Junior de Barranquilla volvió a escribir una página dorada en su historia al proclamarse campeón de la Liga I-2026. El conjunto rojiblanco logró administrar la amplia ventaja obtenida en el encuentro de ida y, pese a perder 1-0 frente a Atlético Nacional en el estadio Atanasio Girardot, levantó el trofeo gracias al marcador global de 3-1 que le otorgó su estrella número 12.
La escuadra barranquillera construyó el título desde el primer compromiso disputado en el estadio Romelio Martínez, donde ofreció una exhibición futbolística que terminó con una contundente victoria por 3-0. Esa diferencia fue determinante para afrontar la revancha en Medellín con mayor tranquilidad y con una estrategia enfocada en proteger la ventaja.
Junior fue un campeón sólido, regular y efectivo. Pocas veces un equipo había mostrado tanta superioridad en una final reciente del fútbol colombiano. Los hinchas suelen afirmar que los títulos tienen más valor cuando se consiguen sufriendo, pero esta vez el conjunto “Tiburón” vivió una historia diferente, marcada por el dominio, la confianza y la contundencia.
Presión ‘Verdolaga’
Como era de esperarse, Atlético Nacional salió decidido a buscar la remontada desde los primeros minutos. El cuadro antioqueño asumió el protagonismo, adelantó sus líneas y convirtió el campo rival en su territorio. Apenas transcurrían tres minutos cuando un centro de Rengifo generó la primera aproximación de peligro, aunque la jugada terminó invalidada.
La presión verdolaga fue constante durante toda la primera mitad. Sin embargo, la fortuna también suele acompañar a los campeones y Junior encontró en los palos a sus mejores aliados. Primero fue Milton Casco quien estuvo cerca de abrir el marcador con un remate que se estrelló en el vertical. Más adelante, un potente cobro de tiro libre de Alfredo Morelos volvió a sacudir el arco barranquillero, pero nuevamente el poste evitó la caída de la portería visitante.
A pesar del amplio dominio territorial de Nacional, las estadísticas reflejaron una realidad distinta. El equipo antioqueño remató en numerosas ocasiones, pero careció de precisión. De los 14 disparos realizados en la primera parte, apenas uno tuvo dirección de arco. Junior, por su parte, apostó por la inteligencia táctica, defendió con orden y evitó asumir riesgos innecesarios.
Parte complementaria
La emoción llegó en el segundo tiempo. Atlético Nacional encontró el premio a su insistencia cuando Edwin Cardona, uno de los hombres más influyentes del complemento, aprovechó un centro de Sarmiento para definir con calidad y establecer el 1-0 a los 55 minutos. El tanto renovó la ilusión de los aficionados locales y aumentó la tensión en la final.
Sin embargo, las polémicas también hicieron parte del espectáculo. Una acción entre Silveira y Morelos fue revisada por el VAR y posteriormente sancionada como penalti por el árbitro Betancur. La decisión generó controversia, pero el propio Morelos desperdició la oportunidad al fallar el cobro, manteniendo intactas las aspiraciones del Junior.
En los minutos finales volvió a aparecer el VAR en una jugada que generó intensos reclamos. Una presunta mano de Ángel dentro del área de Junior despertó la protesta de los jugadores y aficionados de Nacional, aunque el juez consideró que no existían elementos suficientes para señalar la infracción.
Festejo barranquillero
Con el paso de los minutos, el reloj se convirtió en el mejor aliado del conjunto barranquillero. El pitazo final desató la celebración de jugadores, cuerpo técnico e hinchada, que festejaron un nuevo campeonato construido con autoridad y convicción. Junior no solo defendió la ventaja obtenida en la ida, sino que ratificó ser el mejor equipo de la serie.
Además del bicampeonato, el título tuvo un significado especial para los rojiblancos, que sumaron su cuarto trofeo conquistado en el estadio Atanasio Girardot, una plaza que sigue quedando grabada entre los escenarios más memorables de su historia.



