ICE quiere gastar hasta US$20 millones en guantes eléctricos para sus agentes

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) se prepara para incorporar una nueva herramienta de control físico a sus operaciones: el CTG-5 G.L.O.V.E., un guante capaz de generar descargas eléctricas al entrar en contacto directo con la piel de una persona.

El proyecto aparece en un documento oficial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), publicado el 10 de agosto de 2026. Según el registro de adquisiciones del Gobierno estadounidense, ICE contempla gastar entre US$10 millones y US$20 millones en la compra de estos dispositivos, que serían entregados a agentes de Homeland Security Investigations (HSI) y Enforcement and Removal Operations (ERO).

La noticia ha provocado un debate sobre el uso de tecnologías consideradas «menos letales» en operaciones de inmigración, especialmente por la posibilidad de que un dispositivo diseñado para reducir enfrentamientos termine convirtiéndose en una nueva herramienta para aplicar fuerza física durante arrestos.

¿Qué está comprando exactamente ICE?

El dispositivo se conoce como G.L.O.V.E., acrónimo de Generated Low Output Voltage Emitter, o «Emisor de Voltaje Generado de Baja Intensidad».

Su fabricante, la empresa estadounidense Compliant Technologies, lo clasifica como un CD3, sigla de Conductive Distraction and De-escalation Device (Dispositivo de Distracción Conductiva y Desescalada).

A diferencia de un taser convencional, el sistema está integrado directamente en un guante de uso policial. A simple vista, puede parecer una pieza normal de equipamiento, pero incorpora un mecanismo eléctrico que el agente puede activar mediante un interruptor.

La documentación oficial de adquisiciones de DHS identifica específicamente el CTG-5 G.L.O.V.E. como el modelo que ICE pretende adquirir. El documento señala que el dispositivo será destinado a agentes y oficiales de HSI y ERO, dos componentes de ICE que participan en investigaciones y operaciones de aplicación de las leyes migratorias.

Por lo tanto, es importante hacer una precisión: el anuncio actual no corresponde a un nuevo dispositivo que ya esté siendo desplegado por la Patrulla Fronteriza en puestos de control fronterizos. El documento oficial se refiere a ICE y a sus unidades HSI y ERO. La relación con la seguridad fronteriza forma parte del contexto general de la política migratoria estadounidense, pero la compra anunciada específicamente está destinada a agentes de ICE.

¿Cómo funcionan los guantes eléctricos?

Según las especificaciones publicadas por Compliant Technologies, el modelo CT-G5 funciona con una batería de ion de litio de 3,7 voltios y puede activarse aproximadamente un segundo después de accionar el interruptor incorporado en el guante.

El fabricante señala para el CT-G5 un rango de 324 a 362 voltios, con un máximo de 380 voltios, una corriente máxima de entre 0,7 y 1,2 amperios y pulsos de aproximadamente 114 a 116 microsegundos, repetidos unas 29 a 30 veces por segundo.

La descarga está diseñada para aplicarse mediante contacto físico directo. Esto significa que el mecanismo no funciona de la misma manera que un taser que dispara sondas a distancia.

La compañía sostiene que la tecnología produce una sensación dolorosa y una interferencia temporal que puede ayudar al agente a obtener el control de una persona que se resiste físicamente.

El fabricante presenta el sistema como una alternativa situada dentro del denominado «force continuum», es decir, la escala progresiva de respuestas que puede emplear un agente dependiendo de la gravedad de una situación. Bajo esa lógica, el G.L.O.V.E. busca proporcionar una opción intermedia entre las órdenes verbales o el control físico y herramientas consideradas de mayor nivel de fuerza.

Una herramienta presentada como «menos letal», no como absolutamente inocua

Uno de los aspectos más importantes para entender esta tecnología es la diferencia entre «no letal» y «menos letal».

En el ámbito policial, los dispositivos de este tipo suelen describirse como less-lethal, porque buscan reducir la probabilidad de causar una muerte frente a alternativas como las armas de fuego. Eso no significa que puedan considerarse completamente libres de riesgos.

De hecho, documentos estadounidenses sobre armas y dispositivos policiales han advertido durante años que prácticamente cualquier herramienta considerada «no letal» puede provocar consecuencias graves o incluso mortales si se utiliza de manera incorrecta. Por esa razón, organismos estadounidenses han preferido utilizar el término «less-lethal» en lugar de afirmar que estos dispositivos son absolutamente no letales.

En el caso del G.L.O.V.E., el propio fabricante establece restricciones sobre su utilización. Entre ellas se encuentran advertencias contra su uso como castigo y contra determinadas poblaciones consideradas de mayor riesgo.

La empresa también indica que el dispositivo debe utilizarse dentro de las políticas y procedimientos de la agencia que lo emplea y que los operadores deben recibir capacitación. La compañía señala que la certificación del usuario tiene una duración limitada y requiere recertificación.

El fabricante defiende el dispositivo como una herramienta de desescalada

Compliant Technologies sostiene que la finalidad del G.L.O.V.E. no es sustituir todas las herramientas policiales existentes, sino proporcionar una alternativa para situaciones en las que una persona está resistiendo físicamente y el agente necesita recuperar el control.

