La nieve que sorprende al Polo Sur: décadas de registros muestran cambios en la acumulación

La estación Amundsen-Scott se encuentra en uno de los ambientes más extremos y secos del planeta. Aunque la acumulación de nieve en el Polo Sur presenta variaciones significativas de un año a otro, no existen datos públicos que permitan confirmar, a agosto de 2026, un nuevo récord histórico de acumulación durante el invierno austral de este año.

El Polo Sur suele asociarse con enormes cantidades de nieve y hielo. Sin embargo, las condiciones climáticas de esta región son mucho más particulares de lo que podría sugerir su paisaje completamente blanco. La estación científica Amundsen-Scott, situada prácticamente sobre el punto geográfico más austral de la Tierra, se encuentra en medio de un desierto polar extremadamente frío y seco, donde las precipitaciones son escasas y la mayor parte de la humedad atmosférica se deposita en forma de pequeños cristales de hielo.

En los últimos años, los registros científicos han mostrado que la cantidad de nieve que se acumula en esta región no permanece constante. Investigaciones basadas en décadas de observaciones meteorológicas han encontrado cambios en las tasas de acumulación y una importante variabilidad interanual.

Sin embargo, hasta el momento no hay confirmación de un récord histórico de acumulación de nieve correspondiente al invierno austral de 2026. La diferencia es importante, ya que convertir un episodio de mayor acumulación en un récord climático requiere compararlo con toda la serie histórica disponible y aplicar criterios homogéneos de medición.

Amundsen-Scott: una estación en el corazón de la Antártida

La estación Amundsen-Scott es operada por la National Science Foundation (NSF) de Estados Unidos y se encuentra en los 90° de latitud sur, exactamente en el Polo Sur geográfico.

La instalación está situada a aproximadamente 2.835 metros sobre el nivel del mar, sobre la enorme capa de hielo antártica. Además, debido al desplazamiento natural del hielo, la estación se mueve aproximadamente 10 metros cada año respecto al terreno subyacente.
La instalación comenzó a operar en 1956 y desde entonces se ha convertido en uno de los puntos de observación científica más importantes del interior de la Antártida. La estación realiza investigaciones relacionadas con meteorología, glaciología, geofísica, astronomía, astrofísica y ciencias atmosféricas, entre otras disciplinas.

La infraestructura actual fue construida elevada sobre el hielo y quedó terminada en 2008, precisamente para mejorar su resistencia frente a la acumulación de nieve y las condiciones extremas de la región.

Un desierto cubierto de hielo

Uno de los aspectos más llamativos del Polo Sur es que, pese a estar cubierto permanentemente por enormes cantidades de hielo y nieve, climáticamente es un desierto.

La explicación está en la cantidad de humedad disponible en la atmósfera. Las temperaturas extremadamente bajas dificultan que el aire contenga grandes cantidades de vapor de agua, por lo que las precipitaciones son muy reducidas.

La NSF señala que la estación Amundsen-Scott recibe aproximadamente 2,5 centímetros de precipitación al año, principalmente en forma de cristales de hielo. La temperatura media anual ronda los −49 °C, mientras que durante el invierno puede descender por debajo de los −80 °C.

Los datos del repositorio meteorológico antártico de la Universidad de Wisconsin-Madison sitúan la acumulación anual de nieve alrededor de 20 centímetros de nieve, equivalente aproximadamente a entre 6 y 8 centímetros de agua.

Estas cifras ayudan a entender una aparente contradicción: puede haber enormes cantidades de hielo acumuladas durante miles de años en la Antártida y, al mismo tiempo, caer muy poca nieve cada año en el Polo Sur.

La acumulación de nieve no es igual todos los años

La nieve que cae sobre el Polo Sur no se comporta de manera idéntica cada temporada. La acumulación depende de factores atmosféricos y meteorológicos que pueden modificar la cantidad de humedad que llega al interior del continente.

