Los organismos internacionales advierten que la presencia de minas antipersonal y otros artefactos explosivos continúa representando una de las principales amenazas para las comunidades que habitan territorios afectados por conflictos armados. Los informes más recientes coinciden en que acelerar las labores de desminado humanitario es una prioridad para proteger a la población civil y facilitar el retorno seguro de miles de familias.
La amenaza de las minas sigue presente años después de los combates
Aunque en numerosos países los enfrentamientos armados han disminuido o incluso terminado, las minas antipersonal, los restos explosivos de guerra y los artefactos explosivos improvisados permanecen enterrados durante años, convirtiéndose en un riesgo permanente para civiles, campesinos, niños y trabajadores humanitarios.
De acuerdo con el más reciente Landmine Monitor, publicación considerada una de las principales referencias internacionales sobre la problemática de las minas terrestres, millones de personas continúan viviendo en zonas contaminadas por explosivos en diferentes regiones del mundo, mientras que la remoción de estos dispositivos avanza a un ritmo inferior al necesario para eliminar completamente el peligro.
Especialistas recuerdan que una mina puede permanecer activa durante décadas, incluso después de que el conflicto haya terminado, afectando la seguridad, el desarrollo económico y el acceso a servicios básicos.
Organismos internacionales piden acelerar el desminado humanitario
Diversos organismos humanitarios han reiterado durante los últimos años que el desminado no solo consiste en retirar explosivos del terreno.
Su objetivo principal es proteger la vida de la población civil, recuperar tierras agrícolas, permitir el regreso de comunidades desplazadas y facilitar la construcción de infraestructura como escuelas, hospitales y carreteras.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha advertido que el incremento del uso de artefactos explosivos en varios conflictos ha elevado considerablemente los riesgos para las comunidades, por lo que insiste en fortalecer las operaciones de desminado y las campañas de educación sobre el riesgo de minas.
Los expertos sostienen que cada terreno despejado representa una reducción directa del riesgo para miles de personas.
Colombia continúa siendo uno de los países más afectados
Uno de los casos que mayor atención recibe por parte de la comunidad internacional es Colombia.
Durante décadas, el conflicto armado dejó extensas zonas rurales contaminadas por minas antipersonal y otros explosivos, especialmente en departamentos donde históricamente existieron enfrentamientos entre grupos armados ilegales y la Fuerza Pública.
Los informes recientes del CICR indican que durante 2025 la situación humanitaria alcanzó su nivel más crítico en una década, con un incremento significativo de personas heridas o fallecidas por artefactos explosivos, la mayoría civiles. El organismo documentó 965 víctimas relacionadas con explosivos durante ese año, una cifra superior a la registrada anteriormente.
Entre las regiones donde históricamente se han presentado mayores riesgos figuran Cauca, Nariño, Antioquia, Norte de Santander, Chocó y otras zonas rurales donde persisten disputas entre actores armados.
El impacto va mucho más allá de las víctimas
Los efectos de las minas no se limitan a los accidentes.
Las organizaciones internacionales explican que estos artefactos generan múltiples consecuencias sociales y económicas:
- Restringen el acceso a cultivos y tierras productivas.
- Impiden el retorno de familias desplazadas.
- Dificultan la construcción de infraestructura pública.
- Limitan el acceso a escuelas y centros de salud.
- Incrementan los costos de proyectos de desarrollo rural.
- Mantienen el temor constante entre las comunidades.
Por esta razón, el desminado humanitario es considerado una herramienta fundamental para la recuperación de territorios afectados por la violencia.
Educación y prevención también son fundamentales
Además de retirar explosivos, los programas humanitarios incluyen campañas educativas dirigidas a comunidades rurales.
Estas iniciativas enseñan a identificar señales de peligro, evitar manipular objetos sospechosos y reportar cualquier hallazgo a las autoridades competentes.
La prevención resulta especialmente importante para niños, agricultores, líderes comunitarios y personas que desarrollan actividades en áreas rurales donde históricamente existieron enfrentamientos armados.
El financiamiento sigue siendo un desafío
Pese a la importancia del desminado, organismos internacionales advierten que los recursos económicos destinados a estas operaciones continúan siendo insuficientes frente a la magnitud del problema.
El Landmine Monitor señala que la cooperación internacional continúa siendo esencial para financiar equipos especializados, tecnología de detección, capacitación de personal y programas de asistencia para víctimas.
La reducción de recursos podría retrasar la liberación de nuevos territorios y prolongar el riesgo para miles de habitantes.
Una tarea indispensable para consolidar la seguridad
Especialistas coinciden en que retirar las minas es un paso indispensable para consolidar procesos de paz y desarrollo.
La recuperación efectiva de un territorio no depende únicamente del cese de los enfrentamientos, sino también de garantizar que las comunidades puedan transitar, cultivar, estudiar y trabajar sin temor a encontrar un artefacto explosivo oculto.
Por ello, los informes internacionales insisten en que acelerar el desminado humanitario, fortalecer la cooperación entre gobiernos y organizaciones especializadas y mantener programas permanentes de educación sobre el riesgo de minas son acciones fundamentales para reducir las consecuencias humanitarias de los conflictos armados.




