Omán ha convertido la energía solar en una herramienta para afrontar uno de sus principales desafíos: garantizar el acceso al agua potable en una región caracterizada por la escasez hídrica. En la ciudad costera de Sur, en la gobernación de Ash Sharqiyah, una planta fotovoltaica de 17 megavatios pico (MWp) fue integrada a la planta desalinizadora de Sharqiyah, permitiendo cubrir con electricidad solar el consumo energético de la instalación durante las horas de luz.
El proyecto fue desarrollado por Veolia y TotalEnergies y representa uno de los ejemplos más importantes de integración entre energía renovable y producción de agua potable en Omán. La planta solar tiene una producción anual superior a 32.000 megavatios-hora (MWh) y, según las autoridades omaníes y la empresa operadora, puede cubrir el 100 % del consumo eléctrico de la desalinizadora durante el periodo diurno.
Sin embargo, hay una precisión importante: esto no significa que la desalinizadora funcione las 24 horas exclusivamente con energía solar. La instalación fotovoltaica cubre su consumo durante las horas de luz; cuando no hay generación solar, la planta necesita otras fuentes de electricidad. Esta diferencia es fundamental para entender correctamente el alcance del proyecto.
Un proyecto que comenzó a operar en 2023
Aunque algunas publicaciones pueden presentar la noticia como si se tratara de una instalación que comenzó a funcionar recientemente, la cronología oficial sitúa su entrada en operación comercial en abril de 2023.
De acuerdo con la información de Sharqiyah Desalination Company, las pruebas del sistema fotovoltaico se realizaron entre el 30 de marzo y el 15 de abril de 2023, y la operación comercial comenzó el 16 de abril de 2023. Posteriormente, el 6 de noviembre de 2023, el ministro de Energía y Minerales de Omán, Salim bin Nasser Al-Aufi, inauguró oficialmente la instalación solar.
Por tanto, más que hablar de una planta que acaba de iniciar operaciones, el dato correcto es que Omán puso en funcionamiento este sistema solar en 2023 y desde entonces lo utiliza para reducir el consumo energético convencional asociado a la producción de agua potable.
¿Por qué Omán necesita desalinizar agua?
La importancia del proyecto está directamente relacionada con las características geográficas y climáticas del país.
Omán se encuentra en una zona árida de la península arábiga, donde las precipitaciones son limitadas y los recursos de agua dulce son escasos. En la región de Ash Sharqiyah, además, existe una presión importante sobre las aguas subterráneas debido a la sequía y a la explotación histórica de estos recursos.
En este contexto, el mar representa una fuente de agua prácticamente inagotable, pero el agua marina no puede utilizarse directamente para consumo humano debido a su elevada concentración de sales y otros componentes.
La solución consiste en desalinizar el agua de mar, es decir, separar las sales y otras sustancias presentes en ella para obtener agua dulce apta para el consumo después del tratamiento correspondiente.
Veolia señala que la planta de Sur fue desarrollada precisamente para responder a la escasez de agua de la región y suministrar agua potable a una población que supera los 600.000 habitantes en el área de Ash Sharqiyah.
¿Cómo funciona la desalinizadora?
La instalación de Sur utiliza principalmente la tecnología de ósmosis inversa, uno de los métodos más utilizados actualmente para la desalinización de agua de mar.
El proceso puede entenderse de manera relativamente sencilla.
Primero, el agua marina es captada y sometida a diferentes etapas de tratamiento. Posteriormente, se utiliza presión para hacer pasar el agua a través de unas membranas semipermeables.
Estas membranas permiten que las moléculas de agua atraviesen su estructura, pero dificultan el paso de las sales y otros componentes presentes en el agua marina.
El resultado es la separación entre el agua con una concentración mucho menor de sales y una corriente de agua concentrada que contiene las sustancias que fueron rechazadas durante el proceso.
La planta de Sur destaca además por utilizar un sistema de captación mediante pozos de playa, que permite extraer el agua a través del subsuelo costero antes de introducirla en el proceso de tratamiento. Según Veolia, este sistema ayuda a reducir el impacto sobre el ecosistema marino y permite una captación de gran escala.
La instalación produce alrededor de 80.000 metros cúbicos de agua potable al día en su configuración original, y la planta ha sido ampliada a lo largo de los años.