El viento también desempeña un papel fundamental. En una región donde las precipitaciones son escasas, el transporte y redistribución de la nieve por acción del viento pueden alterar considerablemente las mediciones realizadas en diferentes puntos.

Por esa razón, los científicos no pueden determinar si un invierno fue excepcional simplemente observando que hubo más nieve alrededor de los edificios de la estación.

Es necesario analizar series de mediciones, acumulación neta, densidad de la nieve y equivalencia en agua, además de tener en cuenta los efectos del viento y las características del terreno.

¿Qué dicen los estudios sobre la nieve del Polo Sur?

Una de las investigaciones más importantes sobre la climatología de Amundsen-Scott analizó más de cinco décadas de datos meteorológicos de la estación.

El estudio, publicado en Atmospheric Research, examinó registros correspondientes a 54 años y encontró, entre otros resultados, una tendencia estadísticamente significativa hacia una disminución de la acumulación anual de nieve durante el período 1983-2010. La tasa estimada fue de aproximadamente −2,9 milímetros por año, expresada en términos de acumulación de nieve.

Pero la historia no termina allí.

Una investigación posterior publicada en el Journal of Geophysical Research: Atmospheres examinó la variabilidad de la acumulación de nieve en el Polo Sur entre 1983 y 2020. Los investigadores encontraron que la acumulación anual disminuyó significativamente antes de 2007, pero posteriormente se produjo un cambio hacia una tendencia ascendente marcada durante 2008-2020.

Esto demuestra por qué resulta problemático afirmar que una determinada temporada constituye automáticamente un récord climático.

El comportamiento de la nieve en el Polo Sur presenta fluctuaciones y cambios de tendencia que deben analizarse dentro de períodos prolongados.

¿Por qué puede aumentar la nieve en un lugar tan seco?

La respuesta está relacionada con la circulación atmosférica.

Aunque el interior de la Antártida es extremadamente seco, ocasionalmente sistemas atmosféricos pueden transportar mayores cantidades de humedad hacia el continente. Cuando esas condiciones coinciden con temperaturas suficientemente bajas, la humedad puede terminar depositándose como nieve o cristales de hielo.

El resultado puede ser un período con una acumulación superior a la habitual.

Esto no significa necesariamente que todo el continente esté experimentando más precipitaciones. La Antártida es gigantesca y presenta diferencias climáticas enormes entre sus regiones costeras, la península y la meseta interior.

La nieve también es importante para estudiar el clima

Medir la nieve que se acumula en el Polo Sur no es simplemente una cuestión de saber cuánto se ha cubierto el terreno.

Cada nueva capa de nieve puede convertirse, con el paso del tiempo, en parte de la enorme masa de hielo antártica. La acumulación constituye además una de las variables fundamentales para estudiar el balance de masa del continente y reconstruir cambios climáticos del pasado.

Los registros meteorológicos obtenidos en Amundsen-Scott son especialmente valiosos porque la estación se encuentra en el interior de la Antártida y ha mantenido observaciones durante muchas décadas.

La propia NSF destaca que la estación permite desarrollar investigaciones de meteorología y glaciología, mientras que el Atmospheric Research Observatory situado allí constituye uno de los puntos importantes para estudiar la atmósfera sobre el continente.

Un lugar donde la nieve también representa un problema para la infraestructura

La acumulación de nieve no solamente interesa a los científicos. También supone un desafío constante para quienes mantienen la estación.

Las estructuras construidas en el Polo Sur pueden quedar progresivamente rodeadas o enterradas por la nieve transportada por el viento. La historia de la estación estadounidense demuestra la magnitud del problema.

La antigua instalación conocida como «Old Pole» terminó siendo abandonada y quedó sepultada bajo la superficie. Posteriormente, la estación construida bajo una gran cúpula geodésica también fue retirada antes de quedar completamente cubierta por la acumulación de hielo y nieve.

