Otamendi llegó como el líder que River necesitaba y se encontró con una noche para olvidar desde el primer partido
Nicolás Otamendi completó uno de los regresos más esperados del fútbol argentino en los últimos años: el defensor campeón del mundo con Argentina en Qatar 2022 y en el Mundial 2026 volvió al fútbol de su país para cerrar su carrera en River Plate, el club que lo formó y donde comenzó su historia profesional antes de ir al Manchester City, Valencia, Benfica y la selección argentina. El debut ante Barracas Central en el Monumental tuvo todos los ingredientes para ser una noche histórica pero el resultado convirtió la presentación en una frustración colectiva que el propio Otamendi no pudo disimular. El defensor de 38 años jugó los 90 minutos con la seriedad y el compromiso que lo caracterizan pero no pudo evitar la derrota y al final del partido estalló reclamando dos penales no cobrados por el árbitro Arasa.
La imagen más recordada del debut de Otamendi no fue una jugada defensiva sino su reacción al pitazo final: el campeón del mundo diciéndole a la prensa que perdieron por una jugada de mierda y reclamando con indignación el penal que el árbitro no cobró. Una reacción que refleja el carácter competitivo del jugador pero que también revela la frustración de un hombre que llegó a River con la ilusión de ganar títulos y que en su primer partido ya se encontró con la realidad de un equipo en crisis. Otamendi tiene la experiencia y el liderazgo para ayudar a River a salir de ese pozo, pero necesita que el equipo a su alrededor encuentre el nivel que justifique su presencia porque el mejor defensor del mundo no puede ganar partidos solo.



