Chucho Martínez
Dicen que el poder corrompe a las personas, otros sostienen que el poder sólo devela la condición humana. Rousseau decía que el hombre nace bueno y la sociedad los corrompe.
El sometimiento de unas tribus a otras acabó con la armonía de la comunidad primitiva para dar paso al esclavismo y este al feudalismo que a su vez, le dio paso al capitalismo, siendo estos 3 modos de producción caracterizados por la diferenciación de clases sociales en permanente lucha por mantener privilegios de unas y por acceder a ellos, de otras. El gran problema de la sociedad es saber tramitar las contradicciones que por diferentes motivos se expresan en una sociedad en la que habitan personas con diferentes condiciones materiales y mentales.
Los países escandinavos no han resuelto sus contradicciones, pero conviven pacíficamente con ellas, por eso tienen los estándares de vida y cultura más altos del mundo. Japón también es ejemplo de cultura, tolerancia y respeto.
En Colombia, el país de la belleza, nos acostumbramos a todas las formas de violencia, entre humanos, entre estos y la naturaleza, de manera física, verbal o moral, cuyo objetivo es liquidar al otro, si no físicamente, al menos socialmente, para lo cual se usan con extrema facilidad las herramientas digitales que permiten desde el anonimato hacer sicariato moral para liquidar al opositor político o personal.
Esto ocurre cuando la civilización ha mejorado sus medios de comunicación que nos han acercado y alejado más que ayer. Pero las ambiciosas guerras siguen en Ucrania, Palestina e Irán entre otros sitios de conflicto bélico. Argentina, Bolivia, Ecuador y Chile se convulsionan por el poder, porque se está agotando la tolerancia.
En Colombia, si no se tramitan con respeto por la vida y las diferencias, estaremos asistiendo a un episodio más de la violencia política, que, por ahora, solo son amenazas verbales o escritas como las que he recibido en Facebook, solo por exponer con altura mi manera de pensar, como siempre lo he hecho.
Siempre nos falta cultura ciudadana y política para que sea la razón la que se imponga por las buenas y jamás por las malas.
“Democracia no solo es el reconocimiento de las mayorías, sino y especialmente, el respeto por la diferencia”, advertía el maestro Estanislao Zuleta.


