Sonrisas, saludos y besos antes del balance del terremoto: polémica por actitud de Abelardo de la Espriella

El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, quedó en el centro de una fuerte controversia luego de que circulara un video en el que se le observa sonriendo, saludando y lanzando besos a las cámaras momentos antes de entregar un balance sobre el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país y dejó una estela de muertos, heridos, personas desaparecidas y graves daños materiales.

La escena ocurrió en la sede de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), donde se instaló el Puesto de Mando Unificado para coordinar la respuesta del Gobierno ante la emergencia.

El contraste entre los gestos del mandatario y la gravedad de la información que estaba a punto de comunicar provocó numerosas críticas en redes sociales. Para sus detractores, la actitud mostró una preocupante falta de solemnidad y empatía ante una tragedia que ya había cobrado decenas de vidas.

La controversia, además, se produce apenas unos días después de la llegada de De la Espriella a la Presidencia. El terremoto se convirtió prácticamente en la primera gran crisis nacional de su Gobierno y puso a prueba su capacidad para reaccionar ante una emergencia de enormes proporciones.

El video que desató la polémica

Las imágenes que circulan en redes sociales muestran al presidente en la sede de la UNGRD, mientras espera el momento de dirigirse públicamente al país.

En el fragmento se observa a De la Espriella sonriendo, saludando hacia las cámaras y lanzando besos.

El problema para muchos espectadores está en el momento en que se producen esos gestos: ocurrieron poco antes de que el mandatario entregara información sobre la emergencia y sobre el número de personas fallecidas a causa del terremoto.

La escena fue rápidamente compartida en redes sociales y generó una ola de cuestionamientos. Algunas personas consideraron que el comportamiento era incompatible con la gravedad del momento y acusaron al mandatario de mostrarse desconectado de la tragedia.

La controversia llegó incluso a comunidades de redes sociales donde el fragmento fue ampliamente compartido y comentado. Entre las críticas se repitieron expresiones relacionadas con una supuesta falta de empatía y de solemnidad.
La escena ocurrió antes de un balance devastador

El contraste fue todavía más fuerte porque, minutos después, el mandatario tuvo que informar sobre las consecuencias del terremoto.

En el primer balance oficial entregado desde el Puesto de Mando Unificado, el Gobierno reportó al menos 111 personas fallecidas y 87 heridas, además de afectaciones en centros de salud, vías y aeropuertos.

El presidente señaló que una de las prioridades era rescatar a las personas que pudieran permanecer atrapadas bajo los escombros.

La emergencia, además, seguía en evolución y las cifras podían cambiar a medida que los organismos de socorro ingresaban a las zonas afectadas y verificaban los reportes.

Por eso, las imágenes del mandatario sonriendo y lanzando besos generaron un particular impacto: se trataba de los momentos previos a una intervención presidencial en la que el país esperaba conocer la dimensión de una tragedia que ya había dejado un número considerable de víctimas.

Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió a Colombia

El terremoto ocurrió el lunes 10 de agosto de 2026 a las 7:34 de la mañana.

El epicentro fue localizado en el departamento del Chocó, en inmediaciones de San José del Palmar. El Servicio Geológico Colombiano informó sobre un movimiento de magnitud 7,4, mientras organismos internacionales también registraron el fuerte sismo y su impacto en el occidente del país.

El movimiento fue sentido con fuerza en diferentes ciudades y departamentos.

Pereira, Cali, Manizales, Armenia y Quibdó estuvieron entre las ciudades afectadas, mientras que en diferentes municipios se reportaron daños en edificaciones, carreteras, centros asistenciales y otras estructuras.

La intensidad del terremoto provocó escenas de pánico y llevó a las autoridades a recomendar a los ciudadanos permanecer alejados de estructuras que pudieran presentar daños y evitar regresar a edificios afectados hasta que fueran inspeccionados.

Los equipos de rescate comenzaron entonces una carrera contra el tiempo para localizar a personas que pudieran estar atrapadas.

El Gobierno declaró el desastre nacional

Ante la magnitud de la emergencia, el Gobierno de De la Espriella declaró el desastre de carácter nacional.

La decisión fue tomada durante una reunión del Comité Nacional para el Manejo de Desastres, realizada en la Sala de Crisis de la UNGRD en Bogotá y encabezada por el presidente.

La medida buscaba facilitar la coordinación de las instituciones y acelerar la movilización de recursos para atender a las comunidades afectadas.

De la Espriella también ordenó la instalación de un Puesto de Mando Unificado para centralizar la información y coordinar las labores de atención.

