer de conexiones es útil, pero la electricidad disponible para importar puede ser limitada.
La experiencia europea reciente ha demostrado precisamente que la seguridad energética depende de una combinación de generación suficiente, almacenamiento, redes, interconexiones, gestión de la demanda y mecanismos de emergencia.
¿Existe entonces un nuevo tratado energético entre Francia e Italia?
No hay evidencia oficial disponible que permita afirmar que se haya firmado un “Pacto Energético Transalpino” en 2026.
La referencia comprobable es la declaración conjunta franco-italiana del 25 de junio de 2026, adoptada durante la 36.ª cumbre bilateral.
En ella, Francia e Italia expresaron su intención de reforzar la cooperación energética, especialmente mediante:
- El fortalecimiento de las redes eléctricas.
- El desarrollo de las interconexiones.
- La mejora de la resiliencia de los sistemas energéticos.
- La cooperación en energía nuclear civil.
- La utilización de fuentes de energía descarbonizadas.
- La reducción de la dependencia de los combustibles fósiles.
- La coordinación industrial y tecnológica en sectores energéticos estratégicos.
Por tanto, presentar estas medidas como un nuevo tratado denominado “Pacto Energético Transalpino” sería ir más allá de lo que actualmente respaldan las fuentes oficiales.
Un paso más hacia un mercado eléctrico europeo integrado
Aunque el nombre del supuesto pacto no aparece en los documentos oficiales consultados, el fondo de la cuestión sí refleja una tendencia real: Francia e Italia están estrechando su cooperación energética y consideran las interconexiones una pieza estratégica para la seguridad eléctrica europea.
La infraestructura existente entre ambos países ya permite intercambios importantes y la conexión Savoie-Piémont elevó considerablemente la capacidad disponible.
En un contexto marcado por olas de calor, crecimiento de la demanda eléctrica, expansión de las renovables y desafíos para algunas centrales de generación, estas conexiones adquieren una importancia cada vez mayor.
La estrategia franco-italiana no consiste únicamente en construir más líneas. También implica coordinar políticas industriales, mantener la cooperación nuclear y desarrollar una red capaz de integrar diferentes tecnologías de generación.
El verdadero desafío será garantizar que esa mayor integración pueda funcionar incluso durante los episodios más exigentes del año.
Y es precisamente ahí donde las interconexiones entre Francia e Italia, lejos de representar un nuevo “pacto” aislado, forman parte de un proyecto mucho más amplio: la construcción de un sistema eléctrico europeo interconectado, flexible y capaz de combinar energía nuclear, renovables y otras fuentes bajas en carbono para mantener la seguridad del suministro.



