LA MALA EDUCACIÓN

Por: Ricardo Sarasty

Es común oír exigirles a las instituciones educativas en cualquiera de sus niveles que formen en principios y valores, como lo es también el de responsabilizar a los docentes que se desempeñan en ellas de todo cuanto pueda suceder en cualesquiera de los ámbitos que les corresponda atender: educación prescolar, básica primaria, básica secundaria, bachillerato y universitaria. Quienes voltean a ver hacia donde se encuentran los estudiantes con sus profesores, cada vez que acontece un percance con niños o jóvenes, lo hacen convencidos de que educación en valores y principios solo es competencia de la institución educativa y ponen aun lado a la  familia y a las demás instituciones del orden público y privado que de manera directa o indirecta inciden también en la formación de patrones de conducta y criterios socioculturales que terminan generando un prototipo de ciudadano. Por esta razón es que se puede asegurar que leyes como: la 2503 del 2025 y la 2383 del 2024 no pueden ser sino el producto de la necesidad de descargar sobre  espaldas ajenas, como las de la institución educativa, unas funciones que en primera instancia les corresponde a las personas con las que más tiempo convive la niñez y la juventud, pues en la escuela solo permanecen 6 horas por día, de lunes a viernes, durante 10 meses o sea mal sumadas, descontando los festivos y las vacaciones, cerca de 1100 horas. Mientras que por fuera de la escolaridad un niño y una niña vive 6 mil cuarenta y ocho horas.

El cuerpo legislativo aprueba las Leyes 2383 de 2024 y 2491 de 2025 para crear y reglamentar la catedra socio emocional, la que según reza en el contenido de la norma debe tener carácter de componente obligatorio en los PEI, por lo que en todas las instituciones educativas del país debe de dictarse desde preescolar hasta el grado 11. La catedra tiene como fin único el de formar de manera integral desarrollando empatía, resiliencia y capacidad para construir relaciones saludables. Propósito ambicioso, pero quizá así debió de ser pensada la norma, si lo que se pretende con ella es atacar un factor de descomposición social como pue ser el socio emocional, ante todo en los casos de violencia por intolerancia, evidente en un numero grande entre todos los reportados a diario. No obstante, debería volverse a preguntar por las causas que están en la raíz de cuanto se da a conocer y nombrar como educación socio emocional: ¿Qué es lo que la sostiene como catedra? Según se puede deducir de la redacción de la ley lo que se pretende lograr mediante el contenido de la catedra de educación socio emocional es desarrollar en los niños y las niñas la capacidad de comprender y compartir con los demás integrantes de la sociedad, solo que esta capacidad es inherente a la vida en familia primero, luego a la interacción con grupos de personas cercanas a ella y por ultimo a las actividades propias de la escuela. Solo que el niño y la niña deberían llegar con la predisposición, al menos, a compartir e interactuar con el otro, que además es el principio base de la comunicación que es lo que caracteriza al ser humano.

Pero dirán muchos que estas generaciones de nuevos ciudadanos crecieron y crecerán sin familias, por lo que se hace necesario otorgarles a otras entidades las funciones que la familia debía de cumplir, y la institución escolar es la más indicada para reemplazar a padre y madre. Aunque sí reconocen la ausencia de afecto y comunicación efectiva, lo justifican con el modelo de familia que les tocó. Sin que ante la problemática relacionada con este modelo de familia nadie revise nada, pues se explica   porque son los tiempos de la inteligencia artificial.  

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest