De terreno abandonado a refugio climático: así funciona el nuevo parque sostenible de Copenhague

Copenhague, Dinamarca. La capital danesa continúa consolidándose como uno de los laboratorios urbanos más interesantes de Europa para enfrentar los efectos del cambio climático. Uno de sus ejemplos más recientes es Grønningen-Bispeparken, un parque climático de aproximadamente 20.000 metros cuadrados situado en el barrio de Nordvest, donde un espacio verde deteriorado fue transformado en una infraestructura urbana capaz de gestionar grandes cantidades de agua de lluvia, aumentar la biodiversidad y ofrecer nuevos espacios de encuentro para los habitantes.

El proyecto, diseñado por el estudio danés SLA por encargo de la ciudad de Copenhague, fue inaugurado el 31 de agosto de 2024. Su importancia ha vuelto a ganar atención internacional durante 2026, especialmente por la forma en que combina paisaje, arquitectura, infraestructura hidráulica y espacios públicos.

Conviene hacer una precisión sobre el titular que circula alrededor del proyecto: no existe evidencia suficiente para afirmar que Grønningen-Bispeparken sea «el parque lineal urbano con pavimento permeable más extenso de Europa». Las fuentes especializadas consultadas describen el proyecto como un parque climático y de adaptación basado en la naturaleza de 20.000 m², con senderos de superficies permeables y un sistema de 18 bioswales o zanjas vegetadas. Por eso, presentar el proyecto como «el más extenso de Europa» sería añadir una afirmación que no está respaldada por la documentación disponible.

De un espacio deteriorado a un parque preparado para el clima

Grønningen-Bispeparken forma parte de un conjunto residencial construido durante la década de 1950. Antes de su transformación, el área exterior estaba dominada por superficies de césped deterioradas, tenía poca diversidad vegetal y ofrecía pocas posibilidades para actividades recreativas o de encuentro comunitario.

Además, el terreno presentaba un problema particularmente importante para una ciudad que ha tenido que replantear su relación con las lluvias intensas: durante los episodios de tormentas, el agua podía desplazarse rápidamente por el espacio sin contar con suficientes elementos capaces de retenerla, almacenarla o infiltrarla.

La ciudad de Copenhague ha desarrollado durante los últimos años una estrategia de adaptación al cambio climático basada en combinar infraestructura tradicional con soluciones verdes y azules. El objetivo es evitar que toda el agua de las precipitaciones tenga que ser conducida inmediatamente hacia el sistema convencional de alcantarillado.

En este contexto, Grønningen-Bispeparken no fue concebido simplemente como una zona verde decorativa. El parque funciona simultáneamente como espacio público, área de biodiversidad y sistema de gestión del agua.

18 bioswales para controlar el agua de lluvia

Uno de los elementos centrales del proyecto son 18 bioswales, que pueden entenderse como zanjas o depresiones vegetadas diseñadas para recoger, ralentizar, almacenar temporalmente e infiltrar el agua.

Según la documentación del proyecto, este sistema puede gestionar más de 3.000 metros cúbicos de agua de lluvia procedente del propio parque y de espacios próximos, incluidos patios y calles.

La idea es relativamente sencilla, pero representa un cambio importante en la manera de diseñar las ciudades. En lugar de considerar el agua de lluvia únicamente como un residuo que debe desaparecer rápidamente por las alcantarillas, el paisaje se convierte en parte de la infraestructura hidráulica.

Cuando llueve, las depresiones y canales del parque reciben el agua y permiten que esta avance de manera controlada. Cuando el tiempo está seco, esos mismos espacios dejan de parecer infraestructura hidráulica y funcionan como lugares para caminar, sentarse, jugar o reunirse.

Esta combinación es una de las características más interesantes del proyecto: un elemento que cumple una función técnica durante una tormenta también puede funcionar como espacio social durante el resto del tiempo.

Pavimentos permeables: una pieza más de la estrategia

Los senderos del parque también forman parte de esta lógica. El proyecto sustituyó los antiguos caminos de asfalto por materiales más cálidos y superficies permeables, incluyendo recorridos de grava y caminos construidos con piezas cerámicas amarillas.

Estos caminos serpentean entre las diferentes áreas del parque y, en algunos puntos, prácticamente se integran con la vegetación.

El uso de pavimentos permeables resulta relevante porque permite que una parte del agua atraviese la superficie en lugar de convertirse inmediatamente en escorrentía superficial. Sin embargo, es importante entender que el pavimento permeable por sí solo no convierte un espacio en un sistema contra inundaciones.

Su efectividad depende de factores como la composición de las capas inferiores, las características del suelo, la pendiente, el diseño del drenaje y el mantenimiento. Investigaciones realizadas en Copenhague han demostrado que los sistemas de pavimento permeable pueden reducir volúmenes de escorrentía y retrasar los picos de flujo, aunque su rendimiento puede disminuir considerablemente cuando se produce sedimentación y obstrucción de la superficie.

Por eso, Grønningen-Bispeparken debe entenderse como un sistema integral de infraestructura verde, donde los pavimentos forman parte de una estrategia más amplia que incluye depresiones vegetadas, suelo, árboles, vegetación y almacenamiento temporal.

Una respuesta a las lluvias extremas

El proyecto adquiere mayor relevancia cuando se observa dentro de la historia reciente de Copenhague.

La ciudad experimentó fuertes inundaciones provocadas por lluvias extraordinarias, particularmente a partir del episodio de 2011, que impulsó una transformación profunda de la planificación urbana y de las estrategias de adaptación climática.

Desde entonces, Copenhague ha desarrollado numerosos proyectos destinados a convertir parques, plazas y calles en elementos capaces de ayudar a gestionar el agua durante episodios de precipitaciones extremas.

Enghaveparken es otro ejemplo de esta estrategia. Tras su renovación, el parque fue diseñado para poder retener alrededor de 22.600 metros cúbicos de agua de lluvia, al mismo tiempo que incorporó espacios para actividades recreativas y experiencias relacionadas con la naturaleza.

El principio detrás de estos proyectos es el de una ciudad capaz de absorber, almacenar y conducir el agua de forma controlada, en lugar de depender exclusivamente de grandes tuberías y sistemas subterráneos.

El parque fue puesto a prueba pocos días después de su inauguración

Uno de los aspectos más llamativos de Grønningen-Bispeparken ocurrió poco después de su apertura.

El parque fue inaugurado el 31 de agosto de 2024 y, apenas cinco días después, una tormenta intensa afectó diferentes zonas de Copenhague, provocando inundaciones en importantes vías e infraestructuras.

Según la documentación publicada sobre el proyecto, mientras algunas zonas de la ciudad sufrieron los efectos de las fuertes precipitaciones, Grønningen-Bispeparken logró gestionar el agua para la que había sido diseñado y las viviendas e infraestructuras situadas alrededor del parque permanecieron protegidas.

Este episodio se convirtió en una demostración práctica del concepto detrás del proyecto: la lluvia puede ser integrada en el funcionamiento del espacio urbano en lugar de ser tratada únicamente como una amenaza.

No significa que un parque pueda eliminar por sí solo el riesgo de inundación de una ciudad. La adaptación climática de Copenhague depende de una red mucho más amplia de proyectos hidráulicos, espacios verdes, infraestructura subterránea y planificación urbana. Pero el caso demuestra cómo una intervención localizada puede contribuir a esa estrategia.

Más árboles y mayor biodiversidad

El agua no es el único problema que aborda el proyecto.

La intervención incorporó 149 árboles pertenecientes a 23 especies diferentes, además de más de cuatro millones de semillas de mezclas vegetales especialmente diseñadas.

La vegetación utiliza principalmente especies nativas, buscando incrementar la diversidad biológica del espacio y generar diferentes condiciones para plantas, insectos, aves y otros organismos.

El diseño también mantiene algunos árboles históricos existentes y los combina con nuevas plantaciones para crear un paisaje más variado.

Esto permite que el parque tenga funciones ambientales incluso cuando no está lloviendo. La vegetación proporciona sombra, genera hábitats y contribuye a convertir un área anteriormente dominada por un césped poco diverso en un ecosistema urbano más complejo.

Cinco paisajes dentro de un mismo parque

SLA dividió el espacio en diferentes tipos de ambientes, cada uno con funciones ambientales y sociales particulares.

Entre ellos están las Bio Oases, zonas húmedas donde la naturaleza y la fauna tienen un papel prioritario; espacios secos denominados Between the Trunks, destinados principalmente al juego y al descanso; los Common Lawns, áreas abiertas que pueden utilizarse para deportes, mercados y eventos; los Pocket Squares, pequeños espacios de encuentro ubicados entre los edificios; y los llamados Bunker Hills.

Estos últimos aprovechan antiguos búnkeres subterráneos relacionados con la historia de la zona y los integran en el nuevo paisaje.

La propuesta busca evitar la separación tradicional entre «infraestructura» y «espacio público». Una depresión puede almacenar agua, pero también convertirse en lugar de reunión. Un área vegetal puede funcionar como hábitat y, al mismo tiempo, proporcionar una experiencia recreativa. Un antiguo elemento militar puede convertirse en parte de un espacio comunitario.

El legado de C. Th. Sørensen

El proyecto tampoco parte completamente desde cero.