El papel de los paneles solares
La característica que hace especialmente relevante al proyecto no es solamente la desalinización, sino la forma en que se obtiene parte de la energía necesaria para realizarla.
La planta solar instalada junto a la desalinizadora cuenta con una potencia de 17 MWp y más de 32.000 paneles solares de alta eficiencia. El sistema ocupa aproximadamente 130.000 metros cuadrados, una superficie equivalente a unos 18 campos de fútbol.
Los paneles convierten directamente la radiación solar en electricidad mediante el efecto fotovoltaico. Esa electricidad se utiliza posteriormente para alimentar los equipos eléctricos necesarios para el proceso de tratamiento y desalinización.
Además, el proyecto incorpora un sistema de seguimiento Este-Oeste, diseñado para aumentar la producción de electricidad al modificar la orientación de los paneles a medida que cambia la posición del Sol.
La combinación es particularmente lógica para Omán: el país cuenta con abundante radiación solar y, al mismo tiempo, tiene una fuerte necesidad de producir agua potable mediante tecnologías que requieren cantidades importantes de energía.
¿Qué significa realmente que funcione con energía solar?
Uno de los aspectos que más puede prestarse a confusión es la expresión «alimentada en su totalidad por energía fotovoltaica».
La información oficial de Omán establece que el sistema solar puede cubrir el 100 % del consumo de la planta durante las horas de luz.
Esto es diferente de decir que la instalación es completamente independiente de otras fuentes de electricidad durante todo el día.
La generación fotovoltaica depende de la disponibilidad de radiación solar. Durante la noche, los paneles no producen electricidad y, además, la producción disminuye cuando las condiciones meteorológicas reducen la cantidad de radiación disponible.
Por eso, el proyecto debe entenderse como una integración de energía solar y desalinización, no como una planta completamente aislada de la red eléctrica.
Esta distinción no reduce su importancia. Al contrario, demuestra uno de los caminos que se están explorando para disminuir la huella de carbono de instalaciones que necesitan operar de manera continua.
Más de 32.000 MWh de electricidad renovable al año
La instalación fotovoltaica tiene una producción anual prevista superior a 32.000 MWh de electricidad renovable.
Las cifras oficiales señalan que esta generación puede evitar aproximadamente 27.200 toneladas de CO₂ al año. Esta reducción corresponde al desplazamiento de electricidad que, de otro modo, tendría que obtenerse mediante fuentes con mayores emisiones.
La propia Veolia explica que la instalación puede producir más de 30 GWh de electricidad verde al año y que esta cantidad equivale a más de un tercio del consumo energético diario de la planta en términos de generación solar anual.
La diferencia entre las cifras de 30.000 y 32.000 MWh no representa necesariamente una contradicción: las primeras estimaciones del proyecto hablaban de más de 30.000 MWh anuales, mientras que los datos posteriores de operación e inauguración sitúan la capacidad anual por encima de los 32.000 MWh.
Un paso hacia la descarbonización de la desalinización
La desalinización tiene una ventaja fundamental: permite convertir agua de mar en un recurso utilizable en zonas donde el agua dulce es limitada.
Pero también tiene un desafío importante: consume energía.
La ósmosis inversa necesita bombas que generen presiones elevadas para impulsar el agua a través de las membranas. Por esta razón, aunque la tecnología de ósmosis inversa es mucho más eficiente que algunos métodos térmicos tradicionales, todavía representa una demanda energética considerable.
Integrar electricidad renovable permite abordar precisamente ese problema.
En lugar de producir agua potable utilizando únicamente electricidad procedente de fuentes convencionales, una parte importante de la energía puede proceder directamente del Sol.
De esta manera, el proyecto actúa sobre dos necesidades al mismo tiempo:
- Agua: transforma agua de mar en agua potable.
- Energía: utiliza electricidad producida por paneles fotovoltaicos.
- Emisiones: disminuye el consumo de electricidad convencional durante las horas solares.
- Seguridad hídrica: reduce la dependencia exclusiva de fuentes de agua dulce limitadas.
- Transición energética: demuestra cómo las energías renovables pueden integrarse en infraestructura crítica.
Una planta especialmente eficiente
El componente solar no es la única característica tecnológica destacada de la instalación.
La planta de Sur ya había sido diseñada para utilizar la energía de manera eficiente. Según Veolia, el sistema de ósmosis inversa consigue recuperar más del 97 % de la energía mecánica y puede ahorrar hasta un 40 % más de energía frente a una planta convencional de ósmosis inversa.
