Brasil está reforzando su estrategia para disminuir la dependencia de fertilizantes importados mediante el desarrollo de alternativas nacionales basadas en el aprovechamiento de residuos orgánicos. Entre estas opciones se encuentran los residuos procedentes de actividades agropecuarias, incluidos los generados por la ganadería, que pueden ser transformados mediante procesos de compostaje y otros tratamientos en fertilizantes orgánicos y organominerales.
La apuesta se enmarca en el Plano Nacional de Fertilizantes (PNF), una política de largo plazo que busca ampliar la producción nacional de estos insumos y reducir la vulnerabilidad de la agricultura brasileña frente a las variaciones del mercado internacional.
Es importante precisar que no se trata de un único programa nacional lanzado en 2026 dedicado exclusivamente a convertir residuos ganaderos en fertilizantes. Lo que existe es una estrategia nacional que incluye la Iniciativa Biofert, respaldada por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), además de proyectos concretos en estados brasileños que ya utilizan residuos de la ganadería para producir biofertilizantes.
Una dependencia externa que sigue siendo un desafío
La producción de fertilizantes se ha convertido en un asunto estratégico para Brasil debido al enorme peso que estos insumos tienen en su agricultura. El país es uno de los mayores consumidores de fertilizantes del mundo: representa aproximadamente el 8 % del consumo mundial y ocupa el cuarto lugar global. Los cultivos de soja, maíz y caña de azúcar concentran más del 73 % del consumo nacional.
Al mismo tiempo, Brasil continúa dependiendo fuertemente de las importaciones. El Ministerio de Agricultura y Pecuaria (MAPA) señala que actualmente alrededor del 85 % de los fertilizantes utilizados en el país son importados, una situación que deja al sector agrícola expuesto a problemas de abastecimiento, variaciones de precios, costos logísticos y conflictos o restricciones comerciales internacionales.
La vulnerabilidad quedó reflejada también en análisis realizados durante 2026. Un informe del Banco do Nordeste señaló que Brasil importa aproximadamente entre el 80 % y el 85 % de los fertilizantes que consume, mientras que factores geopolíticos y restricciones comerciales pueden generar nuevas presiones sobre la disponibilidad y los precios de estos productos.
Por esa razón, aumentar la producción interna no significa necesariamente eliminar las importaciones, sino ampliar las fuentes disponibles y disminuir la exposición del país a las condiciones del mercado internacional.
El Plan Nacional de Fertilizantes apuesta por los residuos
La estrategia brasileña tiene como uno de sus principales instrumentos el Plano Nacional de Fertilizantes 2022-2050, establecido mediante el Decreto 10.991 de 2022 y posteriormente modificado en 2023.
El plan establece objetivos para ampliar la capacidad productiva nacional y contempla específicamente el crecimiento de los fertilizantes orgánicos y organominerales. Entre sus metas figura aumentar su producción y oferta en al menos 50 % para 2030, tomando como referencia la situación existente al momento de formulación del plan.
Otro de los objetivos resulta especialmente relevante para la economía circular: el Gobierno brasileño pretende que para 2030 al menos el 10 % de la producción de fertilizantes e insumos agrícolas proceda del reaprovechamiento de residuos sólidos y subproductos con potencial de uso agrícola. La meta aumenta al 30 % para 2040 y al 70 % para 2050.
Esto abre la puerta a una utilización mucho mayor de materiales que tradicionalmente han sido considerados residuos, entre ellos diferentes tipos de materia orgánica procedente de las actividades agropecuarias.
La Iniciativa Biofert busca convertir residuos en insumos agrícolas
Dentro de esta estrategia se encuentra la Iniciativa Biofert, incluida en el Plano Nacional de Fertilizantes y orientada a multiplicar las unidades de producción de fertilizantes orgánicos y organominerales a partir de residuos.
El BNDES explica que la iniciativa contempla residuos procedentes de fuentes rurales, industriales y urbanas, incluidos aquellos derivados del procesamiento de productos agropecuarios. Su objetivo es coordinar esfuerzos entre distintas instituciones para aumentar la producción nacional.
En la iniciativa participan organismos como el Consejo Nacional de Fertilizantes y Nutrición de Plantas (CONFERT), el BNDES, la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (Embrapa) y la Empresa Brasileira de Pesquisa e Inovação Industrial (Embrapii).