El propio mandatario anunció que asumiría personalmente el liderazgo de la respuesta y solicitó a la UNGRD un reporte detallado sobre la situación y las necesidades más urgentes.

La primera gran prueba para el nuevo presidente

El terremoto llegó en un momento especialmente complicado para De la Espriella.

El mandatario apenas llevaba unos días en la Casa de Nariño cuando tuvo que enfrentarse a una de las mayores emergencias naturales de los últimos años.

Esto significa que su Gobierno todavía estaba terminando de organizar equipos, funcionarios y mecanismos de coordinación cuando ocurrió el desastre.

La emergencia, por tanto, no solo puso a prueba la capacidad de respuesta de los organismos de socorro. También convirtió a De la Espriella en el centro de una situación que requería decisiones rápidas y una comunicación institucional precisa.

Y es precisamente en este contexto donde algunos de sus críticos consideran que el presidente mostró señales de desconcierto.

¿De la Espriella no sabía qué hacer?

Una de las interpretaciones que comenzó a circular después de las imágenes es que el mandatario no parecía tener completamente claro cómo afrontar la emergencia durante los primeros momentos.

Esta percepción se relaciona con la improvisación que algunos usuarios atribuyeron a sus primeros movimientos, los cambios en su agenda y la necesidad de recurrir rápidamente a la estructura de la UNGRD para obtener información sobre la situación.

De la Espriella anunció inicialmente que se desplazaría hacia Pereira y posteriormente concentró parte de la coordinación en Bogotá, donde se instaló el Puesto de Mando Unificado.

Sin embargo, hay que distinguir entre una percepción política y un hecho comprobado.

Para sus críticos, esos primeros movimientos reflejaron improvisación. Para sus defensores, fueron parte de una reacción normal ante una emergencia de dimensiones extraordinarias.

La UNGRD estaba en medio de una transición

Uno de los aspectos menos conocidos de la emergencia es que la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres llegó al terremoto en medio de una situación administrativa particular.

La UNGRD es una de las entidades fundamentales del Estado colombiano para responder ante desastres naturales.

Pero cuando ocurrió el terremoto, la entidad no tenía director en propiedad.

Esto tiene un antecedente directamente relacionado con el Gobierno de Gustavo Petro.

Petro fue quien nombró a Carlos Carrillo en la UNGRD

Durante la administración de Gustavo Petro, Carlos Carrillo fue designado director de la UNGRD.

Carrillo llegó a la entidad después del escándalo que había golpeado a la Unidad durante la administración de Olmedo López, relacionado con las investigaciones por presuntas irregularidades en la compra de carrotanques destinados a La Guajira.

Sin embargo, Carrillo ya no estaba al frente de la UNGRD cuando ocurrió el terremoto de agosto de 2026.

El funcionario presentó su renuncia en junio, después de que la Procuraduría General de la Nación lo suspendiera provisionalmente por una investigación relacionada con su presunta participación indebida en política durante el proceso electoral. Posteriormente, el Gobierno de Petro aceptó su salida y dejó a Rafael Enrique Cruz Rodríguez, quien se desempeñaba como subdirector general, como encargado de la entidad.

Petro había nombrado a Carlos Carrillo como director de la UNGRD, pero Carrillo salió del cargo antes del terremoto y la entidad llegó a la emergencia sin un director titular.

Una entidad clave quedó sin director en propiedad

La ausencia de un director titular en la UNGRD durante una emergencia de semejante magnitud generó preguntas sobre la capacidad institucional del nuevo Gobierno.

La situación fue abordada por medios nacionales, que señalaron que la entidad enfrentaba precisamente ese vacío de liderazgo mientras el país intentaba responder al terremoto.

Este elemento es relevante porque De la Espriella, recién llegado al poder, tuvo que apoyarse en una estructura administrativa que venía del Gobierno anterior y que atravesaba una transición.

El mandatario solicitó directamente al responsable de la entidad información sobre la emergencia y las necesidades urgentes, mientras ordenaba la instalación del Puesto de Mando Unificado.

Así, el terremoto terminó poniendo en evidencia no solamente los daños causados por el fenómeno natural, sino también los problemas administrativos que dejó la transición entre los gobiernos de Petro y De la Espriella.

Un Gobierno que apenas comenzaba

El terremoto se produjo apenas unos días después de la posesión de De la Espriella.

Esto significa que el nuevo Gobierno tuvo que enfrentar una crisis nacional cuando todavía estaba terminando de definir algunos de sus equipos y responsabilidades institucionales.

La emergencia obligó a suspender o modificar la agenda presidencial y a concentrar la atención del Ejecutivo en la respuesta a los damnificados.