El paisaje original de la zona había sido diseñado bajo la influencia del reconocido paisajista danés C. Th. Sørensen, cuya concepción de los espacios verdes buscaba integrar naturaleza y vida cotidiana.

SLA tomó algunos de esos principios y los reinterpretó para responder a los problemas actuales de la ciudad.

Uno de los elementos que se conserva es la relación visual con la iglesia de Grundtvig, un importante referente arquitectónico situado cerca del parque. Los nuevos árboles y elementos paisajísticos fueron organizados de manera que las visuales hacia el edificio se mantuvieran.

Así, el proyecto no solamente incorpora nuevas tecnologías de adaptación climática, sino que intenta conservar parte de la identidad histórica del lugar.

La lluvia como parte de la experiencia urbana

Una de las ideas más interesantes de Grønningen-Bispeparken es que la infraestructura climática no está escondida.

En muchas ciudades, los sistemas destinados a controlar las aguas pluviales permanecen bajo tierra y son prácticamente invisibles para los ciudadanos. Aquí sucede lo contrario: las depresiones, canales, jardines y cambios de nivel forman parte del paisaje cotidiano.

Durante un día seco, los espacios pueden utilizarse para caminar o reunirse. Durante una lluvia fuerte, esos mismos espacios cambian temporalmente de función y se convierten en zonas de almacenamiento y conducción del agua.

Esta filosofía coincide con el concepto de «ciudad esponja», una aproximación al urbanismo que busca que los espacios urbanos sean capaces de retener y gestionar el agua mediante una combinación de vegetación, suelos, superficies permeables, humedales, jardines de lluvia y otras soluciones basadas en la naturaleza. Copenhague ha desarrollado este enfoque como parte de su estrategia de adaptación a los episodios de lluvias intensas.

Un modelo que puede inspirar a otras ciudades

El interés internacional de Grønningen-Bispeparken no está necesariamente en su tamaño, sino en la cantidad de funciones que consigue reunir en un espacio relativamente compacto.

El proyecto demuestra que la adaptación climática no tiene por qué significar únicamente construir grandes obras de ingeniería. También puede consistir en rediseñar parques, calles, plazas y zonas residenciales para que desempeñen funciones ambientales.

Copenhague lleva años experimentando con este enfoque. Otros proyectos de la ciudad han incorporado jardines de lluvia, depresiones de almacenamiento, canales superficiales, pavimentos permeables y vegetación para reducir la presión sobre los sistemas convencionales de drenaje.

La investigación realizada en la propia capital danesa también respalda el interés por estas tecnologías: los pavimentos permeables pueden ofrecer una capacidad hidráulica significativa y contribuir a la gestión de las aguas pluviales, aunque necesitan diseños adecuados y mantenimiento periódico para conservar su rendimiento.

¿Es realmente «el parque lineal con pavimento permeable más extenso de Europa»?

Aquí es importante separar el atractivo de un titular de los datos comprobables.

No se ha encontrado una fuente fiable que certifique que Grønningen-Bispeparken sea el parque lineal urbano con pavimento permeable más extenso de Europa. Las fuentes disponibles lo identifican como un parque climático de 20.000 m², con senderos de superficies permeables y 18 sistemas de bioswales destinados a gestionar más de 3.000 m³ de agua.

Tampoco es estrictamente adecuado describirlo como un «parque lineal» en el sentido tradicional del término. Su diseño se organiza como un conjunto de diferentes espacios verdes conectados por senderos sinuosos, integrado dentro de un conjunto residencial de Nordvest.

Por ello, la formulación más rigurosa es hablar de un nuevo parque climático y de adaptación urbana de Copenhague que incorpora pavimentos permeables e infraestructura verde para gestionar el agua de lluvia.

Un cambio de paradigma para el urbanismo

Más allá de las cifras, Grønningen-Bispeparken representa una tendencia que está ganando fuerza en diferentes ciudades europeas: diseñar los espacios urbanos pensando simultáneamente en las personas y en los procesos naturales.

La pregunta ya no es solamente cómo sacar rápidamente el agua de una ciudad, sino dónde puede almacenarse temporalmente, cómo puede infiltrarse, cómo puede aprovecharse la vegetación y cómo puede integrarse todo ello en espacios que sigan siendo útiles para la población.

En Copenhague, esa filosofía está vinculada a una estrategia de adaptación climática mucho más amplia. El caso de Grønningen-Bispeparken demuestra que un parque puede funcionar como espacio recreativo durante un día normal y como infraestructura de gestión de agua durante una tormenta.

Y precisamente ahí reside su mayor valor: la sostenibilidad deja de ser un elemento añadido al diseño urbano y pasa a formar parte de la función principal del espacio público.

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