Durante buena parte del siglo XX, imaginar grandes manadas de bisontes europeos recorriendo libremente los bosques y praderas de Europa parecía imposible. La especie, Bison bonasus, llegó a estar al borde de la desaparición después de siglos de caza, pérdida de hábitat y fragmentación de sus poblaciones.
Sin embargo, los programas de conservación y reproducción en cautividad han conseguido revertir aquella situación. Los Cárpatos, una de las principales regiones montañosas de Europa central y oriental, se han convertido en uno de los escenarios más importantes de este proceso, especialmente en Rumanía, donde varias iniciativas han devuelto al bisonte a zonas de las que había desaparecido durante más de dos siglos.
Aunque en ocasiones circula la afirmación de que la población de bisontes europeos de toda la cadena de los Cárpatos ya supera los 2.000 ejemplares, las fuentes actuales consultadas no permiten confirmar esa cifra para la cordillera en su conjunto. El dato de más de 2.000 bisontes está documentado para Polonia, mientras que las poblaciones de los Cárpatos son considerablemente más pequeñas y están distribuidas en distintos países y núcleos. Por ello, el verdadero interés de la noticia no está en una cifra única, sino en el proceso de recuperación y expansión de la especie en una región considerada fundamental para su futuro.
Un animal que estuvo a punto de desaparecer
El bisonte europeo es el mamífero terrestre más grande de Europa. Puede superar los 800 kilogramos en los machos adultos y posee una característica joroba en los hombros, cabeza relativamente baja, cuernos cortos y curvados y un pelaje especialmente abundante alrededor de la cabeza y el cuello.
Su historia reciente es mucho más dramática que su imponente apariencia.
A comienzos del siglo XX, la presión de la caza y la destrucción de los grandes bosques europeos habían reducido sus poblaciones hasta niveles críticos. Durante la Primera Guerra Mundial y los años posteriores, la situación empeoró todavía más.
El último bisonte europeo salvaje de la población de Białowieża fue abatido en 1919, mientras que el último ejemplar de la población caucásica murió en 1927. Para entonces, la especie había desaparecido prácticamente de la naturaleza.
En 1927 solamente quedaban 54 ejemplares en cautividad en todo el mundo. La supervivencia de la especie dependió entonces de un reducido número de animales que pudieron ser utilizados para programas de reproducción.
La recuperación posterior es considerada uno de los grandes éxitos de la conservación europea. De aquellos ejemplares se construyeron las poblaciones que posteriormente permitieron realizar programas de reintroducción en distintos países.
Los Cárpatos se convirtieron en un territorio clave
La cordillera de los Cárpatos se extiende por varios países de Europa central y oriental, entre ellos Polonia, Eslovaquia, Ucrania y Rumanía. Sus extensos bosques, praderas de montaña y zonas con baja densidad de población ofrecen condiciones favorables para especies de gran tamaño.
Los investigadores llevan décadas identificando los Cárpatos como una de las regiones con mayor potencial para establecer poblaciones viables de bisonte europeo.
Esto tiene una explicación ecológica. El bisonte no depende exclusivamente de bosques cerrados. Necesita una combinación de zonas boscosas, claros, pastizales y áreas abiertas donde pueda alimentarse y desplazarse.
Además, la conectividad entre diferentes poblaciones resulta fundamental. Una población aislada puede crecer durante un tiempo, pero la falta de intercambio genético aumenta el riesgo de endogamia y reduce su capacidad de adaptación.
Por ello, uno de los grandes objetivos actuales de la conservación no consiste simplemente en liberar animales, sino en conseguir poblaciones suficientemente grandes, conectadas y genéticamente diversas. Estudios sobre el hábitat de los Cárpatos han señalado durante años el potencial de la cordillera para facilitar esa conectividad.
Rumanía: uno de los principales ejemplos de reintroducción
Uno de los casos más conocidos se encuentra en los Cárpatos meridionales de Rumanía, particularmente en las montañas Țarcu.
En mayo de 2014, un grupo de bisontes fue trasladado hasta la región y liberado después de un periodo de adaptación. El acontecimiento fue especialmente importante porque los animales regresaban a una zona de la que habían desaparecido aproximadamente dos siglos antes.
Desde entonces, los proyectos de conservación han continuado trasladando animales procedentes de centros de cría, reservas y zoológicos europeos.
La iniciativa no consiste simplemente en abrir las puertas de un recinto y dejar salir a los animales. Los ejemplares pasan inicialmente por un proceso de aclimatación, son sometidos a seguimiento y, posteriormente, se incorporan a grupos que pueden desplazarse libremente por el paisaje.
En 2024, por ejemplo, fueron trasladados otros 14 bisontes europeos a las montañas Țarcu dentro del proyecto LIFE with Bison, con el objetivo de reforzar tanto el tamaño como la diversidad genética de la población.