La empresa afirma que el dispositivo puede ayudar a reducir la duración de una confrontación y disminuir la necesidad de recurrir a herramientas de mayor intensidad.

Su argumento central es que el agente puede mantener el contacto físico y continuar dando órdenes mientras utiliza el dispositivo, en lugar de tener que recurrir inmediatamente a otras armas de control.

La compañía también afirma que su tecnología ha sido utilizada por agencias policiales y centros penitenciarios en Estados Unidos.

Sin embargo, estas afirmaciones corresponden a la posición del fabricante y no deben confundirse con una conclusión independiente de que el dispositivo sea completamente seguro o eficaz en todas las circunstancias.

¿Por qué genera preocupación?

La principal controversia no está solamente relacionada con la existencia de la tecnología, sino con quién la utilizará, en qué circunstancias y bajo qué mecanismos de supervisión.

ICE realiza operaciones de detención migratoria que pueden producir situaciones de resistencia física. En ese contexto, un dispositivo que puede generar una descarga mediante el contacto directo de la mano plantea preguntas sobre la proporcionalidad de su utilización.

Organizaciones defensoras de los derechos civiles, entre ellas la American Civil Liberties Union (ACLU), han criticado la iniciativa y han advertido sobre el riesgo de que una herramienta presentada como mecanismo de desescalada termine facilitando el uso de la fuerza.

La preocupación adquiere mayor relevancia debido a que el guante puede parecer un elemento convencional del uniforme y no necesariamente tener la apariencia evidente de un arma eléctrica tradicional.

Eso abre un debate adicional sobre la transparencia: si un agente utiliza una herramienta eléctrica integrada en su equipamiento, ¿cómo se registra cada activación?, ¿queda constancia de cuándo se utilizó?, ¿existe una grabación?, ¿qué supervisión recibe el agente? y ¿qué consecuencias existen cuando se emplea fuera de las circunstancias autorizadas?

Un caso ocurrido en Kentucky aumenta el debate

La controversia no se limita a cuestiones hipotéticas.

Según información revisada por Associated Press, una demanda presentada en 2024 sostiene que un hombre de 43 años murió después de haber recibido múltiples descargas de estos guantes y posteriormente descargas de un taser en un centro de detención de Kentucky.

El caso es particularmente relevante porque una investigación interna del centro penitenciario concluyó que algunas de las aplicaciones del guante tuvieron una duración considerablemente superior a la recomendada por el fabricante. La investigación señaló que dos de las descargas habrían durado 45 y 99 segundos, respectivamente, mientras que el manual establece límites mucho menores para determinadas situaciones.

Es importante señalar que la existencia de una demanda o de una investigación no demuestra por sí sola que el dispositivo haya causado la muerte. El caso forma parte de las razones por las que críticos de la tecnología cuestionan si las salvaguardas existentes son suficientes.

AP también informó sobre otras demandas relacionadas con supuestos usos indebidos o lesiones asociadas con estos dispositivos, aunque esos procesos tuvieron resultados distintos y algunos fueron desestimados.

La compra todavía no significa que ICE ya los esté utilizando

Otro punto fundamental para evitar exageraciones es el estado actual del proyecto.

El documento del Departamento de Seguridad Nacional no anuncia un despliegue ya completado. Se trata de un registro de planificación de adquisición.

El sistema oficial indica que la exigencia corresponde a una nueva necesidad de ICE, que la competencia está marcada como «NO», que la publicación de la solicitud está prevista para el 14 de agosto de 2026 y que el contrato tendría como fecha prevista de finalización el 31 de marzo de 2027. El valor estimado se sitúa entre US$10 millones y US$20 millones.

En otras palabras, la información disponible permite afirmar que ICE está preparando la adquisición, pero no que miles de agentes ya hayan recibido los guantes.

Esta diferencia es importante porque el proceso de contratación todavía puede experimentar modificaciones antes de convertirse en una compra definitiva y en un despliegue operativo.

¿Por qué ICE está buscando esta tecnología ahora?

La adquisición se produce en un momento de fuerte expansión de las operaciones de inmigración de Estados Unidos.

ICE forma parte del Departamento de Seguridad Nacional y sus funciones incluyen la aplicación de las leyes migratorias dentro del territorio estadounidense. ERO se ocupa principalmente de operaciones relacionadas con detención y remoción de personas sujetas a procesos migratorios, mientras que HSI desarrolla investigaciones relacionadas con delitos transnacionales, contrabando, tráfico y otras infracciones.

El nuevo equipamiento estaría dirigido precisamente a esas dos ramas.

En este contexto, el Gobierno estadounidense ha incrementado la presión para realizar más detenciones migratorias, mientras que ICE también ha enfrentado críticas y cuestionamientos sobre el uso de la fuerza durante algunas de sus operaciones.

La decisión de incorporar una herramienta eléctrica portátil representa, por ello, algo más que una novedad tecnológica: forma parte de una discusión más amplia sobre cómo deben equiparse los agentes federales cuando realizan detenciones y cómo debe controlarse el uso de la fuerza.