Esto es importante porque la sostenibilidad de una desalinizadora no depende exclusivamente de instalar paneles solares.
También es necesario reducir la cantidad de electricidad que requiere cada metro cúbico de agua producido.
En otras palabras, existen dos caminos complementarios: utilizar menos energía y conseguir que la energía utilizada tenga una menor huella ambiental.
El proyecto de Sur combina ambos enfoques.
¿Qué ocurre con la sal que queda después de la desalinización?
La desalinización no elimina la sal del planeta; la concentra.
Durante la ósmosis inversa se obtienen dos corrientes principales: el agua tratada y una corriente con mayor concentración de sales, conocida habitualmente como salmuera.
La gestión de esta corriente es uno de los principales aspectos ambientales que deben considerarse cuando se construyen grandes plantas desalinizadoras.
El diseño de la planta de Sur incorpora un sistema de captación mediante pozos de playa que, según Veolia, contribuye a minimizar el impacto sobre el medio marino. La empresa también destaca que esta modalidad de captación evita algunas de las dificultades asociadas con la toma directa de grandes cantidades de agua del mar.
Esto no significa que la desalinización sea ambientalmente neutra. Como cualquier infraestructura industrial, requiere energía, materiales, mantenimiento y una gestión adecuada de los residuos y de la salmuera.
La diferencia está en que el uso de energía solar permite reducir una parte importante de las emisiones asociadas al consumo eléctrico.
El proyecto y la estrategia energética de Omán
La instalación también debe entenderse dentro de los objetivos energéticos nacionales de Omán.
El país ha establecido como meta que el 30 % de su electricidad proceda de fuentes renovables para 2030. La integración de energía solar en infraestructuras esenciales, como las plantas desalinizadoras, forma parte de este proceso de transformación energética.
Esto resulta especialmente relevante porque Omán, como otros países del Golfo, históricamente ha contado con una fuerte presencia de combustibles fósiles en su sistema energético.
El desarrollo de grandes instalaciones solares permite aprovechar una de las características naturales más abundantes del país: la radiación solar.
La estrategia tiene además una dimensión económica. Si la electricidad renovable puede producirse a costos competitivos, puede utilizarse no solamente para abastecer hogares y empresas, sino también para alimentar industrias y servicios esenciales.
La desalinización es uno de los sectores donde esta combinación tiene mayor sentido.
¿Por qué la energía solar y la desalinización encajan tan bien?
Existe una coincidencia natural entre ambas tecnologías.
Las regiones que presentan mayores problemas de disponibilidad de agua suelen encontrarse en zonas áridas y con altos niveles de radiación solar.
Es decir, precisamente los lugares que necesitan buscar fuentes alternativas de agua suelen disponer de una fuente abundante de energía solar.
Esto abre la posibilidad de construir sistemas en los que el agua de mar proporcione la materia prima y el Sol proporcione una parte importante de la electricidad necesaria para transformarla en agua potable.
En Omán, esta relación resulta especialmente evidente.
El país tiene una extensa costa sobre el mar Arábigo y, simultáneamente, grandes zonas áridas. En consecuencia, la combinación de agua marina + ósmosis inversa + energía fotovoltaica puede convertirse en una herramienta estratégica para aumentar la seguridad hídrica.
Omán ya está avanzando hacia nuevos proyectos solares
La experiencia de Sur no se ha quedado como un proyecto aislado.
En 2025 y 2026 se han desarrollado nuevas iniciativas para incorporar energía solar a otras instalaciones de desalinización del país.
Uno de los casos más recientes es Barka V, una planta de ósmosis inversa con capacidad de aproximadamente 100.000 metros cúbicos diarios, que incorporó un proyecto fotovoltaico destinado a reducir su consumo de electricidad procedente de otras fuentes. La instalación solar puede cubrir hasta alrededor del 11 % de las necesidades energéticas de Barka V, según información publicada sobre el proyecto.
La comparación resulta interesante.
Mientras el proyecto de Sharqiyah fue diseñado para cubrir el consumo de la planta durante las horas de luz, la instalación de Barka V representa otro modelo: incorporar progresivamente generación solar a una planta de gran escala para reducir su dependencia energética convencional.
Esto demuestra que la experiencia de Sur forma parte de una tendencia más amplia en el sector hídrico omaní.