El papel del BNDES es particularmente importante porque puede financiar la construcción, ampliación o adaptación de plantas destinadas a procesar residuos orgánicos para convertirlos en fertilizantes. El financiamiento puede realizarse mediante recursos del Fondo Clima.
De esta manera, la propuesta no se limita a que los agricultores utilicen directamente el estiércol como abono. El objetivo es desarrollar una cadena productiva capaz de recoger, tratar, transformar, estandarizar y comercializar materiales orgánicos como insumos agrícolas.
El estiércol ganadero adquiere un nuevo valor
La ganadería genera grandes cantidades de residuos orgánicos. Cuando estos materiales no son gestionados adecuadamente pueden representar problemas ambientales, pero mediante procesos controlados pueden convertirse en una fuente de nutrientes para la agricultura.
El estiércol bovino, por ejemplo, contiene nutrientes que pueden ser aprovechados por los cultivos. La Embrapa señala que el reciclaje de residuos orgánicos permite recuperar nutrientes y disminuir la necesidad de insumos externos dentro de los sistemas productivos. Entre las prácticas utilizadas se encuentran el compostaje, la producción de vermicompuesto y el uso agrícola de residuos tratados.
El proceso industrial puede incluir etapas de separación, mezcla, compostaje, estabilización, control de humedad y análisis de nutrientes. Dependiendo del producto final, los materiales pueden utilizarse solos o combinarse con otras fuentes minerales para producir fertilizantes organominerales.
Esto resulta especialmente interesante para Brasil porque permite conectar dos actividades fundamentales de su economía: la producción ganadera y la agricultura.
Mato Grosso do Sul ya tiene un ejemplo concreto
Uno de los casos más claros se encuentra en Mato Grosso do Sul, donde se puso en marcha una asociación entre organismos públicos, empresas de saneamiento y una compañía especializada en fertilizantes orgánicos.
El proyecto comenzó en 2024 con la producción de un biofertilizante elaborado a partir de estiércol bovino y lodos tratados provenientes de estaciones de tratamiento de aguas residuales. La iniciativa fue impulsada por la Secretaría de Medio Ambiente, Desarrollo, Ciencia, Tecnología e Innovación de Mato Grosso do Sul (Semadesc), la Agencia de Desarrollo Agrario y Extensión Rural (Agraer), Ambiental MS Pantanal y Organics.
El producto recibió el nombre de Fertibio-MS. En su primera entrega se distribuyeron 150 toneladas de biofertilizante destinadas a agricultores familiares, tradicionales, asentados, quilombolas e indígenas. El proyecto contemplaba alcanzar una distribución de al menos 1.200 toneladas anuales, equivalentes a unas 100 toneladas mensuales.
La iniciativa continuó teniendo presencia en 2026. Un reporte publicado en febrero de este año describió el uso del producto en una comunidad rural de Mato Grosso do Sul, donde el biofertilizante se produce con una mezcla de aproximadamente 10 % de lodo tratado y 90 % de estiércol bovino.
El caso demuestra cómo los residuos de la ganadería pueden incorporarse a una cadena de economía circular: un material que anteriormente podía representar un problema de manejo se convierte en un insumo para la producción agrícola.
Más que sustituir fertilizantes químicos
La expansión de los fertilizantes orgánicos no significa que Brasil pueda sustituir de inmediato todos los fertilizantes minerales importados.
Los fertilizantes convencionales aportan concentraciones específicas de nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio, y continúan siendo esenciales para numerosos cultivos comerciales. Los fertilizantes orgánicos, por su parte, tienen características diferentes y pueden desempeñar un papel importante en el aporte de materia orgánica y nutrientes, además de contribuir al mejoramiento de determinadas propiedades del suelo.
Por ello, la estrategia brasileña apunta también a los fertilizantes organominerales, que combinan materia orgánica con fuentes minerales de nutrientes.
El propio PNF establece como objetivo desarrollar nuevas tecnologías para procesar y estandarizar materias primas destinadas a fabricar fertilizantes orgánicos y organominerales de mayor eficiencia agronómica. Para 2030, el plan contempla disponer de al menos cinco nuevas rutas tecnológicas para este propósito.
Esto es importante porque uno de los principales retos del aprovechamiento de residuos agropecuarios es garantizar que el producto final tenga una composición conocida, sea seguro y pueda utilizarse de manera adecuada según las necesidades de cada cultivo.
