Un estudio internacional advirtió que cerca de 10.000 virus con potencial para pasar de animales a seres humanos podrían convertirse en una amenaza creciente debido a los efectos del cambio climático, la destrucción de ecosistemas y el aumento de la movilidad global.
Los investigadores explican que el calentamiento del planeta está modificando los hábitats naturales, obligando a numerosas especies silvestres a desplazarse hacia nuevas regiones. Estos movimientos incrementan el contacto entre animales que antes no convivían y, al mismo tiempo, acercan la fauna silvestre a las poblaciones humanas, favoreciendo el intercambio de virus y aumentando las posibilidades de que algunos logren adaptarse a las personas.
El fenómeno se ve reforzado por la globalización, que facilita el transporte de personas, mercancías y animales a gran velocidad entre continentes. De esta manera, un patógeno emergente puede propagarse internacionalmente en muy poco tiempo, como ocurrió con la pandemia de COVID-19.
Los expertos sostienen que la prevención debe centrarse en fortalecer la vigilancia epidemiológica, proteger la biodiversidad y reducir la degradación de los ecosistemas. También consideran esencial mejorar la cooperación internacional para detectar de forma temprana enfermedades emergentes y responder con rapidez ante posibles brotes.
La investigación concluye que reducir las emisiones responsables del cambio climático y conservar los hábitats naturales no solo beneficia al medio ambiente, sino que también representa una estrategia clave para disminuir el riesgo de futuras pandemias y proteger la salud de la población mundial.