La población de Țarcu ya es una de las más importantes de Rumanía
El resultado de más de una década de trabajo es significativo.
WWF-Rumanía señala que alrededor de 250 bisontes viven actualmente en libertad en las montañas Țarcu, convirtiendo esta población en una de las mayores poblaciones libres de Europa.
El crecimiento no se debe exclusivamente a los animales trasladados desde otros lugares. Una parte cada vez más importante de la población está formada por ejemplares nacidos en libertad.
Este detalle es fundamental para los conservacionistas porque demuestra que los animales no solamente sobreviven después de ser liberados, sino que también consiguen reproducirse y establecer una población capaz de crecer de manera natural.
El proyecto LIFE with Bison tiene entre sus objetivos alcanzar al menos 250 individuos libres en las montañas Țarcu, además de ampliar el territorio utilizado por la especie y mejorar la conectividad de sus hábitats.
¿De dónde sale entonces la cifra de más de 2.000?
Este punto es importante para entender correctamente la información.
La cifra de más de 2.000 bisontes sí aparece en fuentes recientes, pero está relacionada principalmente con Polonia, no con toda la población de los Cárpatos.
Polonia desempeñó un papel fundamental en la recuperación de la especie y actualmente alberga más de 2.000 ejemplares. Una parte importante se encuentra en el entorno del bosque de Białowieża, considerado uno de los principales refugios del bisonte europeo.
Por tanto, afirmar que «la población de bisontes europeos en la cadena de los Cárpatos supera los 2.000 ejemplares» puede resultar engañoso si se interpreta como una cifra confirmada para toda la cordillera.
Las poblaciones de bisonte de los Cárpatos se encuentran repartidas entre distintos países y áreas, y sus cifras no pueden sumarse automáticamente sin considerar fechas, métodos de conteo y límites geográficos.
La información más reciente de WWF para toda la especie indica que había más de 6.800 bisontes europeos en 2024, frente a aproximadamente 1.800 en 2003. La cifra incluye las poblaciones de diferentes regiones europeas, no únicamente los Cárpatos.
Una recuperación que va mucho más allá de contar animales
La importancia de los programas de reintroducción no se limita al aumento del número de bisontes.
El bisonte europeo es considerado un gran herbívoro capaz de modificar físicamente el paisaje. Mientras se alimenta, se desplaza y descansa, puede alterar la estructura de la vegetación y crear oportunidades para otras especies.
Los animales consumen grandes cantidades de vegetación, pisotean determinadas zonas, dispersan semillas y generan espacios abiertos dentro de áreas dominadas por la vegetación arbórea.
Sus efectos también se observan a través del suelo. Al desplazarse y revolcarse, los bisontes crean pequeñas depresiones que pueden convertirse en microhábitats para diferentes organismos.
Incluso sus excrementos cumplen una función ecológica: proporcionan alimento y refugio para numerosos insectos, que a su vez forman parte de la cadena alimentaria de aves y otros animales.
Por eso, los grandes herbívoros son considerados importantes dentro de los proyectos de rewilding o restauración ecológica.
En los Cárpatos, la presencia del bisonte puede contribuir a recuperar procesos naturales que desaparecieron cuando los grandes herbívoros fueron eliminados del paisaje.
Un auténtico «ingeniero del ecosistema»
El comportamiento del bisonte puede producir una especie de efecto dominó.
Cuando los animales consumen arbustos y vegetación, pueden mantener determinados espacios abiertos. Estos lugares pueden ser aprovechados posteriormente por plantas que necesitan mayor exposición a la luz.
Las plantas atraen insectos, los insectos alimentan a aves y pequeños mamíferos, y estos cambios pueden modificar progresivamente la composición del ecosistema.
También existe un efecto sobre la dispersión de semillas. Al consumir diferentes plantas y desplazarse largas distancias, los bisontes pueden transportar semillas entre zonas separadas.
En un ecosistema fragmentado, este movimiento puede ser particularmente importante.
Por eso, la recuperación del bisonte no se plantea únicamente como una cuestión de salvar una especie carismática. También busca recuperar procesos ecológicos que pueden beneficiar a numerosas especies.
Los desafíos no han desaparecido
El regreso del bisonte europeo es una historia de éxito, pero eso no significa que la especie esté completamente fuera de peligro.
Uno de los principales problemas continúa siendo la fragmentación del hábitat.
Las carreteras, las zonas urbanizadas, las actividades agrícolas y otras infraestructuras pueden dificultar el desplazamiento de los animales. Para una especie que necesita grandes territorios y cuyo intercambio genético depende del movimiento entre poblaciones, estas barreras pueden convertirse en un problema importante.
En el proyecto LIFE with Bison, por ejemplo, se ha identificado la necesidad de mejorar la conectividad en torno a la carretera E70 para facilitar los desplazamientos de los bisontes y de otras especies.
