En los Alpes suizos, una de las imágenes más llamativas de la lucha contra el cambio climático se repite durante los meses cálidos: grandes superficies del glaciar del Ródano son cubiertas con mantas blancas de material geotextil para reducir la cantidad de hielo que se pierde durante el verano.
La estrategia puede parecer contradictoria a primera vista. Un glaciar, asociado naturalmente con el frío y la nieve, termina cubierto por enormes telas sintéticas para protegerlo del calor. Sin embargo, detrás de esta medida existe un principio físico sencillo: las cubiertas blancas reflejan parte de la radiación solar y, al mismo tiempo, proporcionan aislamiento a la nieve y al hielo que quedan debajo.
La técnica no pretende detener el cambio climático ni evitar definitivamente la desaparición del glaciar. Su objetivo es mucho más limitado: reducir temporalmente la velocidad del deshielo en zonas concretas y conservar durante más tiempo determinados sectores del hielo.
Un glaciar que retrocede a gran velocidad
El glaciar del Ródano, conocido en alemán como Rhonegletscher, se encuentra en el cantón suizo de Valais, cerca del paso de Furka y de la localidad de Gletsch. Es especialmente importante porque está relacionado con el nacimiento del río Ródano, uno de los grandes cursos fluviales de Europa, que atraviesa Suiza y Francia antes de desembocar en el Mediterráneo.
Durante décadas, el retroceso del glaciar se ha convertido en una de las manifestaciones visibles del calentamiento de los Alpes. La reducción de su superficie y espesor ha modificado progresivamente el paisaje y ha provocado la aparición de un lago glaciar frente a su lengua.
La situación se ha vuelto especialmente preocupante en los últimos años. En junio y julio de 2026, investigadores suizos describieron una temporada de deshielo excepcionalmente intensa. El glaciólogo Matthias Huss señaló que el glaciar estaba perdiendo hielo a un ritmo acelerado después de un invierno seco y con poca nieve, seguido por episodios tempranos de calor.
De acuerdo con Swissinfo, el glaciar ha retrocedido casi un kilómetro durante las últimas dos décadas. Los especialistas consideran que podría seguir siendo visible desde los actuales puntos de observación durante algunas décadas, aunque en una forma considerablemente más pequeña.
¿Cómo funcionan las cubiertas geotextiles?
Las llamadas mantas glaciares son grandes láminas de materiales sintéticos, principalmente fibras de poliéster o polipropileno. Se colocan directamente sobre determinadas áreas del hielo y la nieve durante la temporada cálida.
Su funcionamiento se basa principalmente en dos mecanismos.
El primero es la reflexión de la radiación solar. Las superficies blancas reflejan una parte importante de la energía que llega desde el Sol, evitando que toda esa energía sea absorbida por el hielo.
El segundo mecanismo es el aislamiento térmico. La capa de material situada sobre el glaciar reduce el intercambio de calor con el ambiente y ayuda a proteger la nieve acumulada durante el invierno.
Esto resulta especialmente importante porque la nieve fresca tiene una capacidad mucho mayor para reflejar la radiación solar que una superficie de hielo oscuro o cubierta de partículas. Cuando desaparece la nieve y queda expuesto el hielo, la superficie puede absorber más energía y acelerar la pérdida de masa.
Por esta razón, las cubiertas no necesariamente buscan conservar indefinidamente el hielo que ya está expuesto. En determinadas zonas buscan, sobre todo, conservar la nieve que todavía queda y retrasar la exposición del hielo subyacente.
Una técnica que sí funciona, pero tiene límites
Las investigaciones realizadas en Suiza han demostrado que las cubiertas pueden ser efectivas a escala local.
Un estudio basado en observaciones de glaciares suizos encontró que los geotextiles podían reducir aproximadamente un 60 % la pérdida de hielo y nieve en las áreas protegidas. Investigaciones posteriores sobre el comportamiento energético de las cubiertas también han mostrado reducciones importantes de la energía disponible para la fusión.
Sin embargo, estos porcentajes deben interpretarse con cuidado. No significa que cubrir un glaciar haga que deje de derretirse un 60 % en términos generales, sino que las superficies protegidas pueden experimentar una reducción considerable de la fusión en comparación con zonas similares que permanecen descubiertas.
Además, la eficacia depende de factores como el espesor y tipo del material, las condiciones meteorológicas, la temperatura, el viento, la humedad y el estado de la nieve.
El problema es la escala
Aquí aparece una de las principales limitaciones de esta estrategia.
Los glaciares alpinos son enormes. Cubrirlos completamente requeriría cantidades gigantescas de material, además de equipos, trabajadores, transporte y mantenimiento.
Un análisis realizado por investigadores suizos calculó que proteger todos los glaciares del país mediante este sistema tendría un costo del orden de 1.000 millones de francos suizos al año. La cifra muestra por qué las cubiertas solamente pueden utilizarse en áreas pequeñas y estratégicas.
En el caso del glaciar del Ródano, una de las zonas históricamente protegidas ha estado relacionada con la famosa gruta de hielo que se abre para los visitantes durante el verano. La protección del hielo en este sector también ha tenido una dimensión turística y económica.
Pero el retroceso del glaciar ha llegado a un punto en el que incluso esta estrategia resulta cada vez más difícil.
La gruta de hielo también es víctima del retroceso
Durante generaciones, la gruta de hielo del glaciar del Ródano se convirtió en una atracción turística. Cada año se excavaba y modificaba para permitir a los visitantes caminar dentro del hielo.