Un modelo basado en economía circular
La transformación de residuos ganaderos en fertilizantes representa un ejemplo de economía circular aplicada a la agroindustria.
En un modelo tradicional, una explotación ganadera genera residuos que deben ser almacenados, tratados o eliminados. Paralelamente, una explotación agrícola necesita adquirir nutrientes provenientes de otras cadenas productivas, en muchos casos dependientes de materias primas y proveedores internacionales.
La economía circular busca conectar ambos procesos.
Ganadería → residuos orgánicos → tratamiento → fertilizante → cultivos → producción agrícola
Con este sistema, una parte de los nutrientes presentes en los residuos puede regresar al suelo en lugar de convertirse exclusivamente en un pasivo ambiental.
La Embrapa considera precisamente que el aprovechamiento de residuos puede reducir las pérdidas de nutrientes y disminuir la dependencia de insumos externos en los sistemas productivos.
También existe un componente ambiental
El interés por los fertilizantes orgánicos no responde únicamente a razones económicas. El manejo adecuado de los residuos ganaderos también tiene una dimensión ambiental.
Los residuos animales contienen materia orgánica y nutrientes que, si son gestionados incorrectamente, pueden terminar afectando el suelo y los recursos hídricos. Su procesamiento permite controlar mejor estos materiales y aprovechar parte de sus componentes.
Además, la utilización de residuos como materia prima puede reducir la necesidad de extraer y transportar determinados recursos utilizados en la fabricación de insumos convencionales.
El BNDES considera que la producción de fertilizantes orgánicos y organominerales a partir de residuos puede contribuir tanto a una agricultura más sostenible como al desarrollo de sistemas urbanos y rurales más resilientes.
El desafío está en llevar el modelo a mayor escala
Aunque las experiencias existentes muestran el potencial de esta estrategia, Brasil todavía enfrenta varios desafíos antes de que los fertilizantes derivados de residuos puedan representar una parte mucho mayor de su abastecimiento.
Uno de ellos es la logística. Los residuos ganaderos suelen encontrarse dispersos geográficamente y pueden tener un alto contenido de humedad, lo que hace costoso transportarlos largas distancias.
También es necesario contar con infraestructura para el tratamiento, almacenamiento y transformación de los residuos. A esto se suman los requisitos técnicos y regulatorios que deben cumplir los establecimientos productores de fertilizantes.
El MAPA establece procedimientos específicos para el registro de establecimientos productores, importadores y comercializadores de fertilizantes, además de requisitos para los productos que ingresan al mercado brasileño.
Por ello, el crecimiento de esta industria dependerá no solo de la disponibilidad de residuos, sino también de la inversión en tecnología, infraestructura, transporte, investigación y control de calidad.
Una apuesta estratégica para la agroindustria brasileña
Brasil tiene una de las mayores industrias agropecuarias del planeta y, precisamente por esa escala, necesita grandes cantidades de fertilizantes. Reducir la dependencia externa es, por tanto, un objetivo relacionado no solamente con los costos de producción, sino también con la seguridad alimentaria y la estabilidad de su sector agrícola.
El Gobierno brasileño mantiene como horizonte que para 2050 la producción nacional pueda cubrir entre el 45 % y el 50 % de la demanda interna de fertilizantes. Actualmente, el país importa cerca del 85 % de lo que utiliza.
En ese escenario, los fertilizantes orgánicos y organominerales no constituyen una solución única, pero sí una de las piezas de una estrategia más amplia.
El aprovechamiento de residuos ganaderos ofrece a Brasil la posibilidad de transformar un subproducto de una de sus principales actividades económicas en un recurso para otra actividad igualmente estratégica. Si las inversiones en plantas de procesamiento, investigación y logística consiguen ampliar estas iniciativas, el país podría avanzar simultáneamente en tres frentes: reducir la dependencia de insumos externos, aprovechar mejor sus propios recursos y fortalecer la sostenibilidad de la producción agropecuaria.
La apuesta, por tanto, no consiste simplemente en convertir estiércol en abono. Se trata de construir una cadena industrial capaz de recuperar nutrientes, generar nuevos productos y mantenerlos dentro del ciclo productivo. Ese enfoque convierte a los residuos de la ganadería en una materia prima con valor económico y coloca a la economía circular en el centro de una de las discusiones estratégicas de la agroindustria brasileña.