La diversidad genética es otra preocupación
La recuperación del bisonte europeo tiene una particularidad que la diferencia de otros procesos de conservación.
Como la especie pasó por un cuello de botella poblacional extremo, todos los bisontes actuales descienden de un número muy reducido de animales.
Esto significa que conservar una población numerosa no es suficiente. También es necesario mantener una diversidad genética adecuada.
Por esa razón, los proyectos modernos seleccionan cuidadosamente los animales que serán trasladados. La edad, el sexo, el origen y el historial genético de los ejemplares son factores importantes antes de incorporarlos a una nueva población.
Los traslados realizados en los Cárpatos tienen precisamente, entre sus objetivos, aumentar la diversidad genética de las poblaciones existentes.
La convivencia con las comunidades locales
Existe otro elemento indispensable para que la recuperación tenga éxito: las personas.
Los bisontes pueden recorrer grandes distancias y ocasionalmente salir de las áreas naturales donde fueron reintroducidos. Cuando esto ocurre, pueden entrar en contacto con agricultores, carreteras, propiedades privadas o cultivos.
Por esta razón, los proyectos de conservación en Rumanía han incorporado medidas para favorecer la convivencia entre la población local y los animales.
En las montañas Țarcu se han desarrollado iniciativas relacionadas con la protección de cultivos, el monitoreo de los animales y la participación de las comunidades.
El objetivo es que el regreso del bisonte no sea percibido únicamente como una imposición ambiental, sino como una oportunidad para desarrollar actividades económicas compatibles con la conservación.
El turismo de naturaleza, la educación ambiental y otros proyectos locales pueden convertirse en fuentes adicionales de ingresos para comunidades rurales.
Un cambio histórico en la situación de la especie
El crecimiento de las poblaciones europeas también ha provocado un cambio en la clasificación de conservación del bisonte.
En 2020, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) modificó la categoría global de la especie de «Vulnerable» a «Casi Amenazada», reflejando la importante recuperación registrada durante las últimas décadas.
El cambio representa un enorme avance respecto a la situación de comienzos del siglo XX, cuando solamente quedaban 54 ejemplares en cautividad.
Sin embargo, «Casi Amenazada» no significa que el bisonte esté completamente a salvo. La especie continúa dependiendo de programas de conservación, seguimiento de poblaciones, gestión genética y protección de sus hábitats.
Los Cárpatos pueden ser decisivos para el futuro del bisonte
La recuperación de los bisontes europeos en los Cárpatos todavía está en desarrollo.
El objetivo a largo plazo no es únicamente conseguir que existan pequeñas manadas aisladas, sino crear poblaciones suficientemente grandes para que puedan mantenerse con una intervención humana cada vez menor.
Para ello será necesario conectar hábitats, facilitar los desplazamientos, reducir los conflictos con las comunidades y garantizar que exista suficiente diversidad genética.
En este sentido, los Cárpatos ofrecen una combinación excepcional de bosques, praderas y territorios relativamente poco urbanizados.
La región podría desempeñar un papel fundamental en la creación de una red de poblaciones capaces de sostener al bisonte europeo durante las próximas décadas. Estudios científicos sobre la especie han identificado numerosas zonas de Europa central y oriental con potencial para establecer poblaciones viables y conectadas.
De 54 ejemplares a miles: una recuperación todavía en marcha
La historia del bisonte europeo demuestra hasta qué punto una especie puede recuperarse cuando se combinan reproducción controlada, protección del hábitat, reintroducción y cooperación internacional.
Hace un siglo, la desaparición del bisonte europeo en estado salvaje parecía definitiva. Hoy existen miles de ejemplares y numerosas poblaciones libres distribuidas por Europa.
Los Cárpatos representan uno de los capítulos más importantes de esta recuperación. En lugares como las montañas Țarcu, animales que fueron trasladados desde centros de cría han formado nuevas poblaciones y ya existen generaciones nacidas en libertad.
El desafío ahora es diferente al de hace un siglo: no basta con evitar la extinción. El objetivo es conseguir poblaciones silvestres suficientemente grandes, saludables y conectadas para que el bisonte pueda volver a desempeñar de manera estable su papel ecológico.
Por eso, más que una historia sobre una cifra concreta, el regreso de los bisontes europeos a los Cárpatos representa una de las experiencias más interesantes de restauración de fauna silvestre en Europa.
Y aunque la cifra de 2.000 ejemplares para toda la cadena de los Cárpatos no está respaldada por las fuentes actuales consultadas, el proceso que está ocurriendo en la región sí es real y significativo: poblaciones que desaparecieron durante generaciones están creciendo, reproduciéndose y volviendo a ocupar paisajes donde el gran herbívoro europeo había dejado de existir.