La pérdida acelerada de masa glaciar ha obligado a modificar la ubicación y las características de esta atracción. En 2026, reportes desde la zona señalaron que la antigua relación entre la gruta y la lengua principal del glaciar prácticamente se había perdido: la estructura se encontraba ya separada del frente glaciar por la evolución del terreno y del lago.
La situación ilustra una realidad importante: las cubiertas pueden retrasar determinados procesos, pero no pueden revertir el retroceso general provocado por el aumento de las temperaturas.
2026: un año especialmente difícil para el glaciar
La preocupación aumentó durante el verano de 2026.
Según reportes de Swissinfo publicados en julio, los glaciólogos tuvieron que adelantar intervenciones de medición en el Ródano porque la pérdida de hielo estaba haciendo que algunos sensores y varillas instalados para registrar el adelgazamiento quedaran inutilizados antes de lo habitual.
Matthias Huss explicó que 2026 estaba siendo un año extremo, aunque todavía no había superado las pérdidas excepcionales registradas en 2022. El invierno anterior había dejado poca nieve y las olas de calor comenzaron relativamente temprano.
Otro factor que puede acelerar la fusión es la presencia de partículas oscuras sobre la nieve. El polvo mineral y el polvo procedente del Sahara pueden reducir la reflectividad de la superficie y favorecer la absorción de radiación solar.
Cuando la nieve desaparece, el efecto es todavía más evidente: el hielo queda expuesto y la superficie puede calentarse y perder masa con mayor rapidez.
Las mantas también generan controversia ambiental
La utilización de materiales sintéticos sobre un glaciar plantea una paradoja.
Por un lado, las cubiertas reducen localmente la fusión. Por otro, los geotextiles están fabricados con materiales sintéticos y deben transportarse, instalarse, retirarse y reemplazarse periódicamente.
Organizaciones ambientales han expresado preocupación por el deterioro de las telas. En febrero de 2026, Mountain Wilderness alertó sobre fragmentos de cubiertas que pueden desprenderse, dispersarse por el entorno o terminar en el lago glaciar.
El problema adquiere especial importancia debido a la ubicación del glaciar: las aguas procedentes de esta zona alimentan el sistema hidrográfico del Ródano. Por ello, el uso de materiales sintéticos plantea preguntas sobre residuos, microplásticos y posibles impactos sobre los ecosistemas alpinos.
Esto ha generado un debate más amplio sobre la conveniencia de proteger determinados sectores de los glaciares mediante soluciones artificiales.
Una solución local frente a un problema global
La gran limitación de las mantas geotextiles es que atacan solamente una parte del problema.
El retroceso de los glaciares está relacionado principalmente con el calentamiento de la atmósfera. Una cubierta puede reducir la cantidad de radiación que recibe un determinado sector del hielo, pero no puede modificar la temperatura global, las precipitaciones o las condiciones meteorológicas que determinan el balance de masa de un glaciar.
Por eso, los propios estudios sobre esta técnica advierten que no constituye una solución definitiva.
La investigación publicada sobre los geotextiles ha concluido que pueden ser una herramienta efectiva para preservar hielo de forma localizada, pero también señala que su aplicación a gran escala resulta demasiado costosa.
En otras palabras, las mantas pueden comprar tiempo, pero no pueden detener por sí solas el proceso de calentamiento que está provocando el retroceso de los glaciares.
¿Por qué importa la desaparición de los glaciares?
La pérdida de hielo alpino no es solamente un problema paisajístico.
Los glaciares forman parte del sistema hidrológico de las montañas y almacenan agua en forma de nieve y hielo. Durante los períodos cálidos, el deshielo contribuye al caudal de numerosos ríos.
También tienen importancia para los ecosistemas, el turismo, la generación hidroeléctrica y determinadas actividades económicas de las regiones montañosas.
En el caso del Ródano, la transformación del glaciar también modifica el paisaje donde nace uno de los grandes ríos europeos. El retroceso del hielo deja nuevas superficies rocosas, cambia los sistemas de drenaje y favorece la formación y expansión de lagos glaciares.
Además, los científicos utilizan los glaciares como indicadores particularmente visibles del cambio climático. Su evolución permite observar cómo las variaciones de temperatura y precipitación se acumulan a lo largo del tiempo.
Una carrera contra el tiempo
Las grandes mantas blancas del Ródano representan, en cierto modo, la contradicción de la crisis climática.
La tecnología permite reducir temporalmente el impacto del calor sobre una pequeña superficie de hielo. Los científicos pueden medir el retroceso con sensores y modelos, mientras los trabajadores instalan y mantienen las cubiertas durante los meses más cálidos.
Pero ninguna de estas herramientas puede sustituir la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
La experiencia del glaciar del Ródano demuestra que las medidas de adaptación pueden ser útiles para ganar tiempo, proteger lugares concretos o conservar temporalmente determinados recursos. Sin embargo, cuando el calentamiento continúa, los límites físicos y económicos de estas estrategias se hacen cada vez más evidentes.
En los Alpes suizos, las mantas geotextiles siguen siendo una herramienta para frenar localmente el deshielo. Pero el panorama de 2026 muestra que la carrera es cada vez más desigual: mientras los equipos intentan proteger algunos metros de hielo, las temperaturas y la pérdida de nieve continúan transformando el glaciar a una escala mucho mayor.
El futuro del Ródano, como el de muchos otros glaciares alpinos, dependerá finalmente de un factor que ninguna cubierta puede controlar: la velocidad con la que el planeta consiga limitar el calentamiento global.



