Actualmente cada vez son más las personas que asumen un rol activo en el cuidado de su salud, por eso, el acceso a información confiable se ha convertido en una prioridad y, al mismo tiempo, uno de los principales desafíos del autocuidado. El 88% de las personas cuenta con alguna forma de rutina de autocuidado, y el 40% la mantiene principalmente para protegerse de daños a largo plazo, mientras que una proporción creciente la asocia con longevidad, bienestar emocional y prevención. Así lo revela el estudio A New View of Care, de Kenvue.
La tendencia general es que, a medida que el interés por el autocuidado crece, también aumenta la oferta de contenido sobre salud en plataformas digitales,. Hoy además de decidir qué hábitos adoptar o qué productos usar, las personas también tienen que evaluar si la oferta de información que consultan cuenta con suficiente respaldo.
“La democratización de la información no puede ser sinónimo de desinformación. Cuando una persona elige un hábito o un producto de salud a ciegas, basándose en un video viral o en tendencias de redes sociales, estamos fallando como ecosistema. La evidencia científica y los profesionales de la salud no deberían ser un complemento opcional, sino el un punto de partida seguro para el autocuidado como herramienta prevención”, señala Gustavo Ledesma, Director de Asuntos Corporativos LATAM North-to-South de Kenvue.
De hecho, según Kenvue, el 14% de los consumidores se sienten abrumados por información contradictoria, mientras que otro 13% reconoce dificultades para encontrar orientación confiable sobre hábitos y productos para su cuidado personal. Parte de esta desconfianza se relaciona con las fuentes de información a las que las personas están recurriendo.
Otro hallazgo relevante de “A New View of Care” en este contexto es que cerca del 26% de los latinoamericanos confía en influenciadores o creadores de contenido para orientarse sobre cuidado personal, mientras que 32% delega esas decisiones a herramientas de inteligencia artificial generativa, una proporción superior a la de América del Norte y Europa. Estos datos no son necesariamente negativos, pero sí plantean una pregunta sumamente relevante para la región: ¿quién valida lo que esas fuentes recomiendan?
En este sentido, Kenvue destaca que siete de cada diez consumidores expresan preocupación por la calidad de la información de bienestar que circula en plataformas digitales, ya sea por productos falsificados, beneficios no verificados, contenido sin respaldo científico o influenciadores que no revelan sus vínculos comerciales.
Esa responsabilidad, que actualmente recae de manera casi exclusiva en cada persona, es una oportunidad clave para los expertos, que podrían jugar un papel determinante a la hora de orientar las decisiones de autocuidado. En este sentido, el compromiso con un autocuidado basado en ciencia es fundamental.
“Ningún algoritmo, por avanzado que sea, puede reemplazar el criterio de un médico. Para Kenvue, el rol de los profesionales de la salud es indiscutible. Y su rol en este contexto es clave para traducir la información disponible y volverla accesible.. Su tarea es bajar la información, contrastarla con la ciencia y darle a las personas la información correcta paraque sus rutinas realmente funcionen, sean seguras y ayuden a la prevención y a la creación de habitos saludables, explica Ledesma


