Ha transcurrido un mes desde que dos poderosos terremotos en Venezuela devastaron gran parte de la costa norte del país, especialmente el estado de La Guaira, dejando miles de muertos, heridos y desaparecidos. Sin embargo, para cientos de familias la tragedia sigue lejos de terminar: continúan removiendo escombros con la esperanza de encontrar los restos de sus seres queridos y poder darles una despedida digna.
Uno de los testimonios que mejor refleja el dolor de esta tragedia es el de Víctor Calderón, un pescador de 49 años que perdió a 26 integrantes de su familia cuando el complejo habitacional donde vivían colapsó durante los sismos.
«Todavía no he llorado por ellos. No lo haré hasta encontrar a los últimos que faltan«, aseguró mientras participa diariamente en las labores de búsqueda en Caraballeda, considerada la zona cero del desastre.
El peor día de su vida ocurrió mientras estaba en el mar
El día en que ocurrieron los terremotos, Víctor llevaba casi tres semanas pescando mar adentro. La noticia del desastre le llegó por radio: el edificio donde residía toda su familia había desaparecido bajo los escombros.
Al regresar a tierra encontró un panorama devastador.
Entre las víctimas se encuentran hermanas, sobrinos, sobrinos-nietos y numerosos primos, cuyas edades iban desde los dos años hasta personas mayores de 70 años.
Solo su hija y su nieta lograron sobrevivir.
Actualmente ambos viven en una tienda de campaña instalada sobre un antiguo campo de golf, convertido en refugio temporal para cientos de damnificados.
Más de 5.300 fallecidos y miles de desaparecidos
De acuerdo con los balances oficiales publicados durante el primer mes tras la tragedia, los terremotos en Venezuela han dejado:
- Más de 5.300 personas fallecidas.
- Más de 16.500 heridos.
- Decenas de miles de desplazados.
- Un número indeterminado de desaparecidos, ya que el Gobierno no ha ofrecido una cifra oficial.
Las autoridades continúan actualizando el número de víctimas conforme avanzan las labores de recuperación de cuerpos.
Sin embargo, organizaciones humanitarias y familiares consideran que la cifra real de desaparecidos podría ser mucho mayor.
Las búsquedas continúan, aunque la ayuda internacional disminuye
Durante las primeras semanas posteriores al desastre llegaron brigadas internacionales especializadas en rescate urbano.
No obstante, conforme pasaron los días, gran parte de esos equipos regresaron a sus países.
Eso ha obligado a muchas familias a continuar la búsqueda prácticamente por cuenta propia.
En numerosos edificios colapsados son los propios vecinos quienes remueven concreto, hierro y escombros utilizando herramientas improvisadas con la esperanza de localizar a sus familiares.
Historias que siguen rompiendo el corazón
Otra de las historias recogidas durante las labores de búsqueda es la de Laura Barrios.
Su cuñado permanece atrapado bajo los restos de un edificio en Catia La Mar.
Pocos días antes fueron recuperados los cuerpos de su cuñada y de dos pequeños de apenas 10 y 3 años.
Laura denuncia que la maquinaria pesada fue retirada antes de finalizar completamente las excavaciones.
«¿Qué más podemos decir que estos escombros no nos digan ya?», expresó mientras observaba juguetes, ropa y objetos personales aún enterrados bajo toneladas de concreto.
Crecen las críticas contra las autoridades
Además del dolor, entre muchos sobrevivientes aumenta la indignación.
Habitantes de los complejos residenciales destruidos cuestionan cómo varios edificios colapsaron casi por completo mientras otras construcciones cercanas permanecieron en pie.
Las familias exigen investigaciones que determinen si existieron fallas estructurales, negligencia en las inspecciones o incumplimientos en las normas de construcción.
Por ahora, las autoridades sostienen que la magnitud excepcional de los sismos fue el principal factor detrás del colapso de numerosas edificaciones, aunque continúan las evaluaciones técnicas.
Una crisis humanitaria que continúa
Más allá de las cifras oficiales, la tragedia ha dejado miles de personas viviendo en refugios improvisados.
Muchas dependen diariamente de organizaciones humanitarias para acceder a alimentos, agua potable y atención médica.
Las necesidades también incluyen apoyo psicológico para quienes perdieron familiares, viviendas o continúan esperando noticias de personas desaparecidas.
Mientras tanto, la reconstrucción de las zonas más afectadas apenas comienza y expertos advierten que podría tomar varios años.
La esperanza no desaparece
Aunque las posibilidades de encontrar sobrevivientes son prácticamente inexistentes un mes después de los terremotos, muchas familias aseguran que seguirán buscando.
No lo hacen esperando un milagro, sino con el deseo de recuperar los restos de sus seres queridos para ofrecerles una sepultura digna.
Para personas como Víctor Calderón, la búsqueda representa la única forma de cerrar una herida que aún permanece abierta.
Como él mismo resume:
«No lloraré hasta encontrar a todos.»



