Lanús va a Cusco con el título en la mira y el hambre de quien sabe lo que cuesta ganar una Sudamericana
El Granate parte como amplio favorito para cerrar la serie en el Estadio Inca Garcilaso de la Vega el miércoles 29 de julio, y con razón: dos goles de ventaja, la experiencia de haber ganado el torneo el año pasado y la solidez que demostró anoche resistiendo con diez hombres durante media hora son argumentos más que suficientes para confiar en la clasificación. Mauricio Pellegrino ya habló con sus jugadores sobre el desafío de la altura en Cusco y el equipo comenzará a aclimatarse días antes del partido, sabiendo que los 3400 metros sobre el nivel del mar son el mayor peligro que enfrenta la serie más que el propio Cienciano.
Lo que motiva al Granate más allá de la clasificación es la perspectiva de lo que viene en octavos: enfrentar a Botafogo, el campeón de la Copa Libertadores 2024, sería el duelo más atractivo del torneo y la prueba de fuego definitiva para saber si Lanús tiene la capacidad de retener la Sudamericana ante un rival de máximo nivel continental. Ningún equipo había ganado dos Copas Sudamericanas consecutivas desde los tiempos de Estudiantes en la era dorada del torneo, y esa estadística es exactamente la clase de reto histórico que alimenta la ambición de un vestuario que ya sabe lo que se siente levantar el trofeo en Asunción. El camino pasa primero por sobrevivir la altura de Cusco, y Lanús llega a esa cita con los argumentos necesarios para cerrar la serie y seguir soñando con la gloria continental.