No es la primera tecnología de inmovilización utilizada en el ámbito fronterizo

Aunque el G.L.O.V.E. no debe confundirse con los dispositivos utilizados por la Patrulla Fronteriza para detener vehículos, Estados Unidos ya emplea distintas tecnologías de inmovilización en operaciones fronterizas.

La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), por ejemplo, ha utilizado Vehicle Immobilization Devices (VID) para detener vehículos que intentan escapar de controles o que están relacionados con investigaciones de tráfico de personas.

En 2023, la propia CBP informó sobre el uso de un dispositivo de inmovilización de vehículos durante una operación contra presunto tráfico de personas en Laredo, Texas.

Además, documentos judiciales recientes muestran que agentes de Border Patrol han utilizado dispositivos como bandas de púas para intentar detener vehículos durante persecuciones.

Estos sistemas tienen una finalidad completamente diferente al G.L.O.V.E.: unos buscan detener vehículos; el guante busca controlar físicamente a una persona.

Por eso, hablar de un único «dispositivo de inmovilización no letal para puestos de control fronterizo» puede generar una imagen equivocada de lo que realmente está ocurriendo.

El debate sobre la tecnología policial «menos letal»

La discusión alrededor del G.L.O.V.E. forma parte de una tendencia más amplia dentro de las fuerzas de seguridad estadounidenses: buscar herramientas que permitan controlar situaciones potencialmente violentas sin recurrir inmediatamente a armas de fuego.

Tasers, proyectiles de impacto, aerosoles químicos, dispositivos de inmovilización y otros sistemas forman parte de ese conjunto de tecnologías.

La lógica es sencilla: si un agente dispone de más opciones entre una orden verbal y el arma de fuego, puede tener más posibilidades de responder proporcionalmente a una amenaza.

Pero existe una segunda cara del problema.

Cuantas más herramientas tenga un agente para aplicar fuerza, mayor es también la necesidad de establecer reglas claras sobre cuándo puede utilizarlas, cuánto tiempo puede hacerlo, contra quién y bajo qué circunstancias.

El desafío consiste, por tanto, en que la tecnología no termine sustituyendo la evaluación humana de cada situación.

Tecnología, control y rendición de cuentas

La llegada de dispositivos eléctricos integrados en uniformes policiales también plantea una cuestión tecnológica adicional: la capacidad de registrar su utilización.

El modelo CT-G5 anunciado por el fabricante incluye, entre sus características, un sistema de registro de eventos.

Este tipo de función podría ser relevante para las investigaciones posteriores a un incidente, ya que permitiría potencialmente establecer cuándo se activó el dispositivo.

Sin embargo, un registro técnico no sustituye por sí mismo la supervisión institucional.

Para que una herramienta de este tipo sea utilizada de forma responsable, sería necesario establecer reglas precisas sobre la activación, capacitación obligatoria, documentación de cada incidente, revisión de los usos de fuerza y mecanismos independientes de investigación cuando una persona resulte lesionada.

¿Qué puede pasar a partir de ahora?

El próximo paso previsto en el proceso es la publicación de la solicitud de contratación, programada para el 14 de agosto de 2026, según el sistema de adquisiciones del DHS.

Si el proceso continúa como está previsto, ICE podría avanzar hacia la adquisición de los CTG-5 y posteriormente hacia su distribución entre agentes de HSI y ERO. El registro oficial sitúa el final previsto del contrato en marzo de 2027.

Aún queda por determinar cómo se regulará exactamente el uso de los guantes dentro de ICE, qué número de agentes los recibiría, qué protocolos específicos se aplicarían y qué mecanismos de supervisión acompañarían al despliegue.

Esas condiciones serán fundamentales para determinar si el G.L.O.V.E. termina funcionando como sus defensores sostienen —como una alternativa de menor intensidad para reducir enfrentamientos— o si se convierte en una nueva fuente de controversia sobre el uso de la fuerza.

Una tecnología que va más allá de un simple guante

El anuncio de ICE muestra cómo las tecnologías policiales están evolucionando hacia dispositivos cada vez más integrados en el equipamiento cotidiano de los agentes.

El G.L.O.V.E. no es un arma tradicional que se extrae de una funda: es una herramienta incorporada al propio uniforme y diseñada para utilizarse durante el contacto físico.

Precisamente por eso, su posible incorporación a ICE genera tanta atención.

La adquisición todavía está en fase de planificación, pero el Gobierno estadounidense ya ha dejado constancia oficialmente de su intención de invertir hasta US$20 millones en esta tecnología. El debate ahora no gira solamente en torno a si los guantes pueden inmovilizar o controlar a una persona, sino sobre los límites que deberán acompañar su utilización.

En definitiva, el caso refleja una cuestión cada vez más importante para la seguridad pública: cuando la tecnología permite a un agente aplicar fuerza de manera más rápida, discreta y cercana, también aumenta la importancia de contar con reglas, capacitación y mecanismos de rendición de cuentas capaces de impedir que una herramienta diseñada para la desescalada termine facilitando un uso desproporcionado de la fuerza.

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