De la Espriella afirmó que asumiría personalmente el liderazgo de las operaciones y ordenó la coordinación de las instituciones desde el PMU.

El desafío, por tanto, era doble: responder a una tragedia de grandes proporciones y demostrar que la nueva administración tenía capacidad para tomar el control de una situación extraordinaria.

La polémica también tiene un componente político

La controversia alrededor del video no puede separarse completamente del intenso ambiente político colombiano.

De la Espriella llegó a la Presidencia después de una campaña marcada por una fuerte confrontación con el sector político de Gustavo Petro.

La transición entre ambos gobiernos estuvo acompañada de tensiones y disputas políticas.

Por eso, cualquier error de comunicación o gesto del nuevo presidente puede convertirse rápidamente en un episodio de confrontación entre sus simpatizantes y opositores.

El video de los besos no fue la excepción.

Mientras sus críticos lo utilizaron para acusarlo de frivolidad y falta de sensibilidad, sus defensores señalaron que no es razonable juzgar toda la respuesta de un Gobierno por unos pocos segundos de una transmisión.

En redes sociales también aparecieron críticas dirigidas al propio Petro por la manera en que reaccionó ante la tragedia, lo que demuestra que la emergencia rápidamente adquirió una dimensión política además de humanitaria.

La respuesta oficial tendrá que ser evaluada más allá del video

Aunque la actitud de De la Espriella frente a las cámaras generó una enorme polémica, la respuesta gubernamental tendrá que evaluarse también por sus resultados.

El Gobierno instaló el Puesto de Mando Unificado, declaró el desastre nacional, coordinó las labores de rescate y anunció medidas para atender a las personas afectadas.

La UNGRD, por su parte, informó que se desplegó una respuesta institucional bajo el liderazgo presidencial y que se activaron los mecanismos correspondientes para atender la emergencia.

La verdadera evaluación llegará durante los próximos días y semanas.

Será necesario determinar si las ayudas llegan efectivamente a las zonas afectadas, si los organismos de socorro cuentan con los recursos necesarios, si las personas damnificadas reciben asistencia y si el Gobierno logra recuperar la infraestructura destruida.

Una imagen que marcará los primeros días del Gobierno

El episodio de los besos y las sonrisas probablemente permanecerá como una de las primeras imágenes polémicas del mandato de Abelardo de la Espriella.

La razón es sencilla: se produjo en un momento extremadamente sensible.

Mientras el país comenzaba a conocer la dimensión del terremoto, las cámaras captaron al presidente comportándose de una manera que muchos consideraron poco acorde con la gravedad del momento.

Para sus críticos, la escena refleja una preocupante falta de empatía y una dificultad para asumir la solemnidad que exige el cargo presidencial durante una tragedia.

Para sus defensores, en cambio, se trata de unos segundos aislados que no pueden utilizarse para desconocer las decisiones que posteriormente tomó el Gobierno.

La evidencia disponible permite sostener ambas partes del debate con una diferencia fundamental: sí está comprobado lo que hizo el presidente frente a las cámaras; la valoración de si aquello demuestra o no falta de empatía pertenece al terreno de la interpretación.

Lo que tampoco puede afirmarse como un hecho es que De la Espriella “no sabía qué hacer”. Lo que sí muestran los acontecimientos es que tuvo que asumir una emergencia de enorme magnitud apenas comenzando su Gobierno y que la UNGRD se encontraba, además, sin director en propiedad.

Una emergencia que puso a prueba al nuevo Gobierno

El terremoto del 10 de agosto dejó a Colombia frente a una crisis humanitaria que exigió una respuesta inmediata.

Pero también expuso las primeras dificultades administrativas del Gobierno de De la Espriella: una transición todavía reciente, una entidad fundamental como la UNGRD sin director titular y un presidente obligado a asumir personalmente la coordinación de una emergencia nacional.

En ese escenario, el video en el que el mandatario sonríe y lanza besos se convirtió en el símbolo de una controversia mucho más amplia.

Sus detractores ven en esas imágenes una muestra de desconexión con el sufrimiento de las víctimas. Sus defensores consideran que se trata de un momento aislado que no representa la respuesta completa del Gobierno.

Lo que ocurra en los próximos días será mucho más determinante que esos pocos segundos de video.

La capacidad de rescatar a quienes continúan atrapados, atender a los heridos, acompañar a las familias que perdieron a sus seres queridos y garantizar vivienda y asistencia a los damnificados será, finalmente, la verdadera medida con la que se evaluará la primera gran crisis del Gobierno de Abelardo de la Espriella.

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