Un modelo que puede extenderse a otras regiones
La importancia de este proyecto va más allá de Omán.
Países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos y otras naciones con estrés hídrico también están investigando o implementando sistemas que combinan desalinizadoras con energías renovables.
La razón es sencilla: el problema del agua y el problema energético están estrechamente relacionados.
Si una región necesita desalinizar enormes cantidades de agua, necesita grandes cantidades de electricidad. Si esa electricidad procede principalmente de combustibles fósiles, parte de la solución al problema hídrico puede aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero.
La energía solar ofrece una manera de reducir esa relación.
No significa que todas las desalinizadoras puedan funcionar exclusivamente con paneles solares ni que desaparezcan automáticamente sus impactos ambientales. Sin embargo, demuestra que la producción de agua potable puede integrarse cada vez más con sistemas energéticos de bajas emisiones.
Los retos que todavía quedan por resolver
A pesar de sus ventajas, la desalinización alimentada con energía renovable también enfrenta desafíos.
El primero es la intermitencia solar. Los paneles producen electricidad principalmente durante el día, mientras que la demanda de agua existe durante las 24 horas.
Una solución puede ser utilizar la red eléctrica como respaldo, como ocurre en este tipo de proyectos, o incorporar sistemas de almacenamiento energético que permitan utilizar posteriormente la electricidad generada durante las horas de máxima radiación.
Otro desafío es el costo inicial. Una gran instalación fotovoltaica requiere una inversión considerable en paneles, estructuras, inversores, conexiones eléctricas y sistemas de control.
También existe el desafío del mantenimiento. En regiones desérticas y costeras, el polvo, las altas temperaturas y la salinidad pueden afectar a los equipos fotovoltaicos y aumentar las necesidades de limpieza y mantenimiento.
Finalmente, la gestión de la salmuera sigue siendo un asunto ambiental que debe abordarse cuidadosamente.
Por ello, la transición hacia una desalinización más sostenible no depende de una sola tecnología. Requiere combinar eficiencia energética, energías renovables, almacenamiento, mejores membranas, sistemas de captación adecuados y una gestión ambiental responsable.
¿Qué representa realmente el proyecto de Sur?
La planta solar de Sharqiyah no convierte mágicamente el proceso de desalinización en una actividad completamente libre de emisiones.
Su importancia está en demostrar que una infraestructura fundamental para la seguridad hídrica puede recibir una cantidad muy significativa de su energía de una fuente renovable.
Con 17 MWp de potencia instalada, más de 32.000 paneles solares, una producción anual superior a 32.000 MWh y una capacidad para cubrir el consumo eléctrico de la desalinizadora durante las horas de luz, el proyecto constituye un ejemplo concreto de cómo la transición energética puede incorporarse a sistemas esenciales.
Además, la reducción estimada de aproximadamente 27.200 toneladas de CO₂ al año muestra que el beneficio ambiental no se limita a una declaración de intenciones: existe un impacto cuantificable en términos de emisiones evitadas.
Agua del mar, electricidad del Sol
El caso de Omán resume uno de los grandes retos tecnológicos del siglo XXI: conseguir recursos esenciales sin aumentar al mismo ritmo la presión sobre el medio ambiente.
El país necesita agua y tiene acceso a enormes cantidades de agua marina, pero convertirla en agua potable requiere energía. Al mismo tiempo, dispone de abundante radiación solar.
La planta de Sharqiyah aprovecha precisamente esa combinación.
Desde su entrada en operación comercial en abril de 2023, la instalación fotovoltaica ha permitido que la desalinizadora produzca agua utilizando electricidad renovable durante las horas de sol, reduciendo así su dependencia de fuentes convencionales y sus emisiones asociadas.
El proyecto también deja una lección importante: la desalinización sostenible no consiste simplemente en colocar paneles solares junto a una planta de agua. El verdadero desafío es diseñar todo el sistema para consumir menos energía, aprovechar mejor las fuentes renovables, garantizar el suministro durante todo el día y minimizar los impactos ambientales.
Omán ha dado uno de esos pasos en Sur. Y mientras el país continúa incorporando energía solar a nuevas instalaciones de desalinización, el modelo podría convertirse en una referencia para otras regiones áridas que enfrentan simultáneamente dos problemas: la escasez de agua y la necesidad de reducir las emisiones de su sistema energético.