La estación actual fue diseñada teniendo precisamente este problema en cuenta. Sus edificios principales se encuentran elevados y su estructura permite realizar ajustes para enfrentar la acumulación y el movimiento del hielo.

El invierno austral todavía no ha terminado

Otro elemento importante para interpretar cualquier supuesto récord de 2026 es el calendario antártico.

En el hemisferio sur, el invierno se desarrolla aproximadamente entre junio y septiembre. En el Polo Sur, además, las condiciones estacionales son extremas: durante meses el Sol permanece por debajo del horizonte y la estación queda prácticamente aislada del exterior.

La NSF señala que durante el invierno la población de Amundsen-Scott puede reducirse a unas 42 personas durante una semana típica, frente a un máximo de aproximadamente 150 personas en determinadas semanas del verano.

Por ello, a mediados de agosto de 2026 todavía no es posible presentar el balance completo de la temporada invernal de este año como si ya hubiera terminado.

¿Existe entonces un récord de nieve en 2026?

Por ahora, no hay una fuente científica o institucional fiable localizada que permita afirmar que Amundsen-Scott estableció un récord histórico de acumulación de nieve durante el invierno de 2026.

Sí existe evidencia científica de que la acumulación de nieve en el Polo Sur ha experimentado importantes variaciones a lo largo de las últimas décadas. También se ha observado un aumento de la acumulación durante determinados períodos recientes, particularmente entre 2008 y 2020.

Sin embargo, afirmar que la temporada actual ya constituye un récord requeriría datos completos y comparables con el conjunto de registros históricos.

Esta distinción es especialmente importante en climatología. Un episodio de nevadas intensas, una gran acumulación local o una fotografía de grandes montículos de nieve no son suficientes para establecer un récord climático.

El Polo Sur sigue siendo un laboratorio natural único

Más allá de que se confirme o no un récord de nieve en 2026, Amundsen-Scott continúa siendo uno de los lugares más importantes para estudiar el comportamiento del sistema climático terrestre.

La combinación de altitud, temperaturas extremadamente bajas, aire seco, aislamiento y ausencia de contaminación lumínica convierte al Polo Sur en un sitio excepcional para investigaciones atmosféricas y astronómicas.

La estación alberga, entre otras instalaciones científicas, el South Pole Telescope, observatorios atmosféricos y el detector de neutrinos IceCube, construido dentro del hielo antártico.

Los datos obtenidos allí permiten estudiar desde procesos de la atmósfera terrestre hasta fenómenos relacionados con el universo profundo.

Una advertencia frente a los titulares sobre récords climáticos

La posible confusión alrededor del supuesto récord de nieve también sirve para recordar la importancia de diferenciar entre tiempo meteorológico y clima.

Una temporada especialmente nevada puede ser un fenómeno meteorológico puntual. El clima, en cambio, se estudia mediante períodos prolongados y series de datos que permiten identificar tendencias.

En el caso del Polo Sur, las investigaciones disponibles muestran precisamente que las tendencias pueden cambiar con el tiempo: los registros históricos muestran una disminución de la acumulación durante parte del período estudiado y posteriormente un aumento.

Por eso, cualquier eventual récord de acumulación durante 2026 tendría que ser evaluado cuando finalice la temporada y se hayan procesado los datos correspondientes.

En conclusión

La estación Amundsen-Scott se encuentra en uno de los ambientes más extremos de la Tierra, donde las temperaturas pueden caer por debajo de −80 °C y la precipitación anual es extraordinariamente baja.

Aunque la acumulación de nieve en el Polo Sur presenta variaciones significativas y los estudios recientes han identificado un aumento durante determinados períodos, no se ha podido verificar hasta ahora que el invierno austral de 2026 haya establecido un récord histórico de acumulación de nieve.

La historia climática de Amundsen-Scott demuestra, en cambio, que incluso en el desierto polar más frío del planeta pequeñas variaciones en la cantidad de nieve pueden aportar información relevante sobre la circulación atmosférica, el balance de hielo y la evolución del clima antártico.

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