Hay vidas que se miden en años, y hay vidas que se miden en las huellas imborrables que dejan en el mundo. Mañana domingo 7 de junio, la ciudad de Pasto se viste de fiesta y gratitud para celebrar el centenario de Doña Genoveva Córdoba Solarte, una mujer cuya existencia es el vivo reflejo de la tenacidad, el amor incondicional y la fuerza indomable de la mujer nariñense.
Nacida en la capital de Nariño el 7 de junio de 1926, Doña Genoveva cumple un siglo siendo el pilar fundamental de una familia que hoy se rinde en admiración ante ella. A lo largo de estos 100 años, ha sido una madre incansable, una emprendedora visionaria y, ante todo, una mujer constante que jamás permitió que la palabra «imposible» tuviera cabida en su diccionario.
Corazón de acero
Casada con Don Alejandro Suárez, Doña Genoveva demostró desde muy joven tener un corazón de acero y una visión que iba más allá de su tiempo. Fue una de las grandes colonizadoras del barrio El Calvario, sector donde se asentó y donde, con sus propias manos y determinación, levantó la casa que hasta el día de hoy habita y que sigue siendo el punto de encuentro de sus seres queridos.
Haciendo gala de una versatilidad admirable, fue costurera, cocinera experta y la consejera más sabia de su comunidad. Mientras el mundo dormía, ella ya estaba despierta, buscando con amor y sacrificio el sustento diario y asegurando una oportunidad de estudio para sus ocho hijos: Athala, Lolia, Mercedes, Luis Eduardo, Julio, Jorge, Armando y Marcos. A todos ellos les enseñó, con el ejemplo vivo, que el trabajo honesto y la fe inquebrantable son las únicas herramientas necesarias para vencer cualquier adversidad.
Doña Genoveva no fundó grandes corporaciones multinacionales, pero edificó algo mucho más valioso y duradero: fundó un hogar firme. De sus manos laboriosas salieron hombres y mujeres de bien que hoy, multiplicados en una hermosa descendencia de nietos, bisnietos y tataranietos, reconocen que todo lo que son se lo deben a su sacrificio.
Anécdotas memorables
A sus 100 años, el tiempo ha podido curvar su espalda, pero su espíritu permanece erguido y lúcido. Con una memoria prodigiosa que desafía los años, Doña Genoveva sigue recordando nombres, compartiendo anécdotas memorables, recitando poemas con el alma y entregando el consejo justo en el momento exacto. Su legado no está escrito en un frío libro de historia; está latiendo con fuerza en la sangre de cada uno de sus descendientes.
Para su numerosa familia, este centenario es la máxima bendición. Su nieto Daniel Torres Suárez, interpretando el sentir de toda la descendencia, expresó con profundo orgullo el significado de tenerla presente:
«Gracias, abuela Genoveva, por enseñarnos que una mujer emprendedora no es solo la que hace negocios, sino la que no deja caer a su familia. Eres nuestra raíz, nuestro orgullo y la prueba de que 100 años de vida bien vivida valen más que cualquier fortuna».
La historia de Doña Genoveva Córdoba Solarte es la crónica de un siglo de amor ininterrumpido. Pasto y su familia celebran hoy la vida de una verdadera heroína cotidiana; una mujer que demostró que el amor de madre es la fuerza más poderosa del universo.




