Un estudio científico encontró que el consumo diario de tomate podría estar relacionado con una mayor reducción de la grasa acumulada en el hígado en personas con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD.
La investigación siguió durante seis semanas a 79 adultos con esta condición y comparó los resultados de dos grupos. Mientras uno mantuvo una alimentación sin tomate, el otro incorporó diariamente 200 gramos de tomate crudo y 50 gramos de salsa de tomate.
Al finalizar el período de evaluación, los investigadores observaron una disminución más marcada de la grasa hepática entre quienes consumieron tomate. Para determinar el nivel de grasa en el hígado utilizaron el parámetro CAP, obtenido mediante una prueba no invasiva con FibroScan.
La reducción registrada fue de 35 dB/m en el grupo que consumió tomate, frente a 18 dB/m en el grupo de control. Aunque ambos grupos presentaron una mejoría, el descenso fue significativamente mayor entre los participantes que incorporaron el alimento a su dieta.
¿Por qué el tomate podría ayudar al hígado?
Los investigadores señalaron al licopeno como uno de los posibles responsables del efecto observado. Este compuesto es un carotenoide que le da al tomate su característico color rojo y ha sido estudiado por sus propiedades antioxidantes y potenciales efectos contra la inflamación.
El tomate también contiene otros compuestos que podrían contribuir a proteger las células frente al estrés oxidativo. Además, los investigadores indicaron que el licopeno puede ser aprovechado con mayor facilidad por el organismo cuando el tomate ha sido cocinado o procesado.
Sin embargo, el estudio no logró determinar cuál de los componentes del tomate fue específicamente responsable de la reducción de la grasa hepática.
El efecto no estuvo relacionado con una pérdida de peso
Uno de los aspectos destacados de la investigación es que la reducción de la grasa en el hígado no estuvo acompañada por cambios importantes en el peso corporal, la circunferencia de la cintura o la composición corporal.
Tampoco se encontraron diferencias significativas entre los grupos en varios indicadores de sangre, como glucosa, insulina, colesterol, triglicéridos y enzimas hepáticas.
De igual manera, no se registraron cambios relevantes en la rigidez del hígado, un indicador utilizado para evaluar posibles signos de fibrosis.
Un resultado que requiere más investigación
Aunque los resultados son prometedores, los propios investigadores advierten que deben interpretarse con cautela. El estudio contó con solo 79 participantes y tuvo una duración de seis semanas, por lo que todavía no es posible determinar si el efecto del consumo de tomate se mantiene a largo plazo.
La investigación tampoco permite afirmar que el tomate pueda tratar por sí solo el hígado graso. Los especialistas consideran necesario realizar estudios con más participantes y durante períodos más prolongados para comprobar estos resultados y determinar si la reducción de la grasa hepática puede traducirse en beneficios de salud sostenidos.
El hallazgo, no obstante, suma evidencia sobre el posible papel de determinados alimentos dentro de una alimentación saludable y abre nuevas líneas de investigación sobre los efectos de los componentes presentes en el tomate sobre la salud del hígado